Cantico de combate de los Usulunis

La oscuridad me rodea e intenta oprimir mi corazón.
Mis enemigos gritan para quebrar mi templanza.
El fuego de sus ojos busca mi sangre caliente.
Mi alma parece sufrir ante sus crueles ataques.

Pero me hayo aquí rodeado de mis hermanos de armas,
mi espiritu se fortalece, mi alma se apresta a luchar.
mis armas vibran, mientras las empuño, exigiendo
la sangre negra de aquellos reclaman nuestras vidas.

No nos sentimos sólos, una presencia nos rodea,
son aquellos que añoramos, aquellos que estan lejos,
aquellas tumbas bajo cinco lanzas en la colina.
Todos los habitantes de Usulun estan con nosotros.

Y ante la posibilidad de encontrar aqui la muerte.
mi mente me hace recordar lugares mágicos.
Como las aguas milagrosas de un lugar sagrado,
guardado por siete piedras grabadas con espirales.

Mi corazón no  desfallece ante esta maldita oscuridad.
Desde mi pecho se abre camino un canto atronador,
mi brazo se fortalece y el cansancio se esfuma.
Por que si mi fin se acerca… que sea junto a mis amigos.

Sunthas(sólo):

Al caer,Usulunis, nos reuniremos otra vez,
junto a los camaradas caidos, en los salones de Varda.
Y la Victoria, compañeros, será al fin completa.

Escudo y fuego

De nuevo siento cada hueso de mi cuerpo al quebrarse, cada músculo liberando toda la tensión a causa de la profundidad de los cortes… El terrible dolor de cabeza me nubla poco a poco la visión, el sentido del combate…el yelmo del portador se me hace casi insoportable. Pero a pesar de todo soy consciente de donde me encuentro y aunque parezca mentira mi adversario no ha penetrado mis defensas….aun.

Durante unos breves instantes recuerdo como llegue a esa situación, el rápido pero infructuoso asalto a la mansión de los Graben, donde los enanos, autenticas rocas en combate cerrado y pésimos escaladores alertaron a la guardia, aunque logramos acabar con ella rápidamente…Las imagines se me cruzan y mezclan en un sin sentido combate en el tejado de la mansión, donde solo a fuerza de voluntad repelíamos los continuos ataques de los innumerables Graben.

Cada uno con en su batalla particular, ya que al ser superados en numero, la supervivencia cobro tintes dramáticos.  Lo poco que recuerdo a continuación es deslizarme hacia el interior de la mansión buscando dos cosas, primero buscar un segundo frente y segundo un posible lugar  seguro, pues poco duraríamos si seguíamos manteniendo el combate en tan precario y amplio terreno.

Un nuevo golpe, mi escudo torre negro como la noche y tachonado de enormes púas detiene el terrible golpe que me hace retroceder unos pies, pero rápidamente recupero la posición. Ese terrible golpe me hace reaccionar y ser consciente de mi situación, alejando con un grito y apretando la mandíbula toda esa vorágine de imágenes me concentro en el combate y en el ser que se encuentra enfrente de mí, donde una espada cuelga de un brazo inerte y con el otro blande un hacha con terrible fuerza. Me encuentro en el interior de la mansión, en un amplio pasillo donde, después de abatir a dos Graben, me enfrento a Ezequiel, y a causa de los terribles golpes de este me obliga a retroceder hasta la entrada de una habitación, donde mantengo la posición. Aunque el combate solo dura minutos, parece eterno. Mi adversario es extremadamente fuerte y rápido, y gracias a que le he dejado inútil un brazo mi resistencia se me hace un poco más liviana. Pero no solo sus golpes hacen temblar mi escudo, sino que si su arma logra rasgar mi carne, una parte de mi alma es absorbida, me debilita…Una fila de Graben, como marionetas manejadas por dedos oscuros, esperan su turno para enfrentarse al templario de Varda. Solo puedo esperar a que mis compañeros vengan, pues solo es cuestión de tiempo que superen mi guardia.

El tiempo permanece parado ¿?..El sudor que me cae por el rostro se mezcla con el de mi  sangre. Los gritos de mis compañeros en el tejado, el ruido de metal contra metal y el olor a sangre y humo hacen de este un duro combate, donde siento como poco a poco siento que el cansancio se apodera de mi, cosa que no ocurre con nuestros adversarios, que parece que podrían permanecer combatiendo un tiempo indefinido.

El casco sonriente del portador me permite ver unas sombras que se adentran por el pasillo lateral…usulunis, la figura de Gulthar y Adrahil son inconfundibles, y mas las recortadas de  Dîn y Dolin, seguidas de Forak. El combate se inclina favorable a los usulunis en un principio, acabando con Ezequiel y avanzando por el pasillo, abatiendo a los Graben y manteniéndolos entre el fuego. Fuerte es el coraje de los usulunis, su bravura hace tiempo que se demostró y ya no luchan por el honor del combate, sino por la supervivencia y por ver un nuevo amanecer. Las espadas y mazas de estos son acompañados por el crujir de huesos, y aunque inmunes al dolor, sus cuerpos caen en el pasillo inertes.

Dîn y Dolin avanzan, pero una terrible criatura les hace frente y los detiene, su figura es pequeña, y con el fulgor rojizo que se asoma por las escaleras, la hace poseedora de una imagen realmente amenazadora. Los golpes devastadores de esta nueva criatura hacen retroceder poco a poco a nuestros valientes enanos, que aun sabiendo de su inferioridad, intentan mantener la posición. El único usuluni capaz de detenerla, que no vencerla, soy yo, viendo como son de terribles los golpes que descarga sobre los enanos y su habilidad, decido hacer una defensa férrea y emplear toda mi capacidad como maestro de escudos, así que envaino la negra espada ancha y saco la enorme red verde que me sirve como escudo. Así que con el escudo torre en el brazo izquierdo y la enorme red en el derecho me dirijo a relevar a los valiente enanos, mientras Adrahil y Forak defienden la ventana del pasillo por el que hemos accedido y Gulthar da buena cuenta de los pocos Graben que se interponen entre nosotros.

Al llegar a la posición de los enanos, veo las condiciones de estos, la fortaleza de ambos esta muy mermada, el suelo de vieja madera esta cubierto de la sangre de los enanos, y su madera se vuelve mas negra aun, como si absorbiese la sangre de estos. Los antes fornidos hombros parecen soportar una carga ya demasiada grande. Aprovechando un momento que Dîn es golpeado avanzo y me enfrento a la criatura, el calor del fuego ya se percibe detrás de esta, el humo penetra en mis sentidos mezclándose con el olor a carne quemada, seguramente el fuego ha consumido gran parte de los Graben que permanecían atrás, y parte de la estructura de la casa.

Marieta, que así se llamaba esta criatura , sin ningún ápice de temor al fuego o sentimiento alguno de dolor , empieza a descargar sobre mi unos terribles golpes, mas aun que el propio Ezequiel, y mientras descarga el primer golpe pronuncia unas terribles palabras: “Yo soy la primera “. Estas terribles palabras resuenan en mi mente mientras tanto el escudo como la red detienen cada uno de sus ataques, mantengo firmemente la posición, pero debo emplearme al cien por cien en la defensa y en parar cada uno de sus golpes, impidiéndome el contraataque. Si, ella es la primera del linaje de los Graben, pero este oscuro linaje no se enfrento jamás con los usulunis, nuca se enfrento con adversarios con tanto coraje y determinación.

El fuego avanza como en una pradera seca, la vieja y descuidada estructura de la mansión hacen un combustible perfecto, que engulle poco a poco y de forma irremediable a los últimos Graben que permanecen detrás de Marieta, la imagen no puede ser mas escalofriante, ver como el fuego consume sus carnes, y estos no emiten ni un sonido de dolor, ni una queja, simplemente permanecen a la espera de poder encontrar un hueco por el que atravesar mi guardia, mientras el fuego lenta pero inexorablemente va consumiendo madera, carne y hueso… el momento en que Marieta atravesaría mi defensa no llego, y con la ayuda de Dîn y Dolin, la obligábamos a ser abrazada por el fuego en varias ocasiones, y aun ardiendo seguía golpeando con terrible furia mis escudos. En el ultimo empujón hacia el fuego, retrocedimos lo justo para poder golpear a la ardiente Marieta, y así fue como por fin los usulunis acabaron con “la primera de los Graben”, y con la terrible maldición de los Graben, el ruido ensordecedor del ala oeste de la mansión nos apremio a abandonar esta y buscar el refugio del bosque, allí vimos como los pocos Graben que permanecían en los alrededores perdían fuerza y se desmoronaban, como si Marieta o quizás la mansión fuesen su sustento, oscuras alianzas debieron firmarse en esa mansión consumida ahora por las esquirlas de Dîn.

Una vez restauradas las heridas más apremiantes, nos dirigimos sin demora al Calamidad, donde allí nuestra aventura al norte dio un giro vertiginoso. Pero no será Sunthas quien os narre lo que ocurrió a continuación, sino alguien mas versado en las palabras, donde su pluma a veces parece que cobra vida propia y nos describe con sus palabras como si nuestros propios pies pisaran esa misma tierra.

No corresponde a Sunthas Espinonegro el honor de narrar lo ocurrido a continuación, sino a alguien que permaneciendo en las sombras es conocedor de todo.El posadero de Los Cinco Gatos.

9. Annon Baran y el regreso inesperado

Tras el triunfo, tras la victoria llegó la reflexión, el dolor de las heridas, las carnes laceradas, el terrible olor de la carne quemada. Continuó con la retirada hasta el Calamidad calados hasta los huesos y ateridos en lo más profundo de su ser pues aunque habían triunfado habían visto el abismo de la derrota muy cerca, Idris los recibió friamente en el Calamidad, aquel barco de maderos negros que traía la ruina a aquel que lo capitaneaba, y discutieron sobre la necesidad de continuar o la obligación de contratar una tripulación nueva. Este hecho, que pudiera haber pasada desapercibido, trajo vientos helados sobre los viajeros, un cambio en sus corazones y silencio en sus almas. Ocurrió que descubrieron como Idris parecía escuchar los consejos entre las sombras de una terrible lobo negro vestido de oscuridad, aquel lobo que cerca había estado de dar con sus huesos en la Puerta Sur de los Senderos de los Muertos, y así y tras breve juicio le dieron muerte a la última de la tripulación del Calamidad. Aquella acción los dividió durante un breve tiempo pues rápida y sin piedad se acabó con la nueva capitana sin cuartel , ¿fue justa su muerte?, ¿la mereció?, ¿tan negro era su corazón?

Fue Sunthas el único que no albergó duda alguna pues sintió la fuerza de su fé guiar su brazo y fue tras esto en que abandonaron el navío en las aguas del puerto y siguieron su ruta hacia el norte siguiendo la orilla del Brandivino.

Pero, ¡ay!, poco duró su determinación pues en la siguiente noche Sunthas se levantó con una terrible pesadumbre, el amuleto ardía sobre su piel, ¡compañeros alzad el campamento, volvemos a Usulun!, ¡nuestra familia peligra!

Escudo y emblema de Usulun

El Emblema de Usulun consta de un Escudo Torre, en memoria al arma más mortifera de los templarios. Sobre fondo, separado en Diagonal, verde y blanco en señal de hermanamiento entre las tierras de Rohan y de Gondor.

– Siete estrellas de plata, señalan la importancia de Elbereth, en la vida de los Usulunis.
– Un árbol de plata en recuerdo a las ruinas de Setmaenen y sus maravillosas aguas.
– Rodeando el tronco del árbol de plata una banda de duelo recuerda al desaparecido Reino de Arnor como Símbolo del hermanamiento con los Montaraces del Norte.
– Un Martillo de oro que simboliza la unidad con el pueblo Enano.

En una fría mañana de Febrero El estandarte de Usulun ondeó desafiando al viento y al frío y todos los presentes recordaron a sus amigos ausentes, el maestro Dîn, el alegre Gulthar, el piadoso Sunthas, el fiel Adrahil y el imprevisible Fôrak. Y de todas las gargantas surgió un canto que inflamó sus corazones y se elevó al cielo, rogando a la dama Elbereth que sus amigos estuvieran sanos y salvos.

Usûlun. Su historia (II)

“Buenas noches niños. Veo entre vosotros algunos que no son tan jóvenes pero esta historia es para todos, es la historia de como este pedazo de tierra se convirtió en nuestro hogar”

Apenas un centenar de personas llegamos hasta este sitio donde os encontráis. No creáis que todo era tal como ahora, era una extensión baldía entre dos brazos de río y al principio mucha gente estaba decepcionada y terriblemente cansada. Pero Sunthas y la señora Grajo no perdieron tiempo y exploraron las cercanías, viajaron a Spathlin y Calembel y trajeron alimentos, tiendas y leña. Fue una suerte que en aquellos días encontrásemos al señor Dîn y a sus buenos hermanos, pues ellos nos procuraron los primeros hogares, aquellos tiempos fueron muy duros y todos trabajamos sin descanso haciendo lo mucho o poco que podíamos, unos cazaban, otros forrajeaban, otros traían leña y agua, nadie se quedó de brazos cruzados y así poco a poco, día tras día, semana tras semana, un pequeño grupo de tiendas y cabañas de madera se convirtió en una comunidad.

Recordad que pronto llegaron los hombres de las marismas, los soldados que habían sido de la Tercera Compañía en Tir Nindor, el capitán Adunael y, si niños y niñas, Gulthar. Al principio sólo era uno más y aunque más tarde los hombres y mujeres de las marismas se marcharon buscando su propio camino y los soldados y el propio capitán volvieron a la capital, Gulthar permaneció y todos sabéis como ha luchado por levantar estos muros. No existe hombre, mujer, niño o anciano que no se haya reído con él ni ninguno que no sepamos que siempre podremos contar con su brazo fuerte. No os olvidéis tampoco a Nylia, esposa del señor Dîn ni a Merien, su compañera y portaescudos del Señor Sunthas que falleció en el lejano sur y cuya tumba siempre está rodeada de siemprevivas, ni a Marcus el buscador que tanto nos hizo reír y que era duro como una piedra.

En aquellos días hicieron grandes amigos y aliados y se forjaron vínculos duros como el acero enano. Forak Sangresucia se hizo con el corazón de todos a pesar de su terrible pasado, atravesando los más duros caminos y luchando a brazo partido, el joven maestro Haedrec que nos asombró con su juventud y sabiduría, el sabio Aeghen cuyas palabras son siempre acertadas y justas y que sabe entender más allá de lo evidente, Pesc su joven aprendiz, digno heredero de su maestro; el maestro de maestros, Camlan, cuya esencia y sencillez nos ha calado a todos como una lluvia pronta de mayo; Tirrin el viajero, sin cuya guía estaríamos perdidos; Marendil Rhudainor, el comandante de nuestros soldados, hombre justo y honesto, siempre presto a prestar ayuda y tantos otros que espero sepan disculparme los que no he mencionado, mi memoria no es tan buena pero en nuestro corazón siempre permanecen.

Vamos a permanecer un minuto en silencio por todos los que ahora están lejos y sabed, amigos y hermanos, que todos nosotros miramos las mismas estrellas y que por lejos que estén estamos en sus pensamientos.

Usûlun. Su historia (I)

Usûlun, luz de esperanza, es un pequeño pueblo de alrededor de 400 hombres y mujeres situado en el corazón de Gondor, en los duros valles superiores entre el río Ringló y las Montañas Blancas. Se fundó allá por el año 2992 T.E. por Sunthas Espinonegro; Grajo, su actual esposa y La Rosa, en aquel entonces líder de los refugiados…pero no adelantemos acontecimientos, jóvenes, pues para saber cómo llegaron estas almas nobles a los valles hay que saber por qué se marcharon de la capital del reino, Minas Tirith.

En aquellos tiempos las fronteras se habían plegando sobre si mismas, el abastecimiento de las fortalezas y puestos fronterizos era cada vez más complejo, los bandidos y los cada vez más frecuentes avistamientos de orcos habían hecho que la vida entre sus muros fuera muy dura, así lentamente fueron llegando las órdenes por mensajeros exhaustos de retirada a la capital, los muchos pueblos que habían nacido bajo la protección de esos puestos se vieron ante la decisión de permanecer solos o marchar todos juntos. Mucha gente abandonó sus hogares y emprendió un viaje durísimo a la Ciudad Blanca, familias enteras tomaron todo lo que tenían y se lanzaron a los caminos sin nada más que la esperanza de comenzar una nueva vida.

Pero la situación en Minas Tirith no era mucho mejor, el antaño respetado aunque no amado Templo a Varda estaba en la fase final de su declive, apenas se realizan ceremonias y en todos reinaba un espíritu de estar viviendo el final de un tiempo, un joven Sunthas comenzaba a dar sus primeros pasos. Así cuando los refugiados llegaron a los muros blancos chocaron con la inflexible burocracia pues para poder habitar en el interior de la ciudad debías acreditar un oficio y estar avalado por uno de los influyentes gremios…¿qué pasó entonces os preguntaréis?, muchos de los recién llegados llevaban una vida de oficio pero al no conocer a nadie y no disponer de influencias fueron quedándose fuera de las pruebas que éstos exigían. Lentamente, día tras días y semana tras semana fueron legando refugiados y lo que en principio fueron unas pocas tiendas se convirtió en otra ciudad, la Ciudad de Madera.

Y aquí justamente es donde comienza todo, porque el buen Sunthas, profundamente apenado por la situación de los refugiados y dolido por la indolencia del templo utilizó todos los medios en su haber para cambiarlo. Negoció, sobornó y luchó para conseguir la admisión de algunos artesanos y sus familias en el interior de la ciudad, repartió comida, agua y ayudó en cuanto pudo pero su lucha no pasó desapercibida, la familia Usûluni, apiadados por la fuerza de sus actos y sus palabras, cedió las tierras que ya todos conocéis para fundar lo que ahora es Usûlun. Viajaron con él tantos como lo desearon y aunque los comienzos fueron duros os digo que es una historia apasionante y hermosa aunque tal vez para otra ocasión.

“Ahora idos a casa”, dijo La Rosa.

Antes de entrar en su hogar miró al cielo confiando en que en aquella noche limpia de invierno los viajeros se encontrasen bien fuera donde quiere que estuviesen.