La colina de las lanzas.

El amanecer llega después de una fría noche, el sol calienta tímidamente la tierra dejando el  bello brillo del rocío sobre la húmeda tierra. El camino es poco sinuoso y esta bastante cuidado,  pero no es el camino el que llega al destino, sino quien lo anda paso a paso, algunos logran llegar, otros abandonan y no pocos perecen en el intento.

 Esta es la canción de cinco de ellos, este es el cántico de cinco usulunis, que defendiendo su tierra perecieron en el camino. No habra lagrimas ni sollozos, solo respeto, honor y verdad. Asi despiden  los hombres libres de Usûlun a sus caídos, no como reyes o plebeyos, sino como usulunis. Todos y cada uno de ellos se mostraran como son en realidad, sin mentiras ni engaños.

No hay lagrimas, no hay lloros…solo hay orgullo.

Ya se oyen….desde la distancia, por encima de los ruidos de la tierra, ya se acercan los primeros cinco caidos de Usûlun, una vez mas los usulunis emprenden la caravana, pero esta vez para dar sepultura a sus hombres.

Ocho pesadas botas de hierro abren la marcha, Talin, Galin, Dili y Dwäin. Todos portan crespones negros en largas picas de hierro plateado,  cinco son  los crespones negros en cada pica, ni mas ni menos, pues cinco fueron los primeros caídos de Usûlun. Las armaduras son plateadas, labradas con intrincados dibujos de runas , un broche en forma de martillo en plata mithril abrocha sus capas oscuras. Al ritmo de sus pisadas murmuran cánticos antiguos en la extraña lengua enana, sus voces roncas suenan de fondo, como el murmullo de la montaña.

A pocos metros va Dîn, líder de la comunidad enana. Su armadura es parecida a la de sus compañeros, plata sobre negro, como  las entrañas de la tierra. Lleva una capa de piel negra, con bordados en mithril, esta abrochada con un broche igual que el de sus hermanos. Con una hermosa voz entona cánticos de los antiguos funerales de reyes enanos, su voz grave  sigue el ritmo de las pisadas sordas de las  botas de hierro. No hay mas sonidos, no hay música de arpas o flautas, es solo el sonido de la lengua Kuzdul el que suena en el camino.

A continuación marchan miembros  del Consejo de Usûlun. Grajo, líder del consejo en el centro , lleva una armadura de cuero negro como la noche, en ella pueden verse las alas negras grabadas a fuego de un grajo, sobre ella una capa también negra sin adorno alguno, oculta su rostro tras una amplia capucha, su paso es firme. Ambas manos están apoyadas sobre dos dagas negras enfundadas. A su izquierda camina el anciano Aeghen , consejero de Grajo, lleva una túnica blanca anudada con un cinturón de plata y una capa también blanca, en el hombro derecho de la misma hay dibujado con hijo de plata una luna dentro de un sol. Su mano derecha descansa sobre un nudoso bastón, su paso es lento pero firme. Su joven aprendiz Pesc, con ropajes parecidos a los de su maestro le ayuda. A la derecha de Grajo va La Rosa, miembro del consejo, viste un jubón de cuero gastado pero engrasado bajo una túnica marrón. No lleva adorno ninguno. Se ayuda para caminar de un hermoso bastón tallado,como si una rama de arce se hubiera enroscado de forma caprichosa. Es Jarewyr, su sobrino y joven templario, quien con una oscura armadura completa, un escudo torre a la espalda y una capa negra como la noche , le ayuda a caminar. El único signo que lleva el joven templario es un bordado simple en el pecho de la capa, Siete estrellas rodean un árbol con extrañas vetas. Mientras que con la mano derecha ayuda en los tramos difíciles a su tío, con la enguantada mano izquierda agarra la empuñadura de una espada ancha.

Justo detrás camina Varak Tanuk, antiguo campeón de Varda. Una túnica gris, bajo una capa oscura es su única indumentaria, una larga hoja descansa dentro de una vaina sin ningún tipo de adorno. Agarrado de su mano derecha camina Calabdur, hijo de Grajo y Sunthas, a pesar de su corta edad camina erguido, con ropajes oscuros y sin adornos algunos.A su izquierda va Haedrec el montañés hijo adoptivo de Grajo y Sunthas,  lleva unas calzas de color azul brillante y un jubón naranja, una capa de marrón azulado lleva abrochada al cuello, el pelo lo lleva de punta y de color rojo intenso. La explosión de color de Haedrec contrasta con las tonalidades oscuras de la marcha.

Es Marendil Rhudainor, comandante de Usûlun quien camina detrás. Porta una armadura gris plateada, siete estrellas rodeando un árbol esta grabado en ella. Un yelmo alado cubre su cabeza, y una capa burdeos lo cubre. Va en representación de los demás miembros del Tirton. Ecnegar y Vilhelm se encuentran  a sus flancos, armaduras y capas grises portan. Sus escudos tienen el mismo grabado que su comandante. Y en sus manos derecha una larga pica, a media asta portan cinco crespones negros.

Forak, el mercenario, encabeza los cinco carros. Lleva una armadura  gastada pero pulida. No hay capa que cubra al semiorco, no la necesita. Una bota de vino junto a una espada ancha y un hacha de batalla se ven en su cinto. Porta con ambas manos una enorme pica plateada, como si fuese a usarla en cualquier momento. Forak camina solo, como camino hace tiempo.

Cinco carros van a continuación, miembros de cada familia van en ellos, en la caja, sobre un lecho de flores descansan los cinco caídos. Envueltos es finas mortajas de lino y algodón, las cajas de pino o abeto son para aquellos que no quieren ver, para aquellos que no verán mas un amanecer. Los usulunis entierran a los suyos con orgullo, que todos sepan quienes han caído por esta tierra, quienes dieron sus vidas por ellos. ningún familiar llora, todos con las cabezas altivas.

Escoltando los flancos van los Gulthariones y diez Guardias de Usûlun, todos impecables.

Detrás de toda la caravana va Sunthas Espinonegro, señor de Usûlun. Una gran capa negra oculta toda armadura, sobre esta un broche en forma de cruz como todo adorno. Un yelmo con una extraña sonrisa porta, un inmenso escudo torre tachonado con púas en su brazo izquierdo, una gran espada ancha enfundada en una gastada vaina de cuero descansa en su cadera derecha, en la izquierda una hermosa espada larga, azul como el hielo de la montaña, desprende un azulado halo. En su espalda sobresale un inmenso espadón nórdico. Camina con paso firme, embraza el escudo como si lo fuese a necesitar en cualquier momento.

Nadie mas va detrás, pero no están todos los que salieron de Usûlun , pues algunos otros caminos tomaron.

Tras casi una hora, la caravana llega a una pequeña colina, antes se han tenido que desviar y salir del camino del norte. Era una colina solitaria, como muchas otras pero fue elegida por Camlan, la tierra es antigua, ideal para los usulunis. Era una colina solitaria, pero a partir de este día, jamas volverá a estar sola.

La caravana se acerca, se ve encima de la colina dos figuras, una de un adulto y otra de un joven, son Camlan y Tirrin su joven aprendiz. Camlan lleva una túnica marrón como la tierra, un cinturón de   cuero  negro la sujeta, sus bordes están manchados y no lleva capa, lleva varias bolsitas amarradas a su cinturón. Tirria viste parecido, túnica marrón con cinturón también negro, y una capa verde oscuro descansa sobre sus hombros, a diferencia que su maestro, porta una espada corta en una hermosa vaina.

Cuando llegan los enanos al pie de la colina, cesan sus cantos y mientras la rodean clavan en la tierra las cinco picas con los crespones. El maestro alquimista Dîn baja el tono, ahora solo es un dulce murmullo que no cesara.

Algo se yergue a pocos metros de Camlan y Tirria, una figura completamente embozada. De una capa negra como la noche solo sobresale una rara ballesta con unos gruesos pivotes, mira a ambos lados, se yergue , baja la ballesta  y se quita la capucha, es Gulthar, el certero. Mira a Dîn y asiente, busca con al vista a Sunthas y vuelve a asentir. Permanece apartado, sin dejar de portar la ballesta.

La ceremonia es breve, los familiares escoltados por la Guardia Usulini depositan los cuerpos sobre unas tumbas ya excavadas, mientras Camlan murmura palabras en antiguas lenguas. Tirria ayuda  con los cuerpos. Dîn se encuentra apartado junto a sus hermanos enanos, sin dejar de cantar ese  dulce murmullo, quien sepa hablar el extraño idioma de los señores de las montañas sabrá que habla de héroes, de grandiosas batallas, del honor y de la verdad.

Sunthas permanece apartado también, junto con Dîn, Forak  y Gulthar forman un circulo, no habrá nadie que se acerque sin que lo sepan. Murmura extrañas plegarias, apenas audibles.

Gulthar es el primero que lo ve, un jinete permanece a poca distancia, no saben cuanto tiempo lleva ahí, lleva una capa marrón gastada y sucia, como si viniese de un largo camino.Lleva  una bella espada en su costado, un hermoso arco plateado sobre el costado de su caballo, al alcance de la mano. Su rostro denota una continua vigilancia, y mirando a Gulthar y después a Sunthas asiente. Musita unas palabras llevándose la mano a la frente, espolea su caballo y desaparece. Es Adrahil Belgaraz, montaraz del norte y amigo de Usûlun.

La ceremonia, si se pudiese llamar así, es breve. Una vez depositados todos los caídos, los familiares depositan flores, objetos personales , cartas …comparte con ellos esperanzas y sueños, y todos dicen un hasta pronto. Con pasos tristes vuelven a sus carros ya vacíos . Solo seis personas permanecen en la colina, Camlan, Tirrin , Gulthar, Forak,  Dîn y Sunthas. Hablan entre ellos en varios idiomas, y prometen que algún día volverán a estar juntos, todos los usulunis. Camlan asiente de nuevo, se arrodilla, pone una mano en la húmeda tierra y pronuncia unas palabras que solo conoce Tirria. De la tierra salen cinco raíces que se enredan en los mástiles de acero de las picas, subiendo sinuosamente hasta media altura, sin llegar a tocar los crespones, extrañas flores salen tímidamente, abriéndose poco a poco, campanillas, lagrimas del río, dientes de león, afilias….

Los héroes de Usûlun dejan la colina, y se unen a la caravana. Ni los usulunis ni la colina volverán a estar solitarios. Ahora descansan en un hermoso jardín, como lo es Usûlun, y a su alcance están sus cinco picas.

A lo lejos sobre una colina se yerguen cinco picas negras, forjadas por enanos y portadas por humanos.

Los vivos protegen a los muertos y los muertos protegen el lugar de los vivos.

“DEL PRINCIPIO DE LA CALAMIDAD DE LA FAMILIA NIDAR-BÂRIK”

“Escribo estas palabras gracias a la compasión de uno de mis carce-leros, según me cuenta su padre murió defendiendo al mío, en uno de las escaramuzas de los malditos piratas de Umbar, por ese sacrificio mi padre habría movido sus influencias para que su primogénito entrara como funcionario de la corte”…

…”Veo en sus ojos que el deber de ayudar al hijo del hombre que le dio un futuro prospero, y la duda de estar ayudando a un traidor. Lo comprendo, yo también creería las acusaciones que me imputan, aunque sé que son falsas.

Ojalá volviera a aquel maldito día. No, no caeré en el arrepentimiento, mi padre dio la vida por esta ciudad, una ciudad que ha existido desde el principio de las Eras, DOL AMROTH”…

…“En estas líneas intentaré relatar los principios de mi calamidad, calamidad que me ha llevado a prisión y a una condena a muerte por traidor. Traidor por defender, esta, mi querida ciudad de las maquinaciones de una mente maquiavélica y retorcida”…

…”Fue sólo el retazo de una conversación lo que me puso en alerta, me paseé por los puestos de guardia que hasta no hace mucho visitaba con mi difunto padre, antiguo capitán del ejercito y miembro de la guardia de la ciudad, pero me extrañó no conocer a los sargentos, uno dos a lo sumo; cosa rara tan sólo han pasado 5 años desde su fallecimiento. Siempre que visitábamos estos puestos encontraba antiguos soldados que habían estado a sus órdenes, ahora mandos o sargentos veteranos de la guardia. Sólo encontré a uno, durante un momento pensé que se acercaría a saludarme, pero me miró y me rehuyó, algo que me dejó un mal sabor de boca, así que para olvidar esa sensación, me dirigí a mi lugar preferido de la ciudad, EL MERCADO ”…

…”Hoy me ha venido a la memoria los largos paseos que hacíamos mi difunta esposa y yo por el mercado, algo poco usual para gente de nuestra categoría, pero en aquel lugar donde los ruidos y los olores se mezclan en una eclosión de sentidos, era allí donde, tras la muerte de mi esposa, me dirigía a recordarla, en ese lugar la sentía a mi lado y me reconfortaba; y fue precisamente allí donde me abordó Arik, aquel sargento que meses antes me había rehuido en mi visita a la guardia, su contacto me sacó del recuerdo de mi esposa.

Me indicó con la mirada que lo siguiera, me condujo por calles silenciosas y desiertas, hasta llegar a un rincón oculto de miradas indiscretas, y allí me habló de cómo buenos hombres estaban siendo despedidos y sustituidos por otros de no muy buena reputación, también me comentó que aquellos que se quejaban eran retirados del servicio y licenciados obligatoriamente.

Estas declaraciones hicieron que mis sospechas tomaran consistencia. En mis ratos de inactividad me dediqué a seguir a distintos miembros de la guardia. Con cara de hastío me dediqué a seguirlos, en su total confianza de que nadie estaba pendientes de sus pasos ninguno miró a su espalda, a casi todos los que perseguí acabaron en una tienda de costura que se estaba poniendo de moda en la corte y, que según indagué más tarde, estaba regentada por la mismísima hija de la dama Ethudil”…

…”Pasaron meses y la idea de una conspiración se hizo cada vez más clara, más de una vez entré en la tienda de costura para mostrar interés por sus ropas e incluso compré varios, en algunas ocasiones, mientras estaba presente, entraban miembros de la guardia para entregar cartas o paquetes, algunos de dudosa procedencia, uno de ellos me llamó la atención, una caja oscura con grabados, aunque sólo puede vislumbrarla unos segundos un escalofrío recorrió mi espina dorsal, y no fui el único, el guardia que la trajo llevaba reflejado el terror en su rostro, aunque esta impresión la descarté rápidamente debido a la tensión de estar en el punto donde creía que se estaba fraguando algo no muy legal, aunque la cara del guardia se me quedó grabada”…

…”Y eso fue lo que expuse ante el consejo, que la dama Ethudil y sus aliados conspiraban, y que todos los cargos de la guardia de la ciudad estaban comprados con sobornos y que los que ocupaban los cargos anteriormente habían sido licenciados sin motivo alguno, veteranos que habían derramado su sangre por la defensa del reino y que habían demostrado su fidelidad al reino, estaban siendo tratados como escoria y a esa escoria se le estaban dando cargos importantes en la defensa de la ciudad.

Y ¿Cómo fue recogida mi acusación?, como si la hubiera presentado un autentico  desequilibrado, y la culpa fue mía por no recopilar informes más consistentes que probaran mis acusaciones. Tan sólo pude hacer partícipe de mis dudas al consejero Amondil, y él me recomendó precisamente eso, que recabara más información, pero mis prisas me jugaron una mala pasada”…

…”Y ese incidente fue el inicio de mi calamidad, porque al salir del consejo tras mi exposición, fui detenido por la guardia y conducido a los calabozos de la ciudad, como un vulgar delincuente, y sin posibilidad de avisar a mis queridos hijos”…

…”Más tarde supe que alguien había avisado a mi familia y fueron trasladados a otro lugar, evitando así que, por el momento sigan el camino de su malogrado padre”…

…”Ya llevo varios días aquí, y no sé nada de mis hijos, hoy me han venido a interrogar el Escudero Amondil y varios nobles afines a la Dama Ethudil, por fortuna los he escuchado y he ocultado este diario, me han estado interrogando sobre mis conocimientos de las acusaciones vertídas en el consejo, incluso varios de ellos me han golpeado, aunque podría haber recibido más golpes si no hubiera intermediado el Sr. Amondil ”…

…”Hoy se han presentado varios nobles, su misión notificarme que se me acusa de traición y se me ha condenado a muerte y me exigen que informe del paradero de mis hijos.

Por la tarde se ha personado en mi celda el mismísimo Escudero, estaba apesadumbrado, él me ha informado de que fue precisamente él  quien mandó por mis hijos y los ocultó con lo que pudieron recoger de la casa”…

…”Espero que Nâte y Nâlo recordaran donde  escondía el dinero para las urgencias, y que no olvidaran el escudo de Armas de nuestra casa, desgraciadamente el sello de mi familia está en mi poder y el colgante de mi amada esposa en mi cuello. Se lo he dado todo al Escudero Amondil y él se los hará llegar a mis hijos, tengo su promesa”…

…”Estas son mis últimas palabras, el Escudero me ha informado hoy que la acusación ha sido presentada ante el Príncipe, respaldada por la Dama Ethudil y esta ha presentado pruebas y testigos que dan consistencia a su acusación. Se ha dictado sentencia y como yo ya sabía, la pena es la muerte, debido a mi sangre noble se me decapitará.

Hijos míos recordad que sois para mí el mayor logro que he conseguido en mi vida y el tesoro más grande que jamás existió. Pero no lloréis por mí porque en breve me reuniré con mi otra mitad, el corazón que me falta desde hace ya cinco largos años, mi bella esposa Nithil, ella me acompañara en mi corto camino al cadalso.

No dudéis que os tendré en mi pensamiento durante estas horas que me quedan de vida y rogaré a nuestros antepasados para que podáis volver a restaurar el honor de la casa NIDAR-BÂRIK.

En los momentos de desesperanza, duda y peligro, recordad que vuestra madre y yo estaremos a vuestro lado ayudándoos, manteneos firmes y unidos, y cuidad los unos de los otros.

Rezo para que tengáis una larga y prospera vida. Vuestro padre que os quiere.

Unath Señor de la Casa NIDAR-BÂRIK”.

Extracto sacado del diario escrito por el Sr. Unath en los calabozos de la ciudad de DOL AMROTH. Facilitado a la biblioteca de Usulun por los Herederos de la casa NIDAR-BÂRIK y el Escudero Amondil.

Historias del Templo de Varda, por el Viejo Raton.

Este es un trozo del diario que escribía un viejo monje que servia en el antiguo templo de Varda, en Minas Tirith. Entre escritos sobre visitas, trabajos diarios en el templo, incontables alusiones a una cocinera llamaba Lileth y no menos a las dolencias que sufría  su viejo cuerpo, se encontraron varios fragmentos de la historia de Sunthas Espinonegro.

El templo cayó en desgracia y fue destruido, perdiéndose gran parte de su biblioteca. Parte de este diario se salvó, se encontró en una vieja cabaña en la ladera de una montaña cercana a Minas Tirith. Estaba dentro de un cesto negro con anchas espinas, un cilindro de marfil y un trozo de queso podrido.

Estos son los fragmentos del diario escrito por Alarî, el viejo ratón.

….[Día 16 del mes Sûline, año 2.926 de la Tercera Edad.

Apenas hace unos días que ha entrado la primavera, el invierno ha sido especialmente frío este año. Aun los riachuelos están crecidos con las frías aguas del deshielo e incluso los campos amanecen con una fina capa rocío. Las noches son aun frías y se agradece el calor de los hogares cuando anochece, pero cuando el sol se alza en el cielo la temperatura aumenta rápidamente.

Como hago durante los largos años que sirvo en el templo, que no son pocos, ya que nuestra señora me ha bendecido con el don de la paciencia, pues parece que mi hora se retrasa con cada invierno como si estuviese esperando algo… y no estaba equivocado, doy un largo paseo apenas sale el sol, me viene bien para calentar mis viejos huesos, que parecen que se sueldan durante la noche. No sin antes hacer mi parada obligatoria en los dominios de mi querida Lileth, una de las  cocineras del templo que posee unas manos prodigiosas para la elaboración del queso de cabra especiado. Me deja desde hace ya incontables años, un trozo de queso especiado y una pieza de pan recién hecho en un cuenco. A veces pienso que Lileth posee sangre élfica, pues aunque pasan los años ella permanece casi igual y a mi sin embargo me pesan cada vez mas  los años, eso también explicaría su habilidad en la cocina. A veces se lo comento y la única respuesta que recibo es: “¿sangre élfica?, viejo ratón, creo que mis especias han nublado tu juicio” me dice sonriendo.

Me acabo de levantar para descansar mi vista, mis manos ya no están acostumbradas como cuando era joven a tantas horas de escritura, y al repasar lo que he escrito me doy cuenta que me he desviado por completo del asunto que me ha llevado a escribir estos viejos pergaminos, son mas bien los desvaríos de un viejo. Creo que Lileth llevaba parte de razón, tantas especias han mermado mi capacidad de concentración.

Por donde iba, ah! Si, mi paseo diario. Fue en uno de los muchos descansos que hago, en parte para saborear el magnifico queso y en parte para sentar mis doloridos huesos, en unos de los bancos del patio oriental del templo cuando escuche un peculiar ruido. Provenía de una vieja capilla orientada al sureste. Por un momento pensé que eran imaginaciones mías, algún pájaro o incluso el ruido del viento entre los árboles, pero el sonido se fue haciendo más fuerte y claro. Ya no tenia ninguna duda, o me estaba volviendo loco o estaba escuchando claramente el llanto de un bebe.

Empecé a seguir los llantos hasta la misma puerta de la vieja capilla, allí en los últimos peldaños, ya gastados por los años vi una imagen que nunca se me olvidara. Una imagen que cargaría sobre mis hombros como una pesada carga, bendita carga, a partir de ese día viví los mejores años de mi vida. En los peldaños de la vieja capilla, mirando a oriente encontré una cesta negra, en ella se encontraba un bebe llorando.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no se si fue el dolor al agacharme o la imagen que vi, creo que posiblemente ambas cosas.  Y no se que me impacto mas, ver de que estaba fabricada la cesta o ver en el pequeño brazo del niños una pequeña herida que sangraba. La cesta estaba fabricada en una especie de mimbre espinoso, unas espinas negras largas y anormalmente anchas salían en todas direcciones, aun así unas manos hábiles habían conseguido que todas las espinas saliesen para fuera, dotando al bebe de una defensa casi perfecta, una de ellas se había quebrado y había caído en el interior, arañando al pequeño. El interior de la cesta estaba forrado con telas suaves de un extraño tejido y paños de algodón grueso. El pequeño tenía los ojos cerrados y lloraba sin parar, sus manitas cerradas zarandeaban el cesto sin parar. Saque la espina del cesto, y sus pequeñas manos cogieron la mía, como si supiesen que estaba allí. Las telas estaban impregnadas de extraños olores, muchos de ellos los conocía gracias a Lileth, clavo, salvianegra y un olor que no identifique y que era especialmente intenso.Con el tiempo descubrí porque no conocía ese olor, es un exótico perfume sacado del ámbar del desierto, unos de los comerciantes de Dol Amroth vendía un pequeño frasco a un precio desorbitado. Al poco tiempo el pequeño se fue calmando,  sin dejar de agarrarme firmemente mi mano abrió los ojos, unos inmensos ojos blancos me miraban, el pequeño era ciego.

Nunca olvidare ese día, pues desde que oí los llantos mis descubrimientos acerca de ese bebe me seguirían el resto de mis años y con una sonrisa y no sin  cierta nostalgia y tristeza los recuerdo. Infinidad de preguntas inundaron mi mente, parecía como si volviese a tener 20 años. Cuando cogí en brazos al bebe, vi en el interior de la cesta negra un cilindro de marfil sellado, sin ningún tipo de inscripción. En su interior, atado con raíz de diente de león se encontraba un grueso pergamino.

Mis años en el templo me han dotado de varios conocimientos y aptitudes, el pergamino estaba tratado con un aceite espeso, que le proporcionaba una cierta impermeabilidad, si por causas del destino, la humedad o el agua entraba en el cilindro sellado. Estaba escrito con una letra bastante fluida en adunaico, se caracterizaba por unos trazos largos y finos. Obviamente, tanto la colección del cesto, las telas, el cilindro y el pergamino eran obra de unas manos expertas,  al igual como claramente no de del reino de Gondor.

El contenido del pergamino lo transcribo fielmente:

“ Este es Armanâth hijo de Sakar Bêrun , Señor del Agua, y Ginâth . Descendientes de un linaje ya olvidado. Por sus antepasados corrieron la sangre de los primeros héroes, con el pasar de las lunas esa sangre casi se ha diluido por completo. Se le ha vedado ver el desierto, las dunas y los oasis, pero su espíritu es fuerte e inquebrantable, se que Armanâth los siente, posee el don de caminar en sueños.

He visto a mi hijo morir en el desierto, pero lo he visto bañarse en unas aguas. He soñado con el oasis del norte, allí tiene su sitio y mi esperanza. Su camino será sinuoso, lleno de dolor y sufrimiento. Mi estirpe llega a su ocaso. Armanâth debe elegir su camino.

Ruego que acojáis a mi hijo  en el seno del templo de Varda, y que ella y mis ancestros lo guíen e iluminen.”


Sakar Bêrun Señor del Agua

Releí varias veces la carta, y tarde mucho tiempo en comprender el verdadero significado de esas palabras. Descubrí con el paso del tiempo las virtudes y defectos de Armanâth, descubrí con grata sorpresa la verdadera fortaleza de su espíritu.

Fue en el ocaso de mi vida cuando comprendí que no era Minas Tirith el oasis del norte.

Pensé que no podría  usar su verdadero nombre, pues demasiada carga tendría que llevar el pequeño con su ceguera como para llevar un nombre sureño. Decidí ponerle un nombre acorde a cuando y como le encontré, mirándole a esos pequeños ojos blancos y sonriendo le dije: “Te llamaras Sunthas, el nacido en Sûline, Espinonegro, este cesto te ha protegido durante no se cuanto tiempo y gracias a sus espinas te encontré.”

Arropándolo contra mi pecho mire al cielo y fue en ese momento cuando hice la oración mas sincera de toda mi vida. Cogí el cesto y a Sunthas y me dirigí al interior del templo a comunicar a mis superiores de mi hallazgo.

Lo que ocurrió los años posteriores lo seguiré en otro momento, la vela se ha consumido casi en su totalidad, y este viejo cuerpo necesita del descanso.

Que Varda os guíe.]

De aquellos que habitan Usûlun IX

Nimruzîr, Aglarinâth, y mis padres Aradî y Ar-Abaleth, ellos fueron mi simiente, el origen de mi historia, lo que narro a continuación no fue el destino, sino la consecuencia de una cadena de actos y decisiones.

Nací en una granja al suroeste de la Ciudad de Minas Tirith, desde una edad muy temprana mis dos hermanos, Nimruzîr , Aglarinâth y yo ayudábamos en los trabajos diarios de la granja, vivíamos con lo básico, la granja a duras penas producía para poder comerciar algo, y si el invierno había sido especialmente duro, como ocurría desde hacía 3 años, el día a día era muy duro, y como todas las penurias, no vienen solas, mi padre , Aradî se partió una pierna a finales del otoño, al intentar arreglar la carreta, ya vieja de los años. De modo que mi madre, Ar-Abaleth, se dedicaba al cuidado de las pocas pertenencias que poseíamos, al cuidado de la casa y de mi padre, que aun con la pierna rota intentaba a diario cuidar los animales y hacer lo posible para aliviarnos un poco la carga.
El invierno pasado, dos terneros se escaparon de la granja, la cerca se había astillado por el hielo y mi hermano pequeño, Aglarinâth, corrió tras ellos, con la mala fortuna que cayó en un riachuelo cercano, desde entonces tiene una grave pulmonía, que aunque no le impide hacer algunos trabajos, no puede hacer la mayoría, a veces creo que solo los hace por pura voluntad, pues lo he visto morderse los labios para no toser al hacer algún esfuerzo físico, yo hago como que no lo veo, pero me doy cuenta, sé que mi hermano Nimruzîr también, pero ambos hemos decidido no decírselo a nuestros padres, demasiada carga llevan ya…esta la llevaremos nosotros.
La fortuna por fin nos ha sonreído la última primavera, y la única vaca que no hemos vendido por necesidad, ha dado tres terneros. Para el próximo día de mercado lo llevare a la ciudad para venderlos, aunque sacaríamos mas si los criásemos, no podemos permitirnos ese lujo, y necesitamos el dinero. Al ser el mayor, mi padre me enseño algunos trucos para el regateo, siempre importante en el mercado, en mi recae la responsabilidad de conseguir el mejor precio.
Fue en el último viaje al mercado que se formaba a las afueras de la ciudad blanca, en la ciudad de madera, donde escuche los rumores de un tipo, un fanático religioso del templo de una diosa que desconozco, que se dedicaba a ayudar a los desprotegidos y pobres de la ciudad de madera,…. Sin duda el dormiría en su magnífico templo, tranquilo, descansando plácidamente mientras por el día su espíritu encontraba la supuesta paz ayudando a los demás, y como todos los demás clérigos, engordaba las arcas de su templo a costa de la esperanza y el buen corazón de las gentes, que soñando con un poco de esperanza se lanzaban a los brazos de cualquier predicador, ¡malditos clérigos!, así se pudran todos en sus templos ¡!! De que vale prometer recompensas espirituales, si es el cuerpo el que sufre, y es el estomago el que ruge de hambre,…como mi familia. Intente desechar esos pensamientos mientras conducía los tres terneros y algo de verduras que habíamos conseguido con otros trueques de las granjas cercanas, mas pobres que nosotros, si ese clérigo convertía mis terneros en vacas, sin duda que lo seguiría, con ese pensamiento alegre y soltando una carcajada que hizo que varios que pasaban por su lado se giraran, siguió encaminándose hacia la explanada donde se solía poner el mercado, aun era muy temprano, pues así podría coger el mejor sitio y ser de los primeros q ofrecieran sus mercancías a los ricos de la ciudad.
Busco un buen sitio, y cepillando lo mejor posible los terneros, así como abrillantando las pezuñas de los terneros, para que tuvieran un mejor aspecto, se quedo contemplando la hermosa ciudad. Ya la había visto varias veces, aunque nunca había entrado, y siempre se sorprendía mirándola, como sobresalía del inmenso farallón de roca, la fortaleza de Minas Tirith, blanca como las nieves de las montañas, con sus magnificas torres y sus murallas interiores… Muchas leyendas escucho de esa magnífica ciudad, ahora regentada por un senescal, pero la gloria de la ciudad decayó hace tiempo, la pobreza se iba cobrando poco a poco víctimas, y lo que antaño era impensable, ahora era una terrible realidad, una ciudad de madera se formaba poco a poco a las afueras de la ciudad blanca, una ciudad que reflejaba todo lo contrario que la ciudad blanca, sin duda, la luz y la noche. Y él vivía en la noche, maldiciendo en voz baja, volvió a concentrarse en sus terneros.
Para su sorpresa, apenas pasadas unas horas del amanecer, aun el mercado estaba casi vacío, lo cual le beneficiaba, pues habría menos competencia y podría vender mejor sus terneros, escucho algo de un riachuelo que se había desbordado, retrasando incluso impidiendo que las granjas de más al norte de la ciudad pudiesen llegar a tiempo paras las mejores horas del mercado. Hoy se auspiciaba un buen día, aunque hacia frio, el sol había salido y con ese poco calor y la esperanza de volver a casa con una buena venta, le animaron. Y así fue, los criados, cocineros y encargados de cocinas de las familias ricas y establecimientos de la ciudad salieron al mercado a buscar las mejores gangas, cosa que no llego a suceder, pues existían pocas mercancías, y las que había se vendían a un precio superior al habitual. Gracias a su habilidad en el regateo y un tic que su padre le había enseñado, que conseguía dar lastima a sus compradores, consiguió vender relativamente pronto toda la mercancía que llevaba y a muy buen precio. Sonriendo, y recordando las últimas palabras de su madre: “Hijo ten cuidado, regresa en cuanto hayas acabado y recuerda, se siempre honrado”, decidió emprender el camino de vuelta.
Sin embargo , al pasar por una taberna pensó en tomar un trago que sin duda se merecía y ayudaría en el camino de vuelta, así que decidió entrar, pidió un vaso de vino aguado y salió fuera, decidió irse detrás de la taberna, se sentó en una barril medio roto, y desenvolviendo un trozo de queso que le había sobrado del desayuno y se decidió a dar buena cuenta de ello, en ese momento era el más feliz, un trozo de queso, un vaso de vino y una buena venta, si , sin duda hoy era su día de buena suerte.
Estaba tan absorto en su almuerzo que no se percato de las figura de tres hombres que se habían acercado por el callejón de la taberna. Se sobresalto al escuchar maullar un gato y salir corriendo, dejando caer el poco vino que le quedaba, soltando una maldición se levanto y se dispuso a coger el vaso cuando vio las tres figuras, el día ya no auguraba nada bueno, y volvió a maldecir.
Los tres matones, que sin duda eran, pues sus ropas grasientas y rajadas, sus barbas y pelos sucios y su olor bien podrían haberse confundido con cualquier otro habitante de la ciudad de madera, a no ser por los tres largos cuchillos que portaban. Volvió a maldecir. El hombretón del centro, parecía que era el jefe, ya que fue el primero en hablar, una pequeña cicatriz le cruzaba la frente y se adentraba en el cuero cabelludo, sin duda de alguna pelea callejera, estaba bastante gordo, como sus dos compinche, pensé que si fuesen cerdos podrían haberse vendido esta mañana por una buena cantidad, sonreí al imaginarme la imagen.
– Vaya, veo que el muchacho tiene agallas, y delante de tres hombres hechos y derechos se ríe, vaya …vaya… no te reirás tanto luego, y a continuación soltó una carcajada, que provoco las risas de los otros dos. Entre los tres no completaban una dentadura, volví a sonreír a imaginarme los tres cerdos enormes sin dientes, he…
Dame todo lo que lleves y podrás volver a tu casa con tus cerdos, y borra esa sonrisa de tu cara, o te la borraremos nosotros. Su amenaza surtió efecto y de inmediato deje de sonreír, no debía tentar más mi suerte. Maldije de nuevo, ¿porque tuve que parar a tomarme ese trago?? ¿Por hacer lo que se suponía que debía hacer? ¿Por cumplir con mi obligación con mi familia? Maldita suerte la mía.
De todas formas la solución para aquella situación era muy complicada, llevaba escondido un pequeño cuchillo que me regalo mi padre hace 2 cumpleaños, el cual mantenía siempre afilado y en buen estado, y por otro lado no podía darles el dinero, como volvería a casa sin nada?? Sería la ruina par mi familia, y tampoco podía enfrentarme a los tres matones, no tendría ninguna oportunidad, si aunque dos de ellos fuesen de verdad cerdos. La única solución era huir, los tres estaban confiados al tener enfrente a un muchacho, al que duplicaban no ya en fuerza, si no al que superaban en número y en experiencia, pero eso podía jugar a mi favor y también el hecho de que yo era más rápido, tenía que hacer un plan en segundos de forma que me diese el tiempo suficiente como para sobrepasar al matón que me cerraba el paso a la calle principal, pero ¿cómo?
Nunca fui demasiado inteligente, ningún muchacho que recibía una educación fuera de la gran ciudad, sabía leer o escribir, pero el campo, las montañas y el trabajo duro nos hacían fuertes. Y yo tenía cierta habilidad para juzgar a las personas y ver sus puntos débiles, y era bueno analizando situaciones, así que trace un plan. Era una locura de plan, pero por lo menos tendría una oportunidad.
Comencé a temblar y a realizar el tic que mi padre tan astutamente me enseño, esto hizo que los tres matones me mirasen por un momento atónito y comenzasen a reírse a carcajadas. Descuidándose aun más.
– Si muchachos, hoy es nuestro día de suerte, encima el chico es anormal, será dinero fácil, espero que no te mees en los pantalones, chico, jajaja…reían los tres.
Con un movimiento rápido que los pillos desprevenidos, gire sobre mí hacia la entrada del callejón, mientras sacaba el cuchillo de la camisa y lanzaba un tajo hacia el que me impedía la huida, no apunte a ningún lado, solo a al cuerpo. Sentí una resistencia en el cuchillo, que cedía y luego se desviaba, mientras corría hacia la salida. Sin duda fue un buen tajo, pues el cuchillo se hundió y toco hueso, no me pare a mirar, pero escuche un gran grito que acallo las risas de los otros 2, y un sonido metálico al caer el largo cuchillo que portaba.
Aprovechando el momento de incertidumbre, avance lo más rápido que pude, viendo como poco a poco mi libertad se acercaba, aquí es cuando maldije de nuevo. No evalúe bien la situación, aunque el plan en cierto modo salió bien, no juzgue bien a mis terribles adversarios y los subestime, apenas avance 5 metros cuando sentí un dolor lacerante en mi pierna derecha y otro en mi costado derecho, como cuando me caí del árbol en el verano pasado, y se me clavaron varias ramas en el estomago. Al momento, perdí fuerzas y caí al suelo de bruces, mi chuchillo salió despedido y acabo debajo de unas cajas, lejos de mi alcance y de toda esperanza de una posible defensa. Llevándome la mano al costado y mirando, puede ver como un mango sobresalía del costado y otro de la pierna derecha, así como la abundante sangre que estaba manchando mi camisa…de nuevo una maldición apretando los dientes, al mirar hacia los tres matones, uno de ellos portaba en la mano otras dos dagas cogidas por la punta, sin duda, dispuesto a lanzármelas si me atrevía a levantarme, mientras el feje gordo se acercaba maldiciendo y blandiendo tu cuchillo y con cara de pocos amigos:
– Muchacho, de esta no te libra nadie, te vamos a rajar de arriba abajo, y te dejaremos aquí para que te coman las ratas, ni tu madre podrá reconocerte.
Esa imagen, la de mi madre llorando sobre mi cadáver irreconocible, me entristeció enormemente, y por un momento olvide el dolor.

Al momento los tres estaban alrededor mía, al que corte se le caía la saliva, seguramente por el hecho de aguantar el dolor, aunque creo que más por aguantar las ganas de arrancarme la cabeza en ese momento, cosa que podría hacer incluso con una mano.
Y empezaron a golpearme, el tiempo se ralentizo de tal forma, que cada vez que me golpeaban era como si me cacease un asno en el estomago, una y otra vez, al intentar hacerme un ovillo para aguantar mejor los golpes, la daga del costado se me hundió mas, de modo que abrió mas mi herida, haciendo una más insoportable, el tiempo seguía parado, y los tres matones no se cansaban, como podían seguir golpeándome tanto tiempo, aunque en verdad pasaron solo segundos.
Lo que ocurrió a continuación aun permanece en mi memoria, y esos acontecimientos que no comprendí, con el tiempo los entendí.
Demasiado absortos estaban los tres matones golpeándome que no notaron la sombra que ocultaba la luz de la calle principal, no supe saber que era, pero era grande. Al momento oí un gorgoteo, extrañado y haciendo acopio de fuerzas vi una imagen que se me quedo en la retina, los últimos segundos que me mantuve consciente. Al que corte en el brazo le sobresalía una gran hoja de acero por el pecho, mientras miraba extrañado la hoja y a continuación miraba a sus 2 compañeros que habían detenido su paliza mortal y comenzaban a girarse, a uno de ellos no le dio tiempo, una masa de acero ,se inclino al tiempo que la hoja desaparecía del pecho del que corte, y levantaba y desplazaba con una fuerza enorme el grueso cuerpo del jefe, lanzándolo a varios metros, el cuerpo golpeo contra la pared de la taberna en un sordo crujir de huesos cayendo al suelo inmóvil. Cuando el que aun permanecía en pie logro encararse con su adversario, el cuchillo le tembló, y balbuceo algo ininteligible golpeado débilmente con su cuchillo seguí el movimiento y vi como un muro de enormes escudos detenía el movimiento fútil del matón, incluso creí percibir como los escudos laterales se cerraban aun mas, así imposible que nada ni nadie penetrase esa terrible defensa, continúe mi vista hacia arriba y dos cosas llamaron mi atención , un enorme yelmo que sobresalía sobre el muro de escudos y el movimiento lateral que la gran espada estaba haciendo, pocos segundos le quedaban de vida a mi tercer y último contrincante, en ese momento fui consciente de todo el dolor que recorría mi cuerpo, al que se le habían sumando, sin duda, varias costillas rotas. Notaba la calidez de la sangre por toda mi pierna y mi costado, y mi respiración entrecortada aumentaba el dolor provocado, sonriendo amargamente por saber el destino de los causantes de mi destino, respire hondo y me dispuse a soltar mi último aliento al tiempo que oí a una persona:
– Merien, rápido, busca un sanador.
Al abrir de nuevo los ojos, me quede un poco decepcionado, el cielo no era como yo esperaba. Ciertamente mi vida había sido honrada, exceptuando aquel malentendido con las hijas del lechero, y esperaba que todos los duros años en la granja me hubiesen agraciado con un pequeño lugar en el paraíso. Pues no era así, mi particular cielo consistía en un colchón de paja, una manta de lana y un techado de madera lleno de agujeros, por el que oía corretear ciertos roedores.
Al intentar incorporarme, la parte derecha de mi cuerpo ni se movió, a cambio sentí como si me cocease la vieja mula de mi padre, Grenjia, en toda mi cabeza, un gran dolor recorrió mi costado hasta mi cabeza. Me mordí la lengua del dolor y cerré los ojos, ¿Dónde estoy?, ¿en qué clase de cielo estoy, que aun tengo las heridas?, o…sin embargo, ¿aun estoy vivo?, intente recordar lo que había ocurrido y enlazar estos recuerdos y pensamientos, poco duro mi esfuerzo, mi intento de levantarme me dejo factura y al poco tiempo caí de nuevo inconsciente.
Abrí de nuevo ojos, poco a poco, ni me moví, intente ser consciente de las heridas, y note un quemazón en el costado, ahí estaban de nuevo, maldita sea, no sé el tiempo que he permanecido en la cama, gire mi cabeza hacia la izquierda y una mano cálida se poso en mi hombro.
-Chico, no seas tozudo, y estate quieto. Han pasado pocos días, y aun tienes las heridas abiertas, el moverte solo las abrirá de nuevo. Dijo aquella joven
-¿Donde estoy? ¿Quien eres? ¿Y mis padres??…que? balbucee, tenía la boca seca y los labios se me pegaban.
-Tranquilo, estas a salvo y tu familia también, estas en casa de mi señor, veras a tu familia cuando te recuperes un poco más. Dijo acercando un tazón con agua fresca, que bebí derramando la mayor parte. Todo ira bien ahora descansa y recupérate. Y a continuación pronuncio unas palabras, solo me pareció escuchar : “…Varda vele tus sueños…” y caí de nuevo dormido.
La tercera vez que me desperté fue por culpa de la claridad que entraba por el postigo de la ventana, desconozco el tiempo que permanecí en aquella cama. Solo recuerdo breves momentos de lucidez, recuerdo a mis hermanos y a mis padres. También recuerdo que volvía una y otra vez al callejón de la taberna , donde huía de nuevo de los tres asesinos, pero no sé por qué motivo, por mucho que corría , siempre me alcanzaban. Más tarde comprendí que las heridas se me habían infectado, y tuve mucha fiebre que me causo delirios, durante días mi vida corrió peligro, aunque tanto mi familia como mis defensores de aquel trágico accidente habían velado por mí. Todo el tiempo que estuve enfermo, ni a mí ni a mi familia nos falto de nada, las doncellas se pasaban a menudo y el caballero también, aunque debía atender asuntos casi a diario por toda la ciudad de madera, incluso en la bella ciudad blanca. Sin lugar a dudas, era un ricachón aburrido ávido de aventuras, ansioso por salvar a damiselas en peligro, y a incautos muchachos. Bueno, fuese quien fuese, le debo la vida.
Cuando desapareció la fiebre, por fin, pude ser consciente de la compañía de mi familia, que me contaron todo lo ocurrido desde el altercado del callejón. Tanto ellos con otra familia habían sido recogidos en la casa del caballero Sunthas, pues así se llamaba ese hombre, y sus doncellas, Merien y Nylia, habían cuidado que no nos faltase de nada, y habían corrido con todos los gastos.
Me dijeron que había gran revuelo en la ciudad de madera, ya que lo ocurrido en aquel callejón, aunque no era a diario, si eran acciones bastante comunes del caballero Sunthas, el cual se decía estaba un poco loco, pues casi siempre que ocurría algo era por algún motivo religioso, algún insulto a su señora o algo parecido. Muchos lo evitaban, pero sin embargo, otros muchos lo seguían y lo veían como un salvador, algo respecto a la formación de una caravana que se dirigiría hacia el interior de Gondor, una caravana formada por cualquiera de la ciudad que quisiera empezar de nuevo, dejando las miserias y penurias atrás, desde cero, no importaba lo que hubieras hecho, era según mis padres, una oportunidad para cualquiera que quisiera empezar de nuevo, de hecho también se rumoreaba que ciertos miembros arrepentidos de una banda de ladrones también irían, cosa que no agrado a mucha gente, pues temían por las intenciones de esos “arrepentidos” y por las pocas pertenencias que aún le quedaban, otros se echaron para atrás, pero otros preguntaron a Sunthas el motivo, su respuesta convenció a muchos, a otros no.
-Todo el mundo merece una segunda oportunidad, el objetivo de esta caravana es ese. No soy juez ni verdugo, no soy yo quien debe decidir si alguien se la merece o no, cada uno se forja su destino.
Mi familia, como muchos otros, vendió las pocas cosas que pudieron, y decidieron que si querían otra oportunidad, además , se sentían agradecidos por todas las atenciones recibidas. De modo que así seria nuestro nuevo comienzo, mi altercado con tres matones daría el comienzo de nuestra nueva vida, si como decía el Sr Sunthas, cada uno se forja su destino, sin duda el mío no estaría exento de peligros.
Una noche, quizás por una mala postura, no pude conciliar el sueño más de un par de horas, así que decidí abrigarme un poco con la manta y bajar al pequeño salón, con suerte habría alguna sobra de la cena en la cocina, y quizás con el estomago lleno podría volver a la cama. Mi sorpresa fue, que ya alguien había pensado como yo y se me había adelantado, y daba buena cuenta de un trozo de pollo.
– Vaya…espero que me dejes algo. Dije. Mi adversario culinario ni se inmuto, maldita sea, o es sordo o se lo hace, y no desea compartir la presa, así que decidí insistir.
– Ejem…! Sabes hablar a parte de engullir, o toda tu atención se la lleva ese pobre pollo indefenso, maldita sea, déjame algo… – Mi estomago, al cual le tengo agradecido su ayuda, rugió, confirmando así mis palabras. Fue ese sonido el que altero a mi enemigo de cocina, que se giro.
Aquel muchacho o muchacha, pues en ese momento no supe exactamente que era, no era como yo, me refiero a que sus facciones no eran como las mías. Su tez era demasiada morena como para ser a causa del trabajo en el campo, pues la camisola que llevaba, algo raída en los extremos y anudada a la cintura, dejaba ver parte de su espalda, y no era pálida, sino todo lo contrario, y un extraño dibujo recorría parte de su espalda, cuando la curiosidad me impulso a ver con más detalle aquel extraño dibujo, él o ella, con un lento movimiento de la mano, se tapo con parte de la camisa el dibujo.
Permanecí durante un momento midiendo a mi adversario, en otras condiciones hubiese actuado de otra forma, pero las heridas aun me dolían, así que era imposible que un movimiento rápido mío pudiese arrebatarle la presa a mi enemigo culinario, y no sé porque, su complexión me decía que debía ser un adversario temible en ese aspecto, si bien no presentaba una musculatura prominente, si estaba bien formado, y creo, que aunque me encontrase en plena forma, no tendría ninguna posibilidad. Así que la resignación pudo conmigo y con mi rugiente estomago, y cediendo el terreno y vencido me dispuse a abandonar la cocina y subir a lamer las heridas, pero algo me detuvo, un ruido, como un chisteo, me gire y vi como mi adversario me tendía la mitad el pollo, moviéndolo y ofreciéndomelo. Extrañado lo acepte, hice un gesto con la cabeza de agradecimiento y m senté en el suelo a unos pies de el, y así en una noche fría, en la cocina de caballero Sunthas, y compartiendo un pollo fue como conocí a Irkja, que en un futuro seriamos compañeros y grandes amigos, proveniente de una de las granjas de más al sur de Gondor, y descendiente de sangre haradrim.

El destino nos hizo compañeros, yo a partir de ese día, le defendería de los insultos de otras personas, porque por su sangre seria en cierto modo repudiado, me refiero en la ciudad de madera, en la caravana y ya una vez en Usulun, la cosa cambio. Con el tiempo comprendí, que mi defensa estaba bastante infundada, pues el bien podía defenderse, y no solo de un adversario, algo respecto a sus enseñanzas o filosofía extraña hacían que evitase toda acción hostil, mas tarde con el pasar de los años, aprecie sus enseñanzas .Yo le mostré la cultura gondoriana, así como el idioma, y el parte de las enseñanzas de su abuelo, de sangre haradrim, y algo de su estilo de lucha, muy peculiar, pero terriblemente efectiva.

A los pocos días, después de varios encuentros con mi enigmático compañero nocturno, pues coincidí con las varias veces en la cocina, incluso se convirtió en un pequeño ritual, a veces, yo cenaba poco, para poder bajar más tarde. Empezamos a trabar cierta amistad, si bien, no nos entendíamos, poco a poco aprendíamos palabras uno del otro, el había aprendido algo de oestron, así que él me entendía mejor q yo a él, pero poco a poco, la comunicación fue avanzando. Lo que aprendimos el uno del otro con el paso del tiempo es otra historia, no menos interesante y si más larga y compleja, que os contare en un futuro.

En uno de mis viajes nocturnos, escuche voces al pasar por el salo, así que, siguiendo ciertas enseñanzas sutiles de Irkja, y no muy caballerosas, me deslice silenciosamente y me dispuse a observar a esas personas, para mi sorpresa eran 3 personas ya conocidas por mí. Sentadas una enfrente de la otra se encontraba Nylia y Merien, doncellas porta escudos del caballero Sunthas, este se encontraba apoyado en la chimenea, de cara a ella, su gran corpulencia apenas dejaba que saliese alguna luz del hogar.

-……ella está equivocada, la Orden se fundó para proteger a estas gentes, a los desvalidos e indefensos, no a los ricos de Minas Tirith, detrás de sus murallas y soldados. La Suma Sacerdotisa ha perdido la razón…- Dijo Sunthas mientras tensaba los músculos, la vieja madera de la chimenea se quejo con un crujir continuo.
– Lo sé mi señor, dijo Merien, pero ¿cree que debe enfrentarse a ella públicamente?, mientras en su rostro se dibujaba la preocupación.
-Mi señor Sunthas, Merien tiene razón, debe tener cuidado, ya casi la totalidad el templo nos repudia, nos aceptan por quien fue su mentor, pero ya hace tiempo que no nos llaman para las asambleas. Ella es aun la Suma Sacerdotisa, y queramos o no, es poderosa, aunque este equivocada y nuestra Señora este de nuestro lado, es aún muy peligrosa, y posee aliados políticos que quizás….Nylia se detuvo, vio como Sunthas se giraba, y aunque esperaba ver en su rostro ira, lo que vio fue muy diferente.

Sunthas se giro, en su rostro se reflejaba la preocupación, el dolor, la angustia….el sufrimiento, los reflejos del hogar se reflejaban en el, acentuando aun mas sus facciones, se diría que era la pena en vida, se relajo y sus hombros se cayeron, quizás todo el peso que soportaba le estaba pasando factura.

Comprendí en ese momento que ese hombre no era un rico más de la ciudad blanca, no era un caballero de reluciente armadura que se dedicaba a defender a muchachos y a rescatar doncellas. Sus ropajes estaban sucios, su armadura estaba opaca, y su rostro y cabello bien podían pasar en ese momento por un mendigo. Era un hombre que estaba sufriendo, que se enfrentaba a todo lo que conocía, a sus superiores, que se daba cuenta que la política no daría de comer a todos los que cada día se reunían en las puertas de la ciudad pidiendo limosna. Era un hombre que debía decidir, y que esa decisión le marcaria la vida a partir de ese momento, lo que escuche a continuación cambio mi idea de ese hombre.

– Lo sé, sabéis que no soy hombre de política, desde que me recogió el templo, fui instruido y enseñado para obedecer los designios de mis superiores, pero algo me dice que no son los mismos que los deseos de nuestra Señora. Le debo agradecimiento tanto a la Suma Sacerdotisa, como al templo como a mi mentor, por haberme acogido, no es fácil criar a un niño ciego.- En ese momento deje de respirar…que es lo que acababa de escuchar, ese hombre era ciego?. Pero ¿como…? No es posible….- Pero es por eso por lo que debo actuar, continuo Sunthas, ella ha dejado de escuchar los designios de Varda, lo sé, y estoy seguro que si mi mentor estuviera vivo me daría la razón. Incluso hubiese actuado antes que yo.
La corrupción y el poder se han apoderado de la Orden, las injurias y los favores políticos ocupan ahora el orden del día, de la que antaño fue una Orden temida por el enemigo. Sabéis como yo que la orden se acaba, somos los últimos, incluso el campeón de Varda abandono la orden hace mucho.
No puedo esperar más, no puedo permitirme el lujo de enfrentarme a ella en las asambleas, cada día hay gente que muere, niños que enferman, las provisiones se van acabando. Debo enfrentarme a ella cara a cara, y que sea Varda quien decida, daré mi vida con gusto por defender a estas gentes, mi mentor no hubiese permitido otra cosa.
Nylia , Merien…- su rostro cambio, el dolor y el sufrimiento dieron paso a una terrible determinación, algo pareció que brillo en sus blancos ojos, y recobrando toda su fuerza y presencia…- os libero del deber de acompañarme , os retiro el titulo de porta escudos, y os nombro templarias, lo mereceis mas que muchos miembros del templo que se hacen llamar asi..

Durante unos segundos solo se oía el crepitar de los leños, y fue Nylia la que hablo primero, sonriendo.

– Usare por un momento el titulo para dirigirme a ti, Sunthas, mi honor, mi vida, todo lo que soy te lo debo a ti, y por derecho no acepto el titulo que me ofrecéis, mi señor, cambio de forma de dirigirse al caballero Sunthas y levantándose, cogió el enorme escudo y miro al hombre que tenía delante.- Mi señor, mi vida y mi fe, por Ella y por vos, y por último se arrodillo.
– Mi señor, desde pequeñas creísteis en nosotras, aguantasteis al burlas de los demás miembros del templo, que templario ciego adoptaría a dos mujeres como porta escudos, visteis en nosotras más que ningún otro, y fuiste no solo nuestro pilar, sino nuestro referente, no concibo una vida sin vos.- y cogiendo también su enrome escudo, se arrodillo al lado de Nylia.- Declino su titulo de templario, ser porta escudo suya es mi honor, permitidnos que mañana , una vez más, nuestras sangres se mezclen y que si así lo desea nuestra Señora, muera por vos. Mi Señor Sunthas, mi vida y mi fe, por ella y por vos.
Algo se reflejo en el rostro de Sunthas, una lagrima cayo por la mejilla de aquel hombre, pero lo que vi en sus ojos… miro hacia abajo y dijo.
– No habrá mayor honor que luchar con vosotras, sois dignas de Ella, y el templo temblara mañana, creedme.
Algo recorrió mi cuerpo, el sentimiento no puedo describirlo, con esa sensación abandoné ese lugar y me dirigí a mi cuarto, perdí el apetito, y algo que aun me acompaña ocupo su lugar.

Este es el comienzo de mi historia, de mis primeros días, y de cómo conocí a Irkjal, él cuando considere oportuno, pues es parco en palabras, contara la suya. Y de cómo la adversidad, la necesidad y la esperanza nos hizo participar en la caravana, y empezar una nueva vida.
Mi nombre es Zarik, hijo de Gondor.

De aquellos que habitan Usûlun VIII

¡MUERTEEE! …¡MUERTEEEE!… ¡MATALO!..una y otra vez gritaba la multitud que se congregaba para ver los combates, una y otra vez repetían las mismas palabras, el bochorno y el aire caliente que provenía del desierto aumentaba la sensación de calor, en el aire la mezcla de olores, el sudor de la muchedumbre y el estiércol del ganado encerrado en las cercas, hacían que el aire fuese pesado y difícil de respirar, aun así rivalizaba cuando la brisa lejana de la costa conseguía llegar , con el olor fuerte del clavo, del estragón o el de la savia de romero, que mitigaban en cierto modo las primeras sensaciones de repugnancia, pero hay un olor que predominaba como un rey sobre sus súbditos ,de entre todos los olores había uno perenne, el de la muerte. La tierra de esa arena había absorbido tanta sangre, que estoy seguro que ni aunque pasasen diez generaciones, ninguna planta conseguiría echar raíces.
El sonido de una hoja metálica al atravesar carne y clavarse en la tierra avivo de nuevo a la muchedumbre, que deseosa de más sangre y contenta por el espectáculo animaban a su vencedor, los que habían apostado por él, gritaban como locos, eufóricos, que prácticamente eran todos los presentes. Los gritos de alegría daban poco a poco paso a un grito unánime por todos: AL – RAZOR!!!!! AL-RAZOR!!!!! AL – RAZOR!!!! …. Todos los espectadores gritaban el mismo nombre, el pobre adversario que yacía en el suelo atravesado por una extraña espada, pasaría a la posteridad como un simple numero.
Al- Razor, dejo la espada clavada en el cuerpo, como solía hacer, y levantando los brazos, los tenso, toda la musculatura de su torso se mostro, era un hombre fuerte, sus brazos eran largos y musculosos, su torso y piernas estaban bien formados, aunque había tenido adversarios más fuertes que él, todos, y cuando digo todos, son todos, habían sucumbido a su espada. Lo que hacía a Al-Razor temible, no era su musculatura, pues si bien era fuerte, no lo era en extremo, ni su habilidad con las armas, que eran un amplio abanico, si no era una peculiaridad que solo algunos miembros de su clan poseían, sus ojos.
Según la leyenda y las antiguas historias, solo el clan Razor, de la tribu Al-Halhalaia, tenía la sangre de una antigua raza, ya hace tiempo extinta, esta sangre, en algunas generaciones y sin distinguir entre hombres y mujeres, se mostraba en unos ojos extraños, si bien son normales a simple vista, cuando acecha la muerte cambian, y se dice, que otorgan al que los posee la habilidad de predecir los movimientos del adversario, incluso anticiparse a todos ellos, es como si, en el umbral de la muerte el portador del don de los Razor, simplemente desequilibrara la balanza hacia el adversario. De todas formas, es toda una leyenda, aunque en toda leyenda hay una verdad.
Ese al que llaman Al-Razor, conocido en otros lugares como El Matador de Harad, Al-Razor el Despiadado, El Corsario, yo le llame durante mucho tiempo padre. Mi nombre es Irkjal, hijo del Matador de Harad. Esta es un trozo de su historia, y por consiguiente, los comienzos de la mía.
Al-Razor fue, y digo fue porque perdí su rastro hace algún tiempo y desconozco si sigue vivo o no, uno de los pocos gladiadores libres de Harad. Uno de los motivos por los que uno se hace gladiador es o porque cae esclavo y lo obligan a luchar, o simplemente por el dinero. Mi padre no fue esclavo de nadie en su vida, solo de sí mismo. Poco se sabe en la civilizada Gondor de los gladiadores, solo rumores o leyendas, demasiado cruel es obligar a hombres a luchar por su propia vida o libertad, pero cuando el hombre lucha por placer, la cosa cambia. Como todo en esta vida, y me costó sangre y sudor aprender, la dualidad, bien y mal, luz y oscuridad, muerte y vida, solo nosotros somos los que decidimos donde inclinarnos, y mi decisión fue hace tiempo tomada.
Tuve conocimiento de la profesión de mi padre a muy temprana edad, iba con él a las arenas a verlo combatir, desconociendo el motivo que lo motivaba, simplemente veía a mi padre hacer lo que mejor hacia, matar. Desde pequeño escuchaba a otros gladiadores, mercaderes, jugadores, incluso al propio público hablar de El Corsario. Os contare la historia que escuche de ellos y de mi madre, la cual, intento nivelar con cierto éxito la abrumadora cantidad de violencia y sangre que mis pequeños ojos absorbieron de pequeño, enseñándome otro estilo de lucha, con otro objetivo.

“En algún momento de la Tercera Edad (hacia el año 2950), apareció en Umbar un misterioso guerrero que se hacía llamar Al-Razôr. Nadie conocía sus motivos ni su pasado, pero comenzó a ser conocido en las arenas de los espectáculos de gladiadores muy pronto. Sus habilidades y su refinada crueldad pronto le lanzaron a la fama, docenas de esclavistas y representantes se peleaban por conseguir poseerlo para ellos. Pero Al-Razôr les recordó que él no era ningún esclavo, y que venía de una raza más noble que todos ellos. A partir de entonces comenzó un constante viajar por diferentes ciudades del lejano Harad, participando en tantas luchas de gladiadores como podía. Se dice que llegó a luchar en los salvajes espectáculos de Rhûn, y aún así dicen de él que aún no ha sido vencido nunca.
Al-Razôr acostumbra a presentarse por sorpresa en los espectáculos, sin anunciarse previamente. Admite un representante sólo cuando le conviene, y la mayoría de los organizadores de luchas están ansiosos por verle matar. Su indumentaria suele ser sencilla y recia, ideal para viajar y luchar con ella: una armadura de cuero simple, unas sandalias y una túnica color arena.
El Matador de Harad no conoce el cansancio, se rumoreaba por la costa, que llego a combatir 3 días seguidos, solo consumiendo una extraña hierba y agua; aun así, nadie consiguió vencerlo, aunque muchas veces ha sido herido, nunca esas heridas, han mermado su capacidad.
Lo único que se conoce con certeza es la escuela en la que aprendió, la escuela Kûninazû, del lejano Rhûn, pues al principio portaba en su peto de cuero el emblema de esta, dos espadas dentadas y cruzadas sobre una luna purpura. Cuando al principio empezó a ganar combates, se dice que otros gladiadores y esclavistas viajaron a Rhûn, a conocer los secretos de la escuela, esta permaneció cerrada desde entonces, solo un hombre, ya anciano, cuidaba de la escuela, al preguntarle este dijo. Al-Razor?… si…fue alumno de esta escuela, pocos hombres desde su partida volvieron a entrenar aquí,…su secreto, es bien fácil –Mientras empuñe un arma, Al-Razor no caerá-.”
Desde lo que se, fue temido dentro y fuera de la arena, cuando empezó a viajar buscando combates, estuvimos siguiéndolo un tiempo mi madre y yo, pero a los pocos años, se encerró en sí mismo, buscando solo combates. Mi madre asqueada de tanta violencia, y muy contraria a ella, opto por alejarme de él, no si antes, hacerse con una buena cantidad de dinero. El no se dio cuenta, o si lo hizo lo ignoro, simplemente me miro y me dijo: “vete con tu madre, el único consejo que puedo darte es que seas fiel a quien eres y como eres, mírame, me dijo enseñándome sus fuertes manos, llenas de arañazos y callos, esto es lo mejor que sé hacer, y lo único que sé hacer, no moriré en una cama, ni por una extraña enfermedad, ni siquiera envenenado, mi sangre mojara la arena que amo”. Se levanto, se irguió, y dijo: “mujer, se que le has estado enseñando tu arte, espero que le sirva de ayuda en esta dura tierra, ahora marchaos”, y sin más, se alejo.
Demasiado compleja fue nuestra vida a partir de entonces, intentamos empezar en varios sitios, pero éramos conocidos a donde íbamos, incluso sin estar con nosotros, estábamos a la sombra de Al-Razor. Así que mi madre tomo la difícil decisión de ir al norte, a las lejanas tierras verdes de Gondor, esperando que allí tuviésemos un nuevo comienzo. Ni las enseñanzas de mi padre, que fueron pocas, hasta las de mi madre, que son complejas y que no revelare por muchos motivos, no me prepararon para lo que mis ojos vieron a en los años venideros.
No ya la tierra, tan diferente de mi tierra natal, o su idioma, o sus gentes…La vida me enseño una lección, que me costó aprender, otro tipo de violencia. Harad puede ser mortal para los débiles de cuerpo, sus tierras, gentes y costumbres son duras, quizás extremadamente duras, pero en la maravillosa Gondor, vi otro tipo de crueldad, la que no te hace morir por la espada o te causa heridas: la ignorancia y el rechazo. En mi tierra éramos respetados, no por quienes éramos, sino por quien era mi padre, en Gondor ni por una cosa ni por otra, tanto mi madre y yo fuimos objeto de calumnias, de rechazo, de insultos, a cada paso que dábamos, éramos culpable de todos los años de violencia ejercida entre las dos naciones, éramos los causantes de todo el dolor de las generaciones pasadas.
Aun así, resistimos, puede que no tengamos las maravillosas ciudades de Gondor, o sus verdes bosques, o sus ríos plateados, pero Harad te hace duro, extremadamente duro, quieras o no. Las enseñanzas de mi madre, su fortaleza y su resolución fueron claves para nuestra supervivencia, si bien, no pasamos en ningún momento hambre, siempre estábamos solos.
Al principio probamos suerte en la frontera sur, casi en el linde con nuestra tierra, pero fue peor, escaramuzas entre ambos ejércitos y pequeñas incursiones nos hacían objetivo en ambos bandos, así que decidimos ir más al norte, a la gran urbe blanca, donde se decía en Harad, que la misma ciudad blanca salía de la montaña mostrando sus torres de plata pura y sus calles de oro.
Si bien es cierto que cuando llegamos a Minas Tirith, nos impresiono su belleza y su grandiosidad, también es cierto que eran dos ciudades en una. Dentro la magnífica ciudad de reyes, descendientes del linaje de Elendil, fuera, la ciudad de madera, perteneciente al linaje de nadie y gobernada por la avaricia de muchos. Nunca pudimos entrar en la ciudad blanca, siempre nos negaron el paso, aunque tengo que decir que los guardias mostraron más respeto que muchos compatriotas suyos y bastante menos afortunados, siempre encontraban alguna escusa. También debo decir que no solo encontramos escollos cuando pisamos tierras gondorianas, muchas gentes mostraron afecto, comprensión y respeto, y a todas ellas les debemos agradecimiento, nuestra vida en algunos casos y en otras el simple calor de un hoguera.
Fue en la ciudad de madera, donde por causas que aun desconozco, mi madre me dijo un día:
“ Irkjal, he soñado con Él, El que camina en sueños, desde pequeño he sabido que tu destino no está en las arenas de Harad, sino en las tierras de Gondor, pero debes forjártelo tu, yo he sido tu guía, te he enseñado lo que se, el Camino de la Mano, eres fuerte y honorable, y sé que también eres justo. Nuestro futuro esta con este hombre, pero él no lo sabe, aun no escucha sus sueños, cuando lo haga, nos buscara y encontrara. Debemos ser pacientes. El que camina en sueños está marcado por la luna de Harad”.

Siempre he sabido que éramos una familia peculiar, mi padre Al-Razor, bueno, ya os he hablado de él. Pero mi madre, en el clan, antes de irnos con mi padre, era una mujer respetada, por su sabiduría y su capacidad para ver ciertas cosas que otros no pueden, y por ser portadora de un conocimiento que pocos conoce, el Camino de la Mano, un estilo de lucha, desconocido en estas tierras, pero que durante generaciones se ha practicado en las mía con un objetivo principal, el control del cuerpo y la potenciación del mismo, haciéndolo uno solo con lo que lo rodea, uniendo cuerpo y alma, en una palabra que denominamos Chi. Mi madre me enseño a no usar estos conocimientos para hacer daño a nadie, y solo en casos extremos donde la vida de alguien pueda correr peligro. El primer principio es simple: toda vida merece respeto, yo formo parte de ella. Pero lo que mi padre no me mostros, hasta después de muchos años de duro entrenamiento y estudio, es que hizo de mi cuerpo un arma perfecta. Cuando descubrí esto, mi madre solo me dijo una frase que me marco. “El hombre es un ser extraordinario, capaz de albergar compasión y una gran violencia. Que camino elegirás?”
Desde pequeño he sabido que soy capaz de grandes logros, he sentido como el desierto me hablaba, que la brisa trayendo el olor a especias envolvían mi cabello, que el sol calentaba mi piel, era consciente de todo lo que me rodeaba y de mi potencial. Ahora se que camino elegir, el Camino de la Mano, demasiado sufrimiento he visto, y si puedo cambiarlo, lo hare.
En otro momento os contare como conocí a Sunthas, El que camina en sueños, pues fue un encuentro que nunca olvidare. Ya sabéis como conocí a mi compañero y prácticamente mi único amigo, Zarik, el aunque sabe de su don, desconoce tu potencial, aprendí de mi madre la capacidad para notar ciertas habilidades ocultas a los demás, el no es hábil en muchos campos, pero posee una enorme capacidad de análisis y, aunque no lo sabe, es un magnifico estratega.

de aquellos que habitan Usûlun VII

Mi historia comienza en una pequeña aldea del norte de Pelarguir, mi padre era el mejor herrero de la zona, muchos venían a la aldea buscando las maravillosas capacidades de mi padre a la hora de herrar, forjar y reparar objetos de metal. Pero una de las cosas por las que era más conocido era por su método revolucionario, en estas tierras, de templar el metal.

Su acero tenía una consistencia especial, según mi padre lo había aprendido hacía muchos años en el Harad, pero eso lo mantenía en secreto; nadie quiere compara espadas si están haciéndolo con las técnicas del enemigo. Pero ese acero tenía una gran calidad, mi padre se encerraba en su forja a cal y canto cuando le encargaban una espada, durante horas y días se apartaba del mundanal ruido, como si fuera un ermitaño asceta.

Cuando tuve edad para aprender el oficio yo me encerraba con él para así conocer esa extraña habilidad. Mi padre compraba pieles a los tramperos de la zona, las amontonaba en bloques de 20 pieles y los anudaba formando un bloque compacto de pieles, una vez formados esos bloques los guardaba en una pequeña habitación dentro de la forja, protegida por una puerta a la que se le había añadido una manta que se humedecía continuamente para evitar incendios.

El procedimiento consistía en introducir la pieza de acero, aún al rojo vivo, en uno de los fardos de pieles; eso, según decía mi padre hacía que el acero se endureciera. Pero no sabía a ciencia cierta el por que de esa dureza adquirida. Según mi padre en el Harad se introducía en el cuerpo de un esclavo o de un prisionero de guerra. Mi padre creía que eso era una práctica bárbara, y que probó, durante su estancia allí, otras sustancias que pudieran llegar a dar esa dureza al acero que forjaba.

Me instruyó casi diez años, hasta que fui reclutado por las levas de Pelarguir. Las incursiones de los Piratas de Umbar se habían hecho más insistentes y frecuentes. Aunque mi padre intentó convencerme de que me podía negar, pero en esa época de juventud me llamaban las aventuras y el conocer lugares nuevos. Me uní al destacamento en tierra de los infantes de Pelarguir, durante seis meses fuimos instruidos en las técnicas de lucha y en las técnicas de navegación y combate naval.

Tras esos seis meses me destacaron en la dotación de un barco de combate que patrullaba las costas de Gondor, el nombre del navío era El Temido, un viejo cascaron con 20 remos por estribor y 20 por babor; tenía un mástil con una vela cuadrada, también poseía un espolón para embestir a las naves enemigas; ese tipo de navíos se denominaba liburna.

Tuvimos mucho trabajo durante meses, hundimos un par de barcos ante las costas de Anfalas, como las estrategias de los corsarios habían cambiado, se nos introdujo en un grupo de embarcaciones. Éramos tres navíos, otra liburna el Delfín, y una Galera, La Bendición de Ulmo, que servía de buque insignia; la galera impulsaba sus remos con la fuerza de delincuentes con delitos de sangre o de prisioneros de otros navíos corsarios apresados, eso hacía que su dotación de infantes estuvieran más descansados en el combate. A nosotros nos tocaban turnos de remo de varias horas.

Durante cinco años el Temido hizo honor a su nombre, y acompañada del Delfín y de la Bendición de Ulmo mantuvieron la paz en las costas cercanas a Anfalas. Pero durante una incursión corsaria a los pueblos costeros, nos encontramos con una tormenta imprevista y de una magnitud jamás vista por aquellas costas, durante el atardecer pudimos divisar un trirreme que se acercaba demasiado a la costa, según el vigía, le había parecido ver la insignia o el emblema de una embarcación de la Isla de Tolfalas, pero no podía asegurarlo.

La embarcación fue perdida de vista antes del anochecer, la tormenta arreció durante la noche, fue algo espeluznante, los mamparos crujían y algunas de las jarcias fueron arrancadas por el viento, tuvimos que recoger el velamen. Perdimos a dos buenos hombres, el viento aullaba como si las almas del infierno hubieran venido a llevarnos al mismísimo averno. Y las olas eran tan espantosas que parecían las Oscuras fauces de Carcharoth, aquel que devoró la mano del malogrado Beren. Los hombres murmuraban peticiones a Ulmo y a la Reina de las estrellas para que guiaran al navío lejos de las rocas cercanas a la costa, y aplacaran la Cólera del mar.

La luz de la mañana nos trajo la calma y la triste noticia de la pérdida del Delfín, la Bendición de Ulmo había sufrido graves daños perdiendo el velamen y parte de uno de los mástiles, nuestro navío había sufrido daños pero de menor consideración, gracias a la fortuna y a la experiencia de nuestro capitán, un marino curtido en grandes tormentas.

Pensábamos que nuestros infortunios habían terminado, cuando el vigía anunció ver velas negras en el horizonte. Nos preparamos para el combate, pero apareció la desolación en los ojos de muchos marineros cuando descubrimos que una de las dos naves que se acercaban era el Fuego de Umbar. Un barco conocido por todos por su capacidad de destrucción.

En el primer ataque, la nave que acompañaba al fuego de Umbar, con una serpiente marina sobre campo rojo; embistió al Bendición de Ulmo, la nave no tenía empuje ni maniobrabilidad y era una presa fácil, pero sin embargo su dotación peleó con bravura y se hizo con el control del barco corsario, Eso nos dio bríos y nuestras fuerzas se vieron aumentadas, en nuestro combate era más duro, jugábamos al ratón y al gato con el fuego de Umbar. El navío corsario era más pesado, pero tenía su velamen completo y nosotros teníamos algunos desgarros en la vela y estábamos agotados tras la tormenta. Poco a poco nos dieron caza, el primer ataque que recibimos fue fuego arrojado desde una de sus catapultas, e impactó en la cubierta de estribor, pero algo extraño, al arrojar agua sobre la cubierta el fuego se intensificó, el capitán puso rumbo a la cercanía del otro barco corsario, tomado por la dotación del Bendición de Ulmo.

Faltaban algunas decenas de metros cuando el Fuego de Umbar nos abordó, peleamos con furia, pero la dotación del navío corsario nos superaba en número. Caí herido por el hacha de uno de los corsarios que me cercenó la pierna derecha por debajo de la rodilla y perdí el conocimiento.

Cuando desperté me encontré en el barco corsario, pero rodeado de mis compañeros; me contaron que la nave apresada había acudido en nuestra ayuda cuando lograron desenganchar la nave del Bendición de Ulmo que se estaba hundiendo, el combate se había recrudecido y cuando todos pensaban que había llegado el final del Temido, aparecieron dos navíos de nuestra flota que hicieron que el fuego de Umbar se diera a la fuga.

Al llegar las dos naves de nuestra flota acudieron en nuestra ayuda y no persiguieron al Fuego de Umbar, su fama le profería cierto carácter mágico y se dedicaron a ayudarnos y curar nuestras heridas.

Al llegar a Pelarguir, se nos llevó a los heridos a las casas de curación, donde se nos intentó sanar las heridas, pero sin embargo perdimos varios compañeros a causa de la pérdida de sangre o de infecciones posteriores.

El capitán y varios compañeros me visitaron mientras se reparaba el Temido, el navío apresado pasó a formar parte de la flota de Pelarguir y le fue entregado a la dotación del Bendición de Ulmo, se le cambió el nombre por Suerte del Infante, en conmemoración a la fortuna que nos salvo de perecer en el combate con el Fuego de Umbar. Recibí también una grata noticia, el Delfín había aparecido en puerto con los mástiles destrozados, parece ser que perdió el rumbo en la tormenta y tras perder los mástiles el capitán había ordenado retirar los remos para preservar por lo menos un medio para moverse por el mar y no acabar a la deriva.

Tras varios meses de recuperación fue licenciado del servicio, se me asignó una paga por heridas de guerra y se me recomendó volver a casa. Mi aventura en la flota de Pelarguir había durado 7 años y como recompensa había perdido parte de mi pierna derecha, que había sido sustituida por una pobre copia en madera. Sólo me quedaban dos opciones: volver junto a mi padre y acabar mis días como herrero o acabar como un pobre borracho de los que pululaban por el puerto contando historias sobre batallas y viajes a cambio de bebida.

Opté por la primera opción, así que me armé de valor y tras despedirme de los que tras varios años habían sido mis compañeros, vivos y muertos, y me encaminé hacia la pequeña localidad donde ejercía su oficio mi padre. Con la paga que había recibido al licenciarme puede comprar un buen caballo de tiro y un carro, un poco destartalado pero que se mantenía en pie.

Al llegar a Sungyr, así era como se llamaba la aldea donde crecí, me encaminé hacia la zona norte de la población, donde estaba la forja de mi padre, al ir acercándome pude ver la figura de mi madre esperando junto a la entrada de la vivienda, pude ver que sonreía y que miraba con dulzura.

Gritó algo y corrió hacia mí, llegó junto al carro y me agarró la mano, si la visión de la pierna de madera la turbó, no lo demostró sus lagrimas eran de alegría por tener de nuevo a su hijo en casa. Me ayudó a bajar del carro y a llevar el caballo a la parte posterior de la vivienda donde se encontraba el establo.

Justo cuando me encaminaba ayudado por mi madre hacia el establo apareció mi padre, un hombre grande y tosco, que engañaba con su aspecto, pero que era poseedor de un gran corazón, se acercó a mi corriendo y me abrazó como un oso, tenía lagrimas en los ojos pero ni él ni mi madre hicieron referencia a mi nueva fisionomía.

Les puse al día de mis últimas experiencias, las cartas que les escribía eran pocas debido a que estaba siempre embarcado y pocas veces atracábamos en puerto el tiempo suficiente para mandar cartas a nuestras familias.

Así fue como llegue a ser un herrero de renombre, mi padre y yo podíamos ahora hacer mayor número de encargos, lo cual hizo que el trabajo de calidad de nuestra forja, se conociera en ciudades importantes del reino de Gondor, algunos de mis compañeros venían a visitarme cuando tenían permiso y a veces nos hacían encargos, la calidad de nuestras armas se corrió por la flota y eran muchos los pedidos que nos llegaban desde Pelarguir, tanto que mi padre tuvo que buscar nuevos suministradores de hierro e incluso tomamos dos aprendices a nuestro cargo.

Así transcurrieron 4 años, la aldea empezó a prosperar, eran más los mercaderes que paraban en la aldea y se construyó una taberna para darles alojamiento. Incluso un día apareció ante la puerta de mi casa el mismísimo capitán del Temido, estaba alojado en la taberna, algo que no acepté, mientras estuviera allí estaría establecido en mi casa y no aceptaría una respuesta negativa. Así que sin escuchar sus quejas agarré sus pertenencias y las acomodé en una habitación que había acondicionado en mi casa. La forja había dado suficiente como para tener mi propia casa separada de la de mis padres.

El capitán estuvo varias semanas poniéndome al tanto de las noticias de la flota, que no podías contarme los marineros que venían por los pedidos. Me comentó que hace varios años que el fuego de Umbar no se había visto en el mar y que se rumoreaba que había sido presa de una tormenta y que sólo Ulmo había podido acabar con él y su tripulación, pero que nadie había encontrado restos que confirmaran esas noticias.

Al acabar su permiso entregue al capitán una de mis mejores espadas, pidiéndole que diera buen uso de ella, y que le concediera fortuna en el combate.

Al año siguiente de la partida del capitán del Temido, la tierra tembló, y llegaron noticias que la gran torre de Pelarguir había sufrido daños y se solicitaba la ayuda de todos los que pudieran ayudar a la reparación de la torre. No podíamos dejar la forja, pero muchos de nuestros convecinos se encaminaron hacia Pelarguir, así como de las grandes ciudades de los alrededores.

Hubo mucho movimiento de gentes los meses siguientes y muchos pasaron por Sungyr, trayendo noticias en uno u otro sentido. Un día mi madre llegó a la forja muy excitada, había escuchado que en el norte había un pueblo fortificado que contaba con una fuente milagrosa que curaba las heridas y era capaz de restituir los miembros amputados, me sorprendió que mi madre creyera en esas patrañas, y le dije que eso eran cuentos de viajeros, ella insistió y le prometí que cuando acabaran los pedidos iría a esa Milagrosa ciudad de Usulun; mi madre sabía que los pedidos no acabarían nunca.

Durante ese invierno mi madre cayó enferma, y por muchos sanadores que la visitaron no se pudo hacer nada, la fiebre la envolvía y la arrastraba a un mundo de dolor y sufrimiento que hacía que mi padre viera como el amor de su vida se consumía ante sus ojos sin poder hacer nada. La enterramos dos semanas después en una colina cerca de casa en la que solía descansar mirando el cielo y los pájaros, allí donde de pequeño me enseñó los nombres de las cosas y me contaba historias de los grandes señores de Gondor. Y para recordarla mi padre forjó una estela de su mejor acero, y gravó su nombre para que perdurara siempre, allí con letras de acero selló su corazón mi padre, su preciosa Ironil descansaba en el lugar donde se habían prometido amor eterno.

Mi padre se volvió un ser taciturno, a veces lo encontraba su aprendiz mirando una pieza de hierro al rojo vivo, mientras susurraba el nombre de mi madre. Se olvidaba de comer, a veces se perdía de camino a casa desde la forja y vagabundeaba por la colina donde estaba enterrada mi madre. Tres meses después de la muerte de mi madre, encontré a mi padre sentado en la mesa de su casa, me había extrañado no verlo en la forja y su aprendiz me había dicho que había estado en su casa y que no había contestado a sus llamadas a la puerta. Me preocupé y entré, allí estaba sentado me acerque y vi que no reaccionaba ante mi presencia, fui dando la vuelta a la mesa y pude ver que mi padre sostenía algo entre sus manos, me acerque y le toqué, su piel estaba fría, debería llevar varias horas muerto, entre sus manos sostenía el anillo de mi madre y el suyo, dos aros de acero pulido que mi padre grabó, con sus nombres, como regalo de bodas. El llanto atenazó mi garganta y durante un tiempo solo pude llorar desconsoladamente por la pérdida de mi padre.

Lo enterramos junto a la tumba de mi madre, acudieron muchos vecinos para despedirse, forjé una estela en la que grabé el nombre de mi padre, Corad, y la coloqué junto a la de mi madre, esa colina había sido testigo de sus primeros amores y ahora sería guardián de su amor eterno.

Ahora ya nada me unía a mi aldea, traspasé la forja a los dos aprendices pero yo recibiría un porcentaje del dinero que se ganara a cambio de que yo les mantuviera la clientela, un negocio con éxito seguro y los dos aprendices habían adquirido habilidad suficiente para seguir con el trabajo sin que la fama de la calidad de la forja de mi padre se viera mermada.

Arregle la venta de mi casa, quedé con ponerme en contacto con mis dos aprendices para que mis ganancias fueran enviadas a un banquero de la ciudad de Dol Amroth, conocido de mi padre y hombre de confianza, ciudad que estaba más cerca del milagroso pueblo de Usulun del que habló mi madre, y me dispuse a despedirme de mis padres, lloré desconsoladamente ante las tumbas de ambos, es algo de lo que no me arrepiento, y juré a mi madre que buscaría esa fuente milagrosa en la que ella había creído.

Monté en el carro que me llevó de vuelta a mi casa hace ya seis años y me encaminé hacia el nacimiento del rio Ringló donde se encontraba ubicada la ciudad de Usulun, tras varios meses de viaje llegué a Dol Amroth, donde me reuní con el Sr. Larodruck al que puse al tanto de mis negocios y al que pregunté por la ubicación exacta de Usulun, él me comentó que había escuchado algo de los habitantes de esas tierras, y que conocía a alguien que me podría poner al tanto de su ubicación y ponerme en contacto con alguien del gobierno de la ciudad. Tras llevar una semana en Dol Amroth el Sr. Larodruck me llevó a conocer al señor Spa, un prestigioso herrero conocido en todo el territorio de Gondor por la calidad de sus trabajos.

El señor Spa, un hombre de cierta edad pero todavía con la fuerza suficiente en su interior para seguir muchos años forjando prodigios, nos atendió con mucha cortesía y cuando descubrió quien era yo y de quien era hijo me trato con mucho respeto, algo que me sorprendió, resultó que mi padre había sido su alumno antes de marcharse a Harad a aprender la técnica del Damasquinado, y que cuando volvió al primero que visitó para informarle de su descubrimiento fue a su antiguo maestreo el Sr. Spa, ese secreto que mi padre se llevo a la tumba me dejó turbado, por que el señor Spa me comentó que mi padre se carteaba a menudo con él y que fue el mismísimo señor Spa el que había informado a mi madre de la existencia de esa fuente milagrosa.

En total estuve en la ciudad dos meses en los cuales estuve ayudando al Sr. Spa con sus pedidos en la forja, era un alivio notar el martillo otra vez en mis manos, y él lo sabía me informó que en Usulun haría Falta un herrero como yo, si llegado el caso me decidía a establecerme allí. Me escribió una carta para una de las dirigentes del pueblo y otra para un buen conocido suyo que podría ayudarme a establecerme el Sr. Dîn un enano de corazón noble muy apreciado por el señor Spa.

Y esa es mi historia señora y señores, y tras esta larga historia nada mejor que decir mi nombre, me llamo Morn.

Y les ruego que si lo creen conveniente o me creen merecedor de ello me llevaran a la fuente de la que todos hablan, para después de casi 7 años poder volver a recuperar mi pierna como me hizo prometer mi madre, si eso fuera posible. Y me gustaría establecerme aquí como me propuso el Sr. Spa.

de aquellos que habitan Usûlun VI

Jelpi y Kaila pertenecían a la caravana de norteños del pueblo de Penstow que abandonaron su pueblo para escapar de los ataques cada vez más frecuentes de trasgos y trolls de la zona. Gracias a la ayuda de cinco guerreros pudieron llegar a Nothva Raglaw, pero al llegar no se encontraron con una zona libre de ataques, sino que fueron llamados a las armas para proteger la zona de un ejército acantonado en el Vado de la Carroca. Ellos dos y muchos de los habitantes de Penstow y Nothva Raglaw acudieron a la llamada de Grimbeorn, así como muchos hombres del bosque. Kaila no se dejó convencer por Jelpi para que se quedara con el resto de los refugiados en el pueblo, ella siempre había sido la parte prudente de la pareja y no le iba a dejar que se marchara solo a una guerra con lo impetuoso que era Jelpi.

Ella que había aprendido a confeccionar ropas de muy buena calidad, aprendiéndolo de su anciana abuela, aunque en poco tiempo fue capaz de superar a su maestra algo que hizo que su abuela estuviera orgullosa de su única nieta. Jelpi por el contrario era curtidor de pieles de cuarta generación. Aunque viviendo donde vivían debían de conocer el manejo de las armas y no sólo conocerlas sino que tener habilidad con ellas podía salvarte la vida.

Así que se unieron a los hombres de Nothva Raglaw en su marcha hacia el vado de la Carroca, para ponerse bajo las ordenes de Grimbeorn, y luchar junto a los hombres y mujeres del bosque, así como junto a aquellos que los esperaban en la ciudad norteña de Framburgo, donde se iban a concentrar un contingente de guerreros que dieran tiempo a que se terminaran las defensas de la ciudad de Maethelburgo. Los destinados a esa última ciudad fueron aquellos que tuvieran habilidades con el cuero, la madera y los telares, para fabricar armas de asedio y excavar las trincheras que pudieran contener al ejército de trasgos que se estaba acercando.
El combate en Framburgo fue durísimo, aunque ellos fueron destacados Maethelburgo junto a otros jóvenes, algunos de la ciudad de Framburgo los hombres del bosque, para preparar las defensas. Mientras eso ocurría, en la ciudad más al sur se concentraban los combates más duros para conseguir que ellos y los habitantes de la ciudad pudieran construir sus defensas.

Esto hizo que se hicieran grandes amistades, Kaila hizo mucha amistad con una chica de la ciudad de los Hombres del Bosque, llamada Alja, ella le hablaba que era capaz de conseguir un tejido de una trama muy densa de tal manera que permitía mantener el calor corporal. Le comentaba que eso lo hacía con un instrumento llamado telar, un artefacto que era desconocido para Kaila.

Jelpi, trabó mucha amistad mientras cavaban las defensas, eran un grupo muy unido, formado por él, dos jóvenes cazadores de Nothva Raglaw, Jervi y Syljeru y otro joven de la Ciudad del Bosque llamado Keilai, un carpintero de cierta habilidad, había sido capaz de construir algunas maquinas de asedio con tan sólo mirarlas durante un par de horas, eso mejoró la capacidad defensiva, dando cierta capacidad de ataque a los defensores de dentro de las murallas.

El tiempo que pudieron dar los defensores de la ciudad del sur fue más que suficiente para terminar la defensa de la ciudad de Maethelburgo, una noche sonaron las alarmas de que un contingente de figuras se acercaba a la puerta de la ciudad, todos estaban preparados para el ataque, pero en el último momento el encargado de dar la orden pudo distinguir la enorme figura de Grimbeorn y ordeno no disparar las flechas que ya estaban preparadas en los arcos.

Los gritos de bienvenida llenaron el aire cuando empezaron a ver a sus compañeros, aquellos que les habían dado esos valiosos días de tiempo. Pero al ver las reducidas tropas que seguían a Grimbeorn los gritos fueron apagándose poco a poco. Cuando llegaron a la puerta reinaba un gran silencio, muchos habían caído para que ellos pudieran terminar las defensas y esas defensas serían el final de los trasgos; ese fue el juramento de aquellos que estaban en las almenas.

Grimbeorn contó lo duro que fueron los combates, en un principio pudieron repeler sus ataques fácilmente, debido a que aquel que dirigía a las tropas pensaba que la defensa de la ciudad no estaría organizada.

-Los primeros den atacar fueron los Scarahai, intentando entrar sin ser oídos y levantar los rastrillos y abrir las puertas para franquear la entrada a sus tropas. Pero estábamos preparados, aunque muchos de los que estaban destinados a la guardia perecieron antes de dar la señal de alarma. Pudimos evitar que cumplieran su cometido pero costó muchas vidas, más de las que pudiéramos permitirnos.
Pero la suerte cambió, cuando una mañana al amanecer vimos como los scarahai levantaban su campamento y se retiraban no sin sufrir las burlas del contingente que quedaba atrás, eso provocó ciertas bajas entre el ejército de trasgos. Así que por lo menos perdimos de vista a unos de los grupos más peligrosos del ejército de trasgos. Las hordas de trasgos atacaron una y otra vez, mermando sus fuerzas y las nuestras.

Una mañana decidimos que había llegado el momento de replegarnos hasta aquí, así que nos despedimos de los caídos y por la noche emprendimos una marcha apresurada, creemos que nos siguen a muy poca distancia.-
En ese preciso momento sonó la señal de alarma, todos corrieron a sus puestos; Anja y Kaila se colocaron en las almenas con sus arcos prestos a entonar una sonata de muerte. En cambio Jervi, Syljeru, Jerpi y Keilai se colocaron como dotación de una de las balistas y defendiendo las murallas ante un posible intento de colocar escalas.

Muchos trasgos perecieron bajo las saetas de Anja y Kaila, hasta que tuvieron que ir dejando su puesto para recoger flechas del enemigo para poder volver a dispararlas. En la posición en la que estaba Jerpi, podía ver si su amada de encontraba en peligro y así poder acudir en su ayuda. Y eso fue lo que sucedió, una de las escalas se afianzó en dicha zona y entraron en tropel decenas de trasgos, mientras sus amigos mantenían la posición Jerpi acudió a ayudar a Anja, Kaila y sus compañeros defensores, la lucha era sangrienta, había cuerpos por todas partes, tanto de hombres y mujeres como de trasgos. Tras varios minutos de lucha pudieron contener el embate y soltar la escala, así como evitar que otras ocuparan su lugar.
Tras el primer ataque muchos habían caído, Anja y Kaila habían sufrido varias heridas de diferente consideración, Jerpi tenía un feo y profundo corte en el muslo derecho, sus otros compañeros tenían heridas leves y quemaduras de manejar la brea hirviendo. Llevaron a Jerpi a los sanadores para que le curaran la herida y se dispusieron a descansar durante su pequeño turno de descanso.

Una y otra vez repelieron los ataques de los trasgos del Monte Gundabad, no sin un coste elevado de vidas. Pero una noche Grimbeorn, junto con los dirigentes del ejército de hombres libres, decidieron intentar un ataque desesperado para acabar con el dirigente de aquel ejército. Así fue como se prepararon para la lucha final, era eso o morir de hambre y sed dentro de la ciudad. Y así fue como por la noche descargaron todas las balistas sobre el campamento de los trasgos, así como proyectiles incendiarios, para evitar que descansaran, ellos iban durmiendo por turnos para estar descansados para el combate final.

Y en una plomiza mañana, sonaron los cuernos de batalla y se abrieron las puertas, y un ejército de hombres y mujeres libres se encaminó a un destino incierto, entre ellos corrían varios grandes osos, algo que extrañaría a un testigo neutral. Los hombres entraron en el campamento enemigo arrasándolo todo y matando a todos los trasgos que se interponían en su camino, muchos cayeron, pero su objetivo era claro la tienda insignia del ejercito, allí un trasgo enorme intentaba poner en orden una defensa que evitara su destrucción; pero en los ojos de los hombres y mujeres del ejercito de Maethelburgo brillaba la luz de la locura, la locura de preservar sus vidas costase lo que costase. Y eso fue lo que insuflo en sus brazos y sus corazones el coraje para seguir combatiendo sin notar el cansancio.

El combate fue feroz y se abrieron paso hasta el jefe de los trasgos y para el terror de los trasgos, mientras defendían a su jefe un enorme Oso pardo surgió de entre la hueste humana y decapitó al gran trasgo de un tremendo zarpazo que hizo cundir el terror entre los trasgos y hacerlos huir en desbandada, dejando atrás armas y escudos, así como a los heridos y moribundos.

Y de esa manera acabaron los hombres del norte con las hordas de trasgos del Monte Gundabad. Tras acabar con la resistencia de unos pocos trasgos que se negaban a marcharse y de terminar con la agonía de los trasgos moribundos, se reunieron para recoger a sus heridos y moribundos, así como dar sepultura a sus caídos. No hubo celebraciones por la Victoria, pero en los ojos de todos los supervivientes se podía leer la esperanza de poder seguir con una vida nueva.

Tras la victoria ante las hordas del Monte Gundabad, Kaila y Jelpi decidieron que no querían ver crecer a sus hijos en tierras tan inhóspitas, y recordaron que los cinco extranjeros que los ayudaron en su éxodo, habían hablado de un pueblo llamado Usulun, cerca del nacimiento del rio Ringló, junto a las montañas blancas. Se lo comentaron a sus amigos y al llegar al vado de la Carroca se despidieron aunque Keilai y Alja les pidieron que no partieran sin esperarlos, Ambos habían decidido ir con sus respectivos amigos hacia el Este.

Al llegar a Nothva Raglaw Kaila y Jerpi informaron a sus familiares y decidieron que tras el invierno partirían hacia Usûlun, así que prepararon las cosas durante la temporada de nieves, Kaila tejiendo y confeccionando la ropa para el viaje, y Jerpi curtiendo cuero para que les prepararan buenas botas para la larga marcha.

Al llegar la primavera vieron aparecer a sus amigos, la primera en llegar fue Alja, y dos días después llegó Keilai, llevaba sus herramientas con él. A la semana de la llegada de Keilai se dispusieron a partir, mientras se despedían de sus familiares, se sorprendieron de ver llegar a Jervi y Syljeru, dispuestos a partir también; habían hablado con su familia de los planes de seguir a sus amigos hacia tierras donde abundara la caza. Además ellos no iban a dejar a sus amigos partir solos sin protección. Y armados con sus lanzas y arcos se unieron a la comitiva.

Durante el viaje a Usulun, Keilai y Alja mantuvieron largas charlas sobre la construcción de un telar al llegar a Usûlun, y de cómo podría ganarse la vida Alja. Y de cómo ella y Kaila podrían poner un taller para hacer trajes y túnicas uniendo el tejido de Anja con los diseños de costura de Kaila. El viaje transcurrió sin incidentes, las gentes de las granjas que encontraban les ofrecían comida y cobijo y a cambio ellos les ayudaban a recoger la cosecha o a cortar leña para el invierno. Keilai y Anja fueron haciéndose grandes amigos y entre ellos acabó por forjarse una relación más profunda que acabó en un romance.

Y tras esto y un camino tranquilo, llegaron un caluroso día de verano las murallas semiconstruidas de Usûlun. En la puerta, se les requirió sus nombres y el motivo de su llegada a la ciudad. Al solicitar ser miembros de Usulun, se les llevó junto a la Señora Grajo, para que explicaran sus motivos para querer formar parte de la comunidad de Usûlun.

Se les condujo a una casa grande en medio del pueblo fortificado, cercana a una zona arbolada que los maravilló y que por un momento lleno de añoranzas los corazones de Keilai y Alja. Al entrar en la gran casa accedieron a un salón sencillo pero amplio, y sentada en una mesa amplia se encontraba una joven morena con un niño en sus brazos, en su cara se apreciaba la firmeza de una persona que rige la vida de varios cientos de personas. Se presentó como la Sra. Grajo, cuando todos se presentaron apareció un hombre de mediana edad al que presentaron como la Rosa, de profesión carpintero y un joven de baja estatura, aunque con el pelo totalmente blanco al que presentaron como Haedrec.

Tras acabar las presentaciones estuvieron charlando de cómo Sunthas y sus compañeros habían ayudado al pueblo de Kaila y Jelpi, también comentaron las noticias de la guerra y la victoria de los pueblos norteños sobre las hordas del Oscuro. Mientras charlaban un joven trajo bebidas y algo de comer para todos.

Ya había anochecido cuando La Rosa los acompañó a un edificio que servía de dormitorio comunitario a los recién llegados y a aquellos a los que se les estaba construyendo sus casas. La Rosa les explicó que todos ayudaban a construir las casas y que eso hacía que la comunidad estuviera más unida. Cuando los dejó en sus camas asignadas le preguntó a Keilai si le gustaría ser su aprendiz, llevaba tiempo buscando uno pero no había encontrado a nadie que tuviera las actitudes necesarias para el oficio. El joven Keilai aceptó y quedaron en el taller de La Rosa para la mañana siguiente. Tras comentarlo con sus amigos se fueron a dormir con la certeza de haber encontrado un lugar al que pronto llamarían Hogar.

Durante semanas colaboraron con la comunidad de Usûlun para conseguir que fuera un pueblo envidiable, Anja y Kaila se ofrecieron a la Sra. Grajo para ser sus doncellas, pero ella sólo accedió a tenerlas a su servicio hasta que fueran capaces de desarrollar sus oficios en la ciudad.

Keilai trabajó duramente con La Rosa, al Igual que su maestro, ya que el trabajo de carpintero estaba muy solicitado durante la construcción de las casas de Usûlun. Durante los pocos tiempos de descanso Keilai le explicaba a La Rosa como fabricar un telar para Anja, y como su pueblo fabricaba pasarelas para vivir en los arboles y protegerse. La idea del Telar le llamó la atención a La Rosa y entre los dos fabricaron uno para Anja y esta lo probó para La Rosa, Haedrec, Camlan, Aeghen y la Sra. Grajo y realizó una demostración ante los asombrados miembros del Concejo, la tela que tejió Anja era de una calidad excelente y era muy apropiada para confeccionar ropa para la zona donde se encontraba Usûlun.

Tras la demostración, la habilidad de Anja fue conocida por todos los habitantes de la comunidad y todos querían conocer la calidad del tejido que ella fabricaba, por lo que en poco tiempo tuvo que dejar de trabajar para la señora Grajo. Kaila ayudó a Anja a fabricar el tejido. Apartaron dos piezas de tejido de excelente calidad del que habían fabricado, era una lana fina pero con una trama muy densa que le confería una calidez excepcional. Entre ambas y en el más riguroso secreto crearon dos túnicas de un corte singular, una de color púrpura con bordados, en un hilo de un tono más oscuro en el bajo, en el cuello y en las mangas, la otra de un tono Azulón, que Anja describió como el color del cielo la tarde que llegaron a Usulun, más corta con bordados en el cuello y las mangas.

Una tarde Keilai informó a la Rosa que la Sra. Grajo quería verle en el salón de recepciones, La Rosa se encaminó a la Casa Principal y se sorprendió al ver allí a Anja y Kaila esperándolo junto a la Sra. Grajo. Al estar ambos reunidos les fueron entregadas las túnicas. La Sra. Grajo se entusiasmó mucho por el regalo y abrazó a ambas muchachas con lágrimas en los ojos. La Rosa se emocionó mucho al ver la belleza de la túnica.

Desde ese momento Kaila y Anja formaron parte de las amistades de la Sra. Grajo, con las que compartió aquellos momentos en los que no se dedicaba a arreglar los problemas de Usûlun, incluso el infante Calabdur tomó mucho cariño a ambas jóvenes que lo cuidaban cuando su madre tenía que asistir a alguna de sus reuniones del concejo.