Cantico de combate de los Usulunis

La oscuridad me rodea e intenta oprimir mi corazón.
Mis enemigos gritan para quebrar mi templanza.
El fuego de sus ojos busca mi sangre caliente.
Mi alma parece sufrir ante sus crueles ataques.

Pero me hayo aquí rodeado de mis hermanos de armas,
mi espiritu se fortalece, mi alma se apresta a luchar.
mis armas vibran, mientras las empuño, exigiendo
la sangre negra de aquellos reclaman nuestras vidas.

No nos sentimos sólos, una presencia nos rodea,
son aquellos que añoramos, aquellos que estan lejos,
aquellas tumbas bajo cinco lanzas en la colina.
Todos los habitantes de Usulun estan con nosotros.

Y ante la posibilidad de encontrar aqui la muerte.
mi mente me hace recordar lugares mágicos.
Como las aguas milagrosas de un lugar sagrado,
guardado por siete piedras grabadas con espirales.

Mi corazón no  desfallece ante esta maldita oscuridad.
Desde mi pecho se abre camino un canto atronador,
mi brazo se fortalece y el cansancio se esfuma.
Por que si mi fin se acerca… que sea junto a mis amigos.

Sunthas(sólo):

Al caer,Usulunis, nos reuniremos otra vez,
junto a los camaradas caidos, en los salones de Varda.
Y la Victoria, compañeros, será al fin completa.

12. Badraught

Sólo los héroes son dueños de su propio destino y sólo aquellos con el corazón más noble son capaces de realizar gestas, de viajar por fríos páramos movidos tan sólo por la palabra.
Así los Usuluni guiados únicamente por la promesa que habían hecho a Dolin de Zarak Dum tomaron de nuevo sus armas y partieron hacia el lejano puerto de Annon Baran donde la sombra del Calamidad aún se cernía sobre el puerto. Muchas las miradas y pocos fueron los comentarios, pero sobre todos ellos se paseó la sombra de los acontecimientos en el barco maldito. Viajando hacia el norte llegaron al pequeño pueblo de Badraught, un asentamiento sin apenas nombre y sin historia donde un año antes habían dado su promesa de volver.
Aquel frío día empezó sin nada más que el miedo reflejado en el rostro de los campesinos, cada otoño los bandidos robaban sus cosechas dejándolos con apenas lo suficiente para subsistir hasta el siguiente año, los pueblerinos pobres como ratas habían vendido su futuro confiando en que estos hombres darían buen fin a la penuria que los abatía.
La crónica de aquellos días que siguieron a la llegada de los hombres de Usûlun son guardados con celo en el archivo del pueblo pues se cuenta que con astucia y sigilo encontraron el campamento enemigo y combatieron contra hombres y bestias, terribles trolls llegados de las montañas pues estos mercenarios eran los secuaces del inmortal Ardagor, Señor de la Guerra de los tiempos antiguos que había sobrevivido a la caída de su antiguo amo en el norte y que, con taimada inteligencia, había pervivido hasta los tiempos modernos. Aquellos que lo servían no conocían la piedad así que espoleados por la sangre fácil se enfrentaron a los valientes pero, ¡ay!, ¿cuántas luchas han terminado con sólo los usuluni en pie? Así fue una vez más pero no es oro todo lo que reluce, no.
Uno de los principales servidores del Señor de la Guerra impulsaba con sus gritos y con la tormenta que lo seguía a los trolls y hombres y portaba un enorme martillo, forjado en algún profundo pozo de Creb Durga. En aquel combate, Sunthas Espinonegro fue derrotado completamente por primera vez, ni siquiera su escudo, defensa de Usûlun, pudo soportar los golpes de aquello surgido de las más antiguas montañas.
Fue sin duda una lucha aciaga, sangrienta y dura, como antes no habían visto. Cuando la criatura con el rostro cubierto de sangre cayó por los golpes de todos los hombres, no sólo había roto huesos, también había roto el espíritu de un luchador.

Sunthas Escudoquebrado no portaría el escudo de ahora en adelante.

11. El final de Tarek Nev

¿Qué puede hacer que los hombres luchen hasta la muerte por una mera idea, la convicción de servir a aquellos que tienen el poder? Cuanta sangre vertida en pos de un imposible, persiguiendo una pesadilla, la esquiva dama Ethudil. Aquella hechicera había dejado tras de si un camino regado de veneno, engaños y mentiras, de trampas hechas con hueso, sangre y acero. Enemigos con el alma negra como la noche, diestros con la espada y el escudo, fieles como a aquella mujer tanto como los usuluni a sus corazones.

Así los usuluni salieron por la puerta de Tarek Nev con suspicacia, mirando atrás y arriba esperando un nuevo y último ataque pero ni el portón rugió ni las estatuas los miraron con la mirada de trueno. Recogieron sus mochilas y cogieron sus armas apenas limpias de sangre ajena, habían registrado hasta el fondo las ruinas de la antaño orgullosa capital y con los sacos llenos y el ánimo decaido marcharon para no volver. Dejaron atrás los bosques y mientras descendían rio abajo atisbaron a lo lejos los altos mástiles del Ryasso, El Dragón Marino de los haradrim y corsarios.

“Ha vuelto”, musitó en voz bajo Forak, cansado. Los usuluni se arrastraron y montaron en las dos barcas que los llevaron al barco, abatidos subieron a cubierta e intercambiaron una mirada con Arcamcris que bastó para hacer saber al duro capitán que necesitaban la paz y el consuelo que concede la soledad.

Finalmente cuando a mitad de julio, en una hermosa mañana soleada y con el sol calentando su piel vieron las primeras granjas de Usulun y el Ringló serpenteaba entre las colinas bañando las acequias, la peste se había transformado en un recuerdo. Los primeros soldados saludaron a los cansados viajeros y cuando entraron al fin su nariz se llenó de los olores familiares, el pan recién hecho, la madera cortada, las especias traídas desde Dol Amroth; los rostros familiares, sus amigos y aliados los tomaron de las manos y mesaron sus cabellos y barbas.

Al fin en casa

Dol Amroth, y de la persecución de la Dama Ethudil

Dol Amroth

Dol Amroth

Aquellos días fueron frenéticos y la llegada del Escudero los hicieron más intensos pues se desentrañó que la Dama Ethudil había sido la causante de aquel mal y no sabían cuantos más, su brazo había sido largo y poderoso, su palabra la justa y su presencia tan intensa que no sólo había engañado a los viajeros, al Escudero y al Señor Spa, sino que el mismo Olorin había creído en sus palabras. Las visiones, los libros, los amigos, a todos y todo se consultó buscando el origen y razón de un odio tan duro y sordo pero no fue hasta que en Dol Amroth, Saerol el consejero del mismo príncipe Imrahil logró desenmarañar la terrible telaraña que la Dama Ethudil había tejido en la ciudad, pues supieron en aquella noche aciaga que Ethudil había sido y era parte de la Casa de Dor-En-Ernil y que en sus venas corría la misma sangre y vigor que por las del Príncipe y que su corazón se hizo oscuro como los abismos de Dol Guldur en una la noche en la que su esposo murió y la sombra cayó sobre ella.Así supieron que la Dama había despedido al servicio a su cargo y tomando un nuevo barco de su flota partió al sur hacía tierras lejanas, una península que traía presajios de días oscuros, sangre y acero, la península de Vamag en cuyo extremo se encontraba la capital de los Corsarios, Umbar.

En ese momento es cuando todos Adrahil el Montaraz, Sunthas Espinonegro, Gulthar Acierto Increible, Forak, Dolin de Zarak dum, y yo supimos que teníamos que buscarla y acabar con el peligro que acechaba a nuestras familias a nuestro poblado, asi que partimos hacia Dol Amroth donde pedimos audiencia con AMONDIL escudero del Principe, este nos contó como marchaban las investigaciones sobre la Dama Ethudil, tanto se había introducido en la corte y tanto había engañado que muchos habían pagado por ello un precio que tendrá que pagar con su alma,  para ello nos prestamos a partir en su persecución, a bordo de un barco flotado para tal menester.

En su persecución llegamos hasta  la península de Vamag, al filo sur de ella se encontraba la desembocadura de un río, con un islote en el meandro y una torre vigía, con aspecto extraño, desde el barco contemplamos un frondoso bosque con un aura que no presagiaba nada bueno y subiendo el río se distinguía en la lejanía una ciudad.  Desembarcamos,  con sigilo, como siempre (aunque todos sabéis que los maestros en ello son Adrahil, Gulthar y Sunthas, que tanto Forak como el Maestro Dolin y este vuestro interlocutor somos más bien algo ruidosos…), nos adentramos en silencio en el bosque, un bosque cerrado, en el que nuestros pasos poco podíamos  ocultar, pues era el único ruido que se escuchaba, la atmósfera que rodeaba al bosque nos empezó a parecer siniestra,. pues todos percatamos que no había animales, no lográbamos ver vida alguna que no fuera la vegetal,  ni siquiera aquellos que detectan con algo más que con sus sentidos lograban aclararnos donde estaba la vida en ese bosque, eso si cabe  más alerta no puso.

Cuando ya llevábamos un buen trecho en el bosque y colocados Adrahil, Gulthar y Sunthas en posiciones adelantadas alrededor de los tres mas lentos del grupo, detectaron movimientos furtivos hacia nosotros, rodeándonos, nos pusimos en máxima tensión puesto por los gestos de los nuestros que se dejaron ver, eran rápidos y no venían con buenas intenciones, prestos subimos a un árbol para tener una posición mas elevada, más no detectábamos nada a nuestro alrededor aunque sabíamos que estaban.

Tensos, asiendo nuestras armas, casi sin respirar para no hacer ningún ruido, oteando a nuestro alrededor, intentando percibir hasta el más mínimo susurro, el más leve movimiento en el follaje, una vibración en alguna sombra que nos diese la posición de nuestros atacantes,  así estuvimos menos de un minuto aunque nos pareció una eternidad, cuando sin previo aviso y antes de que nadie pudiera ni siquiera mover un musculo apareció de la nada un gran felino, de unas dimensiones grotescas que tomo por sorpresa al maestro Dolin y que de lo arrojo del árbol al suelo y le desgarro ya en él con sus patas,  y ademas  unas criaturas de tamaño infantil cubiertas con capas que mimetizaban el color del bosque que cubrían su rostro con mascaras de madera atacaron al resto de nosotros.

Mi decisión, fue visceral, no sabia si podría enfrentarme a ese ser descomunal, más no podía dejar indefenso al maestro Dolin,  así que me arroje sobre el felino con la esperanza de  poder con él, o al menos hacerlo soltar a su presa y ser capaz de aguantar sus ataques,  mientras, los demás luchaban contras las criaturas, que silenciosamente cayeron, tal como habían llegado, convirtiéndose en restos de polvo y quedando de ellas poco mas que sus capas y caretas, tras unos momentos mis compañeros rodearon al felino y dieron cuenta del mismo, mientras yo había resistido poco mas que su envite, tras esto decidimos retirarnos hacia la torre que encontramos en la desembocadura del río, y  tras rodearla, estudiando sus muros con detenimiento, buscando algo que nos indicara como entrar, fuimos incapaces de encontrar como hacerlo, por lo que saltamos el muro y nos introducimos en el patio interior, que estaba muy sucio y dejado.

Allí encontramos huellas de hombres que portaban armaduras y de un animal que bien podía ser el felino al que nos habíamos enfrentado, más tampoco encontramos ninguna forma de entrar,  así que decidimos escalarla, eso y lo que ocurrió a continuación sera lo que os cuente la próxima noche, dormid usûlunis y descansad que mañana tenéis que estar en forma para cumplir con vuestras obligaciones para Usûlun.

La colina de las lanzas.

El amanecer llega después de una fría noche, el sol calienta tímidamente la tierra dejando el  bello brillo del rocío sobre la húmeda tierra. El camino es poco sinuoso y esta bastante cuidado,  pero no es el camino el que llega al destino, sino quien lo anda paso a paso, algunos logran llegar, otros abandonan y no pocos perecen en el intento.

 Esta es la canción de cinco de ellos, este es el cántico de cinco usulunis, que defendiendo su tierra perecieron en el camino. No habra lagrimas ni sollozos, solo respeto, honor y verdad. Asi despiden  los hombres libres de Usûlun a sus caídos, no como reyes o plebeyos, sino como usulunis. Todos y cada uno de ellos se mostraran como son en realidad, sin mentiras ni engaños.

No hay lagrimas, no hay lloros…solo hay orgullo.

Ya se oyen….desde la distancia, por encima de los ruidos de la tierra, ya se acercan los primeros cinco caidos de Usûlun, una vez mas los usulunis emprenden la caravana, pero esta vez para dar sepultura a sus hombres.

Ocho pesadas botas de hierro abren la marcha, Talin, Galin, Dili y Dwäin. Todos portan crespones negros en largas picas de hierro plateado,  cinco son  los crespones negros en cada pica, ni mas ni menos, pues cinco fueron los primeros caídos de Usûlun. Las armaduras son plateadas, labradas con intrincados dibujos de runas , un broche en forma de martillo en plata mithril abrocha sus capas oscuras. Al ritmo de sus pisadas murmuran cánticos antiguos en la extraña lengua enana, sus voces roncas suenan de fondo, como el murmullo de la montaña.

A pocos metros va Dîn, líder de la comunidad enana. Su armadura es parecida a la de sus compañeros, plata sobre negro, como  las entrañas de la tierra. Lleva una capa de piel negra, con bordados en mithril, esta abrochada con un broche igual que el de sus hermanos. Con una hermosa voz entona cánticos de los antiguos funerales de reyes enanos, su voz grave  sigue el ritmo de las pisadas sordas de las  botas de hierro. No hay mas sonidos, no hay música de arpas o flautas, es solo el sonido de la lengua Kuzdul el que suena en el camino.

A continuación marchan miembros  del Consejo de Usûlun. Grajo, líder del consejo en el centro , lleva una armadura de cuero negro como la noche, en ella pueden verse las alas negras grabadas a fuego de un grajo, sobre ella una capa también negra sin adorno alguno, oculta su rostro tras una amplia capucha, su paso es firme. Ambas manos están apoyadas sobre dos dagas negras enfundadas. A su izquierda camina el anciano Aeghen , consejero de Grajo, lleva una túnica blanca anudada con un cinturón de plata y una capa también blanca, en el hombro derecho de la misma hay dibujado con hijo de plata una luna dentro de un sol. Su mano derecha descansa sobre un nudoso bastón, su paso es lento pero firme. Su joven aprendiz Pesc, con ropajes parecidos a los de su maestro le ayuda. A la derecha de Grajo va La Rosa, miembro del consejo, viste un jubón de cuero gastado pero engrasado bajo una túnica marrón. No lleva adorno ninguno. Se ayuda para caminar de un hermoso bastón tallado,como si una rama de arce se hubiera enroscado de forma caprichosa. Es Jarewyr, su sobrino y joven templario, quien con una oscura armadura completa, un escudo torre a la espalda y una capa negra como la noche , le ayuda a caminar. El único signo que lleva el joven templario es un bordado simple en el pecho de la capa, Siete estrellas rodean un árbol con extrañas vetas. Mientras que con la mano derecha ayuda en los tramos difíciles a su tío, con la enguantada mano izquierda agarra la empuñadura de una espada ancha.

Justo detrás camina Varak Tanuk, antiguo campeón de Varda. Una túnica gris, bajo una capa oscura es su única indumentaria, una larga hoja descansa dentro de una vaina sin ningún tipo de adorno. Agarrado de su mano derecha camina Calabdur, hijo de Grajo y Sunthas, a pesar de su corta edad camina erguido, con ropajes oscuros y sin adornos algunos.A su izquierda va Haedrec el montañés hijo adoptivo de Grajo y Sunthas,  lleva unas calzas de color azul brillante y un jubón naranja, una capa de marrón azulado lleva abrochada al cuello, el pelo lo lleva de punta y de color rojo intenso. La explosión de color de Haedrec contrasta con las tonalidades oscuras de la marcha.

Es Marendil Rhudainor, comandante de Usûlun quien camina detrás. Porta una armadura gris plateada, siete estrellas rodeando un árbol esta grabado en ella. Un yelmo alado cubre su cabeza, y una capa burdeos lo cubre. Va en representación de los demás miembros del Tirton. Ecnegar y Vilhelm se encuentran  a sus flancos, armaduras y capas grises portan. Sus escudos tienen el mismo grabado que su comandante. Y en sus manos derecha una larga pica, a media asta portan cinco crespones negros.

Forak, el mercenario, encabeza los cinco carros. Lleva una armadura  gastada pero pulida. No hay capa que cubra al semiorco, no la necesita. Una bota de vino junto a una espada ancha y un hacha de batalla se ven en su cinto. Porta con ambas manos una enorme pica plateada, como si fuese a usarla en cualquier momento. Forak camina solo, como camino hace tiempo.

Cinco carros van a continuación, miembros de cada familia van en ellos, en la caja, sobre un lecho de flores descansan los cinco caídos. Envueltos es finas mortajas de lino y algodón, las cajas de pino o abeto son para aquellos que no quieren ver, para aquellos que no verán mas un amanecer. Los usulunis entierran a los suyos con orgullo, que todos sepan quienes han caído por esta tierra, quienes dieron sus vidas por ellos. ningún familiar llora, todos con las cabezas altivas.

Escoltando los flancos van los Gulthariones y diez Guardias de Usûlun, todos impecables.

Detrás de toda la caravana va Sunthas Espinonegro, señor de Usûlun. Una gran capa negra oculta toda armadura, sobre esta un broche en forma de cruz como todo adorno. Un yelmo con una extraña sonrisa porta, un inmenso escudo torre tachonado con púas en su brazo izquierdo, una gran espada ancha enfundada en una gastada vaina de cuero descansa en su cadera derecha, en la izquierda una hermosa espada larga, azul como el hielo de la montaña, desprende un azulado halo. En su espalda sobresale un inmenso espadón nórdico. Camina con paso firme, embraza el escudo como si lo fuese a necesitar en cualquier momento.

Nadie mas va detrás, pero no están todos los que salieron de Usûlun , pues algunos otros caminos tomaron.

Tras casi una hora, la caravana llega a una pequeña colina, antes se han tenido que desviar y salir del camino del norte. Era una colina solitaria, como muchas otras pero fue elegida por Camlan, la tierra es antigua, ideal para los usulunis. Era una colina solitaria, pero a partir de este día, jamas volverá a estar sola.

La caravana se acerca, se ve encima de la colina dos figuras, una de un adulto y otra de un joven, son Camlan y Tirrin su joven aprendiz. Camlan lleva una túnica marrón como la tierra, un cinturón de   cuero  negro la sujeta, sus bordes están manchados y no lleva capa, lleva varias bolsitas amarradas a su cinturón. Tirria viste parecido, túnica marrón con cinturón también negro, y una capa verde oscuro descansa sobre sus hombros, a diferencia que su maestro, porta una espada corta en una hermosa vaina.

Cuando llegan los enanos al pie de la colina, cesan sus cantos y mientras la rodean clavan en la tierra las cinco picas con los crespones. El maestro alquimista Dîn baja el tono, ahora solo es un dulce murmullo que no cesara.

Algo se yergue a pocos metros de Camlan y Tirria, una figura completamente embozada. De una capa negra como la noche solo sobresale una rara ballesta con unos gruesos pivotes, mira a ambos lados, se yergue , baja la ballesta  y se quita la capucha, es Gulthar, el certero. Mira a Dîn y asiente, busca con al vista a Sunthas y vuelve a asentir. Permanece apartado, sin dejar de portar la ballesta.

La ceremonia es breve, los familiares escoltados por la Guardia Usulini depositan los cuerpos sobre unas tumbas ya excavadas, mientras Camlan murmura palabras en antiguas lenguas. Tirria ayuda  con los cuerpos. Dîn se encuentra apartado junto a sus hermanos enanos, sin dejar de cantar ese  dulce murmullo, quien sepa hablar el extraño idioma de los señores de las montañas sabrá que habla de héroes, de grandiosas batallas, del honor y de la verdad.

Sunthas permanece apartado también, junto con Dîn, Forak  y Gulthar forman un circulo, no habrá nadie que se acerque sin que lo sepan. Murmura extrañas plegarias, apenas audibles.

Gulthar es el primero que lo ve, un jinete permanece a poca distancia, no saben cuanto tiempo lleva ahí, lleva una capa marrón gastada y sucia, como si viniese de un largo camino.Lleva  una bella espada en su costado, un hermoso arco plateado sobre el costado de su caballo, al alcance de la mano. Su rostro denota una continua vigilancia, y mirando a Gulthar y después a Sunthas asiente. Musita unas palabras llevándose la mano a la frente, espolea su caballo y desaparece. Es Adrahil Belgaraz, montaraz del norte y amigo de Usûlun.

La ceremonia, si se pudiese llamar así, es breve. Una vez depositados todos los caídos, los familiares depositan flores, objetos personales , cartas …comparte con ellos esperanzas y sueños, y todos dicen un hasta pronto. Con pasos tristes vuelven a sus carros ya vacíos . Solo seis personas permanecen en la colina, Camlan, Tirrin , Gulthar, Forak,  Dîn y Sunthas. Hablan entre ellos en varios idiomas, y prometen que algún día volverán a estar juntos, todos los usulunis. Camlan asiente de nuevo, se arrodilla, pone una mano en la húmeda tierra y pronuncia unas palabras que solo conoce Tirria. De la tierra salen cinco raíces que se enredan en los mástiles de acero de las picas, subiendo sinuosamente hasta media altura, sin llegar a tocar los crespones, extrañas flores salen tímidamente, abriéndose poco a poco, campanillas, lagrimas del río, dientes de león, afilias….

Los héroes de Usûlun dejan la colina, y se unen a la caravana. Ni los usulunis ni la colina volverán a estar solitarios. Ahora descansan en un hermoso jardín, como lo es Usûlun, y a su alcance están sus cinco picas.

A lo lejos sobre una colina se yerguen cinco picas negras, forjadas por enanos y portadas por humanos.

Los vivos protegen a los muertos y los muertos protegen el lugar de los vivos.

Usûlun peligra(I)…


Sunthas al galope...

Sunthas al galope...

Era noche oscura, estábamos descansando, tras una largo y arduo día de camino,  desde que partiéramos de la maldita finca de los graben, donde dimos sepultura a los restos de la ultima capitana del Calamidad, que como ya contamos, tras no sin una fuerte sorpresa por parte de todos, descubrimos que era una criatura vil y de la oscuridad, durante unos momentos incluso sabiendo que es lo que era su muerte produjo cierta inquietud en todos, aunque creo que eso solo se debe a que seguimos siendo misericordiosos, y que aunque luchemos ardorosamente contra la oscuridad hay momentos que nuestros corazones, aun siguen sintiendo dolor por todo lo que vemos en esa lucha, pero como ya os describimos, fue un soplo que desapareció rápido, pues todos sabemos que la mano de Sunthas es guiada por la Verdad y la Luz de Varda, que nada se equivoca en esos juicios.

Dormían con nosotros dos viajeros, recién incorporados a nuestra comitiva, que increíblemente nos andaban buscando, un anciano y un joven, ambos con vestidos gastados y con aspecto de viajeros harapientos que venían de una aldea maltratada por unos asaltantes, y que extrañamente habían sido mandados a por nosotros por un anciano de su aldea, decidimos que ayudaríamos a la aldea y nos informaríamos como sabia de nosotros el anciano.

Entonces, ocurrió, fue Sunthas el que más sufrió, pues no solo sintió el calor como yo de los medallones que nos unen a Usûlun y a nuestros seres amados, sino que al usar sus poderes, vio como una gran sombra maléfica atacaba Usûlun. Nos comunico lo que vio y salio al galope con caballos para reponer cuando el que llevaba estubiera cansado camino del Calamidad, sin mirar atrás, raudo como el viento, obsesionado con su visión y el peligro que corría Usûlun, los demás hicimos lo mismo, no sin antes, comunicar a nuestros nuevos conocidos que se llevaran el carromato con las cosas y que volveríamos a ayudarlos cuando pudiéramos.

Tras horas de galopar, llegamos al mar y contratamos un bote para ir a la isla donde recabamos la ayuda de los sirvientes de la señora para recuperar el Calamidad, que era de sus propiedad y nos ayudaron a partir hacia Usûlun en el otro barco que tenían, ya en el barco, sabiamos que que Usûlun estaba a salvo momentaneamente pues Sunthas tubo otra visión y vio como el peligro había sido abatido, pero el peligro era enorme y no podíamos dejarlo pasar, teníamos que ir y solucionar aquello.

Tras un viaje, tranquilo y desesperante por el mar, y un arduo cabalgar llegamos a las puertas de Usûlun, ya sabéis lo que vimos, estabais aquí, vimos las 5 lapidas en la entrada recordando a aquellos que cayeron, vimos los restos de la destrucción provocada por aquella criatura, y nos recibieron con alegria por nuestra llegada pero con la mirada de pesadumbre por los hechos vividos….

Fue de noche cuando esa criatura ataco y dejo cinco  cadáveres de valerosos usûlunis  que intentaron proteger el pueblo, la desesperación que provoco esa enorme masa de oscuridad sobrevolando el pueblo, desgarraba la voz que salia de las gargantas que lo comunicaban, era un dolor insoportable, el vivir tal experiencia con la impotencia de no haber podido evitarla dolía más que mil golpes en la batalla,  tras quemar techos y paredes, y grandes esfuerzos para intentar dañarla , parecía que todo estaba perdido, cuando entro en acción a  caballo nuestro noble caballero portando su gran espada y atacando como solía hacer en su juventud ataco cara a cara a la criatura a la que empalo con su arma, esta recibió un tajo mortal, que le hizo caer al suelo donde solo dejo unos restos negros, para recordar el negro hedor de su malignidad y la podredumbre que había provocado.

Sunthas estuvo unos días estudiando de donde procedían estas criaturas preguntándole a Varda a través de las comunicaciones que mantenía con su poder de templario, los demás hicimos lo propio usando nuestras habilidades, desde los que rastrearon la zona, hasta los que leyeron libros y tratados…

Con lo que encontramos supimos que era un Vampiro y que el poder que lo atrajo a nosotros provenía de la Dama Ethudil así que partimos hacia DOL AMROTH para hablar con AMONDIL Escudero del Principe….

El Escudo Quebrado.

 

El terrible golpe…aun lo noto, aun veo como los enormes brazos alzan el martillo en su mortal arco y descarga sobre mi escudo el golpe. Aun siento como mi brazo cede, aun siento como mi cuello se quiebra. Una y otra vez, una y otra vez,….veo descender el terrible martillo…a veces por instinto intento levantar mi brazo, como si aun portara el escudo, pero mi brazo se ha vuelto debil y mi escudo esta quebrado. Rememoro ese momento una y otra vez…..una y otra vez…. a cada momento… No pense que una criatura pudiese acestar un golpe tan poderoso…si en este punto de nuestro camino nos enfrentamos a este anemigo…que nos deparara futuras batallas? que hare para proteger a mis compañeros si les he fallado en esta? como tendre el valor de levantar de nuevo mi escudo para protegerles?….siento como el dolor desgarra mi alma…pero este dolor no lo sanara el descanso.

Como debo sentirme si para lo que me he estado preparando durante toda mi vida, para lo que naci,  he fallado ? como debo sentirme si pensando que fui otorgado  con el don de Varda con un proposito, he fallado en tal cometido? que fui bendecido con un don que es inexistente…siempre pense que el destino de un hombre es forjado por sus acciones… y si  el destino que crei para  mi no es tal, quefue  una fantasia de Sunthas Templario de Varda? que no fui dotado de ningun don, acaso soy merecedor del titulo de maestro de escudos? ….BAH! …ese es un titulo que no volvere a usar y en ningun momento ni fui merecido de tal. El nombre que el maestro Dîn le dio a su martillo de mithril, Yunque, deberia ponermelo a mi, pues asi me senti, como un trozo de metal golpeado por el habil herrero, moldeado  a su voluntad.

No aceptamos la mision de Dolin con la esperanza de la recompensa, sino por ver de nuevo el fuego de una forja en su hogar, por devolverle lo que fue arrebatado, si he fallado tan lejos de nuestro destino…Miro mis manos, antes se alzaban orgullosas y fuertes, ahora las veo debiles y viejas…impotentes…

Lo soporto, soporto el dolor de mi brazo, los pinchazos en mi cuello…se que el combate acabo, los misteriosos refuerzos resultaron ser amigos de Adrahil, primeros nacidos aliados de los montaraces. Palabras sueltas entendi en el bello idioma cuando hablaron con Adrahil, mientras Fangril se arrodillaba junto a mi, nuestro joven clerigo. Fue gracias a ellos dos que les debo mi vida. No fue Sunthas Templario de Varda quien les defendio, fue Sunthas el Escudo Quebrado quien fue derrotado de un solo golpe, otras veces he caido pero nunca de formas tan aplastante….es este dolor de impotencia por no poder defender a mis amigos es lo que no soporto, el golpe del semigigante no solo rompio mi cuello, quebro mi escudo…quebro mi alma.

Este traqueteo me impide conciliar el sueño que tanto anhelo, me mantiene en el fino velo de la inconsciencia, donde el tiempo desaparece por compelto y durante unos breves isntantes me hacen recordar lo que fui y lo que deje se ser, y lo que soy… Nunca desee gloria, ni honor, ni riquezas…desde que naci, quizas por causa de mi ceguera, mi unico objetivo en esta vida es la de proteger a los desvalidos, a los debiles, a los dolientes, que mi escudo fuese su refugio, su proteccion, su esperanza… he fallado y mi escudo esta quebrado. Como podre protegerlos? a mi pueblo…a mi familia..’.. que soy ahora sino un simple hombre el cual ha sido despojado de un golpe de toda esperanza…nunca me pense invencible, de hecho use toda mi habilidad con el escudo para intentar detener a la criatura…pero no basto…toda mi vida pensando en un objetivo y ese objetivo se esfumo en un instante.

No fui bendecido por el don que yo creia, si mi destino no es el de proteger…cual es mi camino? …. he caido en un oscuro pozo, mi alma llora…golpe tras golpe…solo la tenue luz de Varda me ilumina… quizas le he fallado? quizas no fui el elegido que pensaba?….

Este combate me arrebato algo mas que el escudo de mi brazo, me arrebato mi fin, mi destino, mis esperanzas …. No sere mas Sunthas Templario de Varda, sino Sunthas el Escudo Quebrado.

Mientras oigo las palabras de mis compañeros a traves del ritmico traqueteo de la improvisada pariuela, cierro los ojos…un pequeño brillo asoma…pero desaparece casi al instante. Mi cuerpo se relaja…ya no esta tenso, sin el peso de la armadura, sin el peso del escudo…quien soy?…solo soy eso…un escudo quebrado.

….oigo las palabras de mis amigos, de Grajo…pero son distantes… apenas audibles….me miro por ultima vez mis manos preguntandome …. cual es mi camino?…..