Rivendel, un nuevo comienzo.

Desde que salimos de Usulun, nuestro hogar, hemos sufrido las penurias del camino, el dolor del combate y la aflicion del que sufre. Pocos momentos de paz y tranquilidad hemos tenido, estos se resumen a unas pocas horas al dia delante de la hoguera, donde ni su calidez podia arrancarnos el frio de la noche. Algunas veces Din nos deleitaba con su voz, contandonos historias de su pueblo, de antiguos heroes, de victorias sobre enemigos terribles…otras Forak nos contaba historias de los suburbios de Dol Amroth, y nos arrancaba unas sonrisas debiles. Aun escasos momentos, nos sabian como el agua fresca o el pan recien hecho, pues nos recordaba el porque estabamos donde estabamos y que habiamos dejado atras. Hicimos un juramento y le daremos cumplimiento.
Gracias al destino o a fuerzas que desconocemos, encontramos aliados donde solo habia enemigos e hicimos amistades .
Despues de Creb Durga, donde una vez mas la resolucion de unos pocos pudieron con la ambicion de muchos, nos encaminamos a un destino donde pocos hombres han estado y donde aun menos son invitados. Un lugar alejado de las miradas de los espias del señor oscuro, donde nuestros enemigos temen seguirnos y donde gracias a los montaraces y en especial a Adrahil, encontramos el descanso y la paz que tanto añorabamos.
Nuestros aliados nos guiaron por senderos que solo se les mostraban a ellos, encontraban signos donde solo ellos podian ver y hablaban con guardianes que solo a ellos les permitian el paso.
Asi fue como una vez mas los usulunis, acompañados por Glorfindel de la casa de la flor dorada, pisaron la bendecida casa del señor Elrond, Boveda de Estrellas. No encontraria palabras para decribir lo que sentimos al pisar aquella tierra, ni que vieron nuestros cansados ojos al ver la casa de Elrond…. o como nos sentimos cuando nuestra alma vago sin miedo, por primera vez en mucho tiempo, por los verdes caminos de Rivendel.
Fuimos acogidos como amigos, pues nuestras acciones una vez mas viajaban raudas con el viento, y fue Mithrandir quien hablo con palabras amables y bondadosas de las intenciones de los hombres de Usulun.
Aquel que fue elegido para ser el portador de Vilya acogio a los usulunis con afecto y amistad, les ofrecio su casa, restauro sus heridas y les dio descanso y paz.
Una vez recuperados de penas y heridas, tuvieron una pequeña reunion pero de grandes participantes, pues no solo se encontraban Erestor, consejero de Elrond o Ascarnil, el mas habilidoso de entre ellos como explorador, sino tambien el mismisimo Elrond, Glorfindel y Tharkún. Todos ellos hablaron sobre nuestra mision, y creo que por fin Dolin de la casa Thulin puedo ver luz al final de tan largo camino. Se tomaron decisiones, se discutio sobre otras y se concretaron obejtivos, pues todos estaban de acuerdo que aunque formidables guerreros los usulunis, no eran rival para aquel que se hacia llamar señor de Zarak Dum.
Asi que Elrond nos ofrecio ayuda y fuimos bendecidos con su generosidad una vez mas, dandonos esperanza donde solo veiamos fracaso. Asi pues durante tres largos años los usulunis entrenaron, estudiaron y practicaron en Rivendel.
Glorfindel, de la casa de la flor dorada fue su maestro de armas, pocos hombres han tenido ese honor y los que lo tuvieron, son nombrados aun ahora por sus hazañas y su valentia.
Ascarnil, aquel que ve el rastro incluso sobre el agua, instruyo al que fue llamado Sangresucia, un honor que ninguno de su raza ha obtenido antes.
Aroen, la que fue discipula del mismisimo Tulkas, les enseño los secretos del cuerpo, llevando a limites insospechados la fortaleza de los usulunis.
El mismisimo Elrond fue maestro de algunos, pues pocas criaturas hay en la tierra que compartan tal don. Su paciencia y cariño tuvo recompensa, pues hoy los usulunis no son los mismos que salieron de Usulun. Aunque con el mismo objetivo, la amistad y las enseñanzas de los primeros nacidos han hecho de ellos hombres nuevos, con una mayor determinacion y una fe aun mas ferrea.
Despues de esos largos e intensos años, los usulunis se enfrentan a su juramento con fuerzas renovadas y desean ver con un fervor como pocos han visto , a Dolin señor de Zarak Dun volver y reclamar lo que por derecho pertenece a su raza.
Aun quedan sorpresas antes de partir de Rivendel, pues mucho han ofrecido los primeros nacidos y solo recibieron al principio peticiones, quejas y lamentos. Pobre es la naturaleza del hombre, que se ve a si mismo como un triste y vago reflejo de lo que fueron sus primeros padres. Triste es su destino y doloroso su don, de vida fragil y efimera, deben aprovechar sus dias si desean dejar huella en la tierra que pisan, si desean ser recordados delante de los fuegos de sus descendientes o cantados en las cortes de los reyes. No solo el tiempo y el destino de aquellos que salieron de Usulun decidira tal cosa, pues se podra decir que fueron ingenuos, que tomaron caminos erroneos y que pocas veces acertaron, pero ninguno dira cuando pronuncie sus nombres que no fueron valientes. Si avanzan, avanzan todos, si caen…. mueren todos.
La naturaleza del hombre es caprichosa , como la de un niño, que solo pide y pide mas cuando se le da. Es de hombre de honor el agradecer a su maestro las enseñanzas, el respetarlo y honrarlo, pues al ser discipulo suyo, sus acciones son tambien las de su maestro y sus virtudes sus aciertos.
Y yo, Sunthas que entre en Rivendel como Escudo Quebrado salgo ahora como Sunthas Aratar de Varda, agradecere hasta el fin de mis dias cada palabra que escuche en Rivendel.

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Capitan de la Casa de Elrond y el Escudo Quebrado

Glorfindel,  Capitán de la casa de Elrond, sabio entre los suyos. Glorfindel el allegado a Varda…hermoso entre los elfos, el de los cabellos dorados. Afortunada raza la vuestra, que visteis la tierra lejana y habéis andado, horadado y modelado esta tierra a voluntad. Por ello también enemigos del Señor Oscuro desde el comienzo de las eras.  La sabiduría adquirida durante milenios, la habilidad en la forja…. Os ha hecho merecedores de leyendas y a la vez de un triste sino… habéis perdido casi toda consciencia del mundo exterior, como arboles de raíces profundas ante una tormenta, inmutables… sois una raza poderosa pero es en vuestra inmortalidad donde sois débiles… solo unos pocos, cercanos a la raza de los hombres  nos prestan ayuda directa en esta era, muchos han partido ya. Lamento estas palabras tan duras, pero en este lugar de paz mi corazón debe hablar. Mi señor Glorfindel, el de los cabellos dorados, necesitamos vuestra ayuda.

Los hombres somos una raza débil, donde la semilla del mal encuentra con demasiada facilidad tierra fértil, nuestra vida es efímera así que muchos buscan acabar sus días con comodidad y poder. Pero hay otros mi señor, de espíritu valeroso y brazo fuerte. Os sorprendería a que temprana edad luchan día a día por esta tierra. En Usulun los veo a diario, elaborando el pan a diario, sacando el ganado a los pastos, encendiendo sus pequeños hogares.  No sé si entendéis mis palabras, pero es por todos ellos por lo que estamos aquí, tan alejado de nuestros hogares, dejando la defensa de sus casas en sus manos, aquellas que nunca portaron acero.

Nuestra sabiduría en vuestras artes es ínfima, nuestra habilidad apenas hace sombra a vuestras maravillas. Pero ponemos nuestro corazón a diario en lo que hacemos, nos entregamos…. Vuestros herrero son legendarios, así lo demuestran vuestra armas y vuestra habilidad para forjarlas. Permitidme que os hable de un amigo, es herrero en Dol Amroth, un gran artesano entre los hombres, muy alejado de la habilidad de los vuestros, pero él me hizo mi primera espada, la cual no pude pagársela hasta mucho después, con ella el enemigo empezó a conocer a los usulunis, fue el también el que forjo el Yunque de Usulun, el martillo del maestro Din, que combatiendo contra Ravambor y  partió en pedazos la maldita hacha roja, acero contra acero. No es la espada, hacha o lanza lo que hace un enemigo temible, sino el brazo de la blande… y os digo mi señor que nuestro brazo es fuerte, recio e inquebrantable.

Muy posiblemente moriremos en nuestra próxima contienda, pero os digo que haremos cumplir nuestro juramento y que el enemigo oirá por última vez nuestros nombres y nos maldecirá, porque fuimos el azote de la oscuridad el tiempo que se nos dio en esta era. Dicen que la era de los primeros nacidos acaba….y pocas esperanzas en la de los hombres depositan… yo os digo que confiéis en nosotros, que nos enseñéis y os prometo que el enemigo nos maldecirá aun mas y seremos un orgullo para vosotros, amigos de los hombres.

Mi señor Glorfindel, enseñarnos…. Permitid a los usulunis en su última carga, una esperanza de victoria.

El Heraldo y la Espina

SUNTHAS ESPINO NEGRO, ESCUDO QUEBRADO:

“Mi señor Elrond, Hijo de Eärendil y Elwyng, heraldo de Ereinion Gil-Galad . Vuestro hermano Elros fue el primero de Numenor y señor de Las Tres Casas de los Hombres. Encarasteis varias veces al mismísimo señor oscuro, poderoso guerrero y gran sabio. Quizás de entre todos los primeros nacidos solo vos podáis entenderme, por vuestra condición de semielfo y de protector de los vuestros. No pocos lazos nos unen, el más fuerte y visible es nuestra señora, aquella que ilumina todos los cielos, la más bella de los Valar.

Desde hace un tiempo las dudas e incertidumbre me asolan antes del combate, no por miedo o temor, pues hace ya mucho que se de ellos y aprendí a temprana edad a convivir con ambos, pero…. (Miro mis manos, grandes y fuertes – puño martillo-), lo que yo creía q era no lo soy, me consideraba maestro de escudos, quizás x mi vanidad uno de los mejores, pero un enorme martillo me partió como briza de otoño….Aquello a lo q dedique mi vida, con esfuerzo, sudor y sangre no me sirvió para nada. Pero no me entendáis mal, podría estar con una simple túnica y plantar cara al enemigo, mi fe es el arma más poderosa q poseo y mi armadura las resistente. Mis días de gloria pasaron, mi único objetivo en esta vida es proteger a los míos, dadles aunque sea una mínima esperanza cuando solo hay oscuridad, un pequeño aliento cuando flaqueen las fuerzas, y una determinación férrea cuando existan dudas.

Muchas veces el enemigo ha sentido en sus carnes una ínfima porción del poder de la Dama de las Estrellas, y nunca me ha abandonado aun en mis momentos de flaqueza, a ella le debo todo lo q soy.

Se q me entendéis, no quiero ser la hoja q baila entre el enemigo o la flecha q nunca falla, quiero ser el escudo del amigo, el cobijo del q teme, la fe q calienta el corazón. Quiero ser el último adversario y dar esperanza, quiero ser el último baluarte. Y con mucho placer entregaría mi vida en ello.

Elrond de Rivendel, me enseñareis a serlo? O mi destino detrás de este lugar de paz, una vez q el enemigo me habrá la carne y parta mis huesos es ver como mis amigos y hermanos, como mi pueblo es masacrado???

Mi vida es efímera y poco tiempo tengo en esta tierra para proteger a mi pueblo….me ayudareis?….

Ayudareis a Sunthas Escudo Quebrado , ultimo templario de Varda , a ser Sunthas el Escudo del Alba? ”

 

ELROND, SEÑOR DE RIVENDEL Y PORTADOR DE VILYA :  ”

Veo que conocéis bien mi historia pero apenas conozco la vuestra más que a través de los cuentos que algunos montaraces cuentan de noche ante una hoguera. El buen Gandalf me contó como fuisteis capaces de entrar en la misma Colina de la Hechicería para lanzar al abismo insondable un arma del enemigo y de como plantasteis cara a sus huestes hasta en las mismas Montañas de la Ceniza. Veo que lleváis la Cruz de Mordor, un honor que muy pocos hombres han portado a lo largo de la historia del reino.

 

Conozco vuestro sufrimiento pues es el mio también, la necesidad de proteger a los vuestros más allá del deber, de saberos en su último valedor y defensor ante los males y las nubes impías que escupe la tierra de Mordor. Pero sabed que habitan en esta tierra males que ni aún los más sabios saben describir y que, en algún momento, la vida del hombre llega a su fin a manos de la espada y el hacha o por que llega la Muerte, ¡no corráis a encontraros con ella pues duele más que mil aguijones! Muchos son las dificultades que tendréis que enfrentar pues veo una sombra en vuestro camino que os acompañará hasta el día de vuestra muerte pero haced valer el espíritu del Hombre, capaz de las viles acciones y de las más encomiables hazañas.

 

Decidid el camino rápido o el sendero escarpado, el camino rápido lleva al fin de los días postrado por la enfermedad y envilecida el alma pero el sendero escarpado, sólo ollado por los más puros, es el que deja al final de la vida del Hombre preparado para lo que sea que Ilúvatar tiene destinado a sus hijos mortales. Es un sendero extenuante lleno de lágrimas y sangre de las que sólo los Hombres pueden derramar, se acercan días aciagos donde el Espíritu del Hombre vencerá o se verá arrastrado al fango de la Tierra Oscura. Los Días de los Primeros Nacidos se han extinguido ya y ya sólo nos queda menguar y desaparecer como hojas en el viento, como rumores y cuentos, aunque tal vez nos quede algún papel que cumplir en esta Tierra Oscura, no puedo verlo.

 

Os ayudaré hasta donde llegue mi poder, no más allá del Bruinen, y hasta donde llegue mi saber pero tal vez os enfrentéis a un peligro que exceda en mucha el poder de los hombres de hoy. Tomad de mi casa lo que necesitéis, descansad, aprended y leed, sois libre para ir y venir a vuestro antojo, tan sólo sabed que cada miembro que se hospeda en mi casa es libre de decidir de prestaros ayuda o no y que la mayoría de ellos se cansaron del mundo de la guerra y los hombres hace ya muchas vidas mortales.

 

Si alguien puede ayudaros a fortalecer vuestro brazo es Glorfindel, el jefe de mi casa, el mejor y el último de los grandes guerreros de antaño que vieron la luz de los Árboles. Tal vez él pueda daros esperanza de vencer ante un enemigo tan feroz…”

 

La colina de las lanzas.

El amanecer llega después de una fría noche, el sol calienta tímidamente la tierra dejando el  bello brillo del rocío sobre la húmeda tierra. El camino es poco sinuoso y esta bastante cuidado,  pero no es el camino el que llega al destino, sino quien lo anda paso a paso, algunos logran llegar, otros abandonan y no pocos perecen en el intento.

 Esta es la canción de cinco de ellos, este es el cántico de cinco usulunis, que defendiendo su tierra perecieron en el camino. No habra lagrimas ni sollozos, solo respeto, honor y verdad. Asi despiden  los hombres libres de Usûlun a sus caídos, no como reyes o plebeyos, sino como usulunis. Todos y cada uno de ellos se mostraran como son en realidad, sin mentiras ni engaños.

No hay lagrimas, no hay lloros…solo hay orgullo.

Ya se oyen….desde la distancia, por encima de los ruidos de la tierra, ya se acercan los primeros cinco caidos de Usûlun, una vez mas los usulunis emprenden la caravana, pero esta vez para dar sepultura a sus hombres.

Ocho pesadas botas de hierro abren la marcha, Talin, Galin, Dili y Dwäin. Todos portan crespones negros en largas picas de hierro plateado,  cinco son  los crespones negros en cada pica, ni mas ni menos, pues cinco fueron los primeros caídos de Usûlun. Las armaduras son plateadas, labradas con intrincados dibujos de runas , un broche en forma de martillo en plata mithril abrocha sus capas oscuras. Al ritmo de sus pisadas murmuran cánticos antiguos en la extraña lengua enana, sus voces roncas suenan de fondo, como el murmullo de la montaña.

A pocos metros va Dîn, líder de la comunidad enana. Su armadura es parecida a la de sus compañeros, plata sobre negro, como  las entrañas de la tierra. Lleva una capa de piel negra, con bordados en mithril, esta abrochada con un broche igual que el de sus hermanos. Con una hermosa voz entona cánticos de los antiguos funerales de reyes enanos, su voz grave  sigue el ritmo de las pisadas sordas de las  botas de hierro. No hay mas sonidos, no hay música de arpas o flautas, es solo el sonido de la lengua Kuzdul el que suena en el camino.

A continuación marchan miembros  del Consejo de Usûlun. Grajo, líder del consejo en el centro , lleva una armadura de cuero negro como la noche, en ella pueden verse las alas negras grabadas a fuego de un grajo, sobre ella una capa también negra sin adorno alguno, oculta su rostro tras una amplia capucha, su paso es firme. Ambas manos están apoyadas sobre dos dagas negras enfundadas. A su izquierda camina el anciano Aeghen , consejero de Grajo, lleva una túnica blanca anudada con un cinturón de plata y una capa también blanca, en el hombro derecho de la misma hay dibujado con hijo de plata una luna dentro de un sol. Su mano derecha descansa sobre un nudoso bastón, su paso es lento pero firme. Su joven aprendiz Pesc, con ropajes parecidos a los de su maestro le ayuda. A la derecha de Grajo va La Rosa, miembro del consejo, viste un jubón de cuero gastado pero engrasado bajo una túnica marrón. No lleva adorno ninguno. Se ayuda para caminar de un hermoso bastón tallado,como si una rama de arce se hubiera enroscado de forma caprichosa. Es Jarewyr, su sobrino y joven templario, quien con una oscura armadura completa, un escudo torre a la espalda y una capa negra como la noche , le ayuda a caminar. El único signo que lleva el joven templario es un bordado simple en el pecho de la capa, Siete estrellas rodean un árbol con extrañas vetas. Mientras que con la mano derecha ayuda en los tramos difíciles a su tío, con la enguantada mano izquierda agarra la empuñadura de una espada ancha.

Justo detrás camina Varak Tanuk, antiguo campeón de Varda. Una túnica gris, bajo una capa oscura es su única indumentaria, una larga hoja descansa dentro de una vaina sin ningún tipo de adorno. Agarrado de su mano derecha camina Calabdur, hijo de Grajo y Sunthas, a pesar de su corta edad camina erguido, con ropajes oscuros y sin adornos algunos.A su izquierda va Haedrec el montañés hijo adoptivo de Grajo y Sunthas,  lleva unas calzas de color azul brillante y un jubón naranja, una capa de marrón azulado lleva abrochada al cuello, el pelo lo lleva de punta y de color rojo intenso. La explosión de color de Haedrec contrasta con las tonalidades oscuras de la marcha.

Es Marendil Rhudainor, comandante de Usûlun quien camina detrás. Porta una armadura gris plateada, siete estrellas rodeando un árbol esta grabado en ella. Un yelmo alado cubre su cabeza, y una capa burdeos lo cubre. Va en representación de los demás miembros del Tirton. Ecnegar y Vilhelm se encuentran  a sus flancos, armaduras y capas grises portan. Sus escudos tienen el mismo grabado que su comandante. Y en sus manos derecha una larga pica, a media asta portan cinco crespones negros.

Forak, el mercenario, encabeza los cinco carros. Lleva una armadura  gastada pero pulida. No hay capa que cubra al semiorco, no la necesita. Una bota de vino junto a una espada ancha y un hacha de batalla se ven en su cinto. Porta con ambas manos una enorme pica plateada, como si fuese a usarla en cualquier momento. Forak camina solo, como camino hace tiempo.

Cinco carros van a continuación, miembros de cada familia van en ellos, en la caja, sobre un lecho de flores descansan los cinco caídos. Envueltos es finas mortajas de lino y algodón, las cajas de pino o abeto son para aquellos que no quieren ver, para aquellos que no verán mas un amanecer. Los usulunis entierran a los suyos con orgullo, que todos sepan quienes han caído por esta tierra, quienes dieron sus vidas por ellos. ningún familiar llora, todos con las cabezas altivas.

Escoltando los flancos van los Gulthariones y diez Guardias de Usûlun, todos impecables.

Detrás de toda la caravana va Sunthas Espinonegro, señor de Usûlun. Una gran capa negra oculta toda armadura, sobre esta un broche en forma de cruz como todo adorno. Un yelmo con una extraña sonrisa porta, un inmenso escudo torre tachonado con púas en su brazo izquierdo, una gran espada ancha enfundada en una gastada vaina de cuero descansa en su cadera derecha, en la izquierda una hermosa espada larga, azul como el hielo de la montaña, desprende un azulado halo. En su espalda sobresale un inmenso espadón nórdico. Camina con paso firme, embraza el escudo como si lo fuese a necesitar en cualquier momento.

Nadie mas va detrás, pero no están todos los que salieron de Usûlun , pues algunos otros caminos tomaron.

Tras casi una hora, la caravana llega a una pequeña colina, antes se han tenido que desviar y salir del camino del norte. Era una colina solitaria, como muchas otras pero fue elegida por Camlan, la tierra es antigua, ideal para los usulunis. Era una colina solitaria, pero a partir de este día, jamas volverá a estar sola.

La caravana se acerca, se ve encima de la colina dos figuras, una de un adulto y otra de un joven, son Camlan y Tirrin su joven aprendiz. Camlan lleva una túnica marrón como la tierra, un cinturón de   cuero  negro la sujeta, sus bordes están manchados y no lleva capa, lleva varias bolsitas amarradas a su cinturón. Tirria viste parecido, túnica marrón con cinturón también negro, y una capa verde oscuro descansa sobre sus hombros, a diferencia que su maestro, porta una espada corta en una hermosa vaina.

Cuando llegan los enanos al pie de la colina, cesan sus cantos y mientras la rodean clavan en la tierra las cinco picas con los crespones. El maestro alquimista Dîn baja el tono, ahora solo es un dulce murmullo que no cesara.

Algo se yergue a pocos metros de Camlan y Tirria, una figura completamente embozada. De una capa negra como la noche solo sobresale una rara ballesta con unos gruesos pivotes, mira a ambos lados, se yergue , baja la ballesta  y se quita la capucha, es Gulthar, el certero. Mira a Dîn y asiente, busca con al vista a Sunthas y vuelve a asentir. Permanece apartado, sin dejar de portar la ballesta.

La ceremonia es breve, los familiares escoltados por la Guardia Usulini depositan los cuerpos sobre unas tumbas ya excavadas, mientras Camlan murmura palabras en antiguas lenguas. Tirria ayuda  con los cuerpos. Dîn se encuentra apartado junto a sus hermanos enanos, sin dejar de cantar ese  dulce murmullo, quien sepa hablar el extraño idioma de los señores de las montañas sabrá que habla de héroes, de grandiosas batallas, del honor y de la verdad.

Sunthas permanece apartado también, junto con Dîn, Forak  y Gulthar forman un circulo, no habrá nadie que se acerque sin que lo sepan. Murmura extrañas plegarias, apenas audibles.

Gulthar es el primero que lo ve, un jinete permanece a poca distancia, no saben cuanto tiempo lleva ahí, lleva una capa marrón gastada y sucia, como si viniese de un largo camino.Lleva  una bella espada en su costado, un hermoso arco plateado sobre el costado de su caballo, al alcance de la mano. Su rostro denota una continua vigilancia, y mirando a Gulthar y después a Sunthas asiente. Musita unas palabras llevándose la mano a la frente, espolea su caballo y desaparece. Es Adrahil Belgaraz, montaraz del norte y amigo de Usûlun.

La ceremonia, si se pudiese llamar así, es breve. Una vez depositados todos los caídos, los familiares depositan flores, objetos personales , cartas …comparte con ellos esperanzas y sueños, y todos dicen un hasta pronto. Con pasos tristes vuelven a sus carros ya vacíos . Solo seis personas permanecen en la colina, Camlan, Tirrin , Gulthar, Forak,  Dîn y Sunthas. Hablan entre ellos en varios idiomas, y prometen que algún día volverán a estar juntos, todos los usulunis. Camlan asiente de nuevo, se arrodilla, pone una mano en la húmeda tierra y pronuncia unas palabras que solo conoce Tirria. De la tierra salen cinco raíces que se enredan en los mástiles de acero de las picas, subiendo sinuosamente hasta media altura, sin llegar a tocar los crespones, extrañas flores salen tímidamente, abriéndose poco a poco, campanillas, lagrimas del río, dientes de león, afilias….

Los héroes de Usûlun dejan la colina, y se unen a la caravana. Ni los usulunis ni la colina volverán a estar solitarios. Ahora descansan en un hermoso jardín, como lo es Usûlun, y a su alcance están sus cinco picas.

A lo lejos sobre una colina se yerguen cinco picas negras, forjadas por enanos y portadas por humanos.

Los vivos protegen a los muertos y los muertos protegen el lugar de los vivos.

El Escudo Quebrado.

 

El terrible golpe…aun lo noto, aun veo como los enormes brazos alzan el martillo en su mortal arco y descarga sobre mi escudo el golpe. Aun siento como mi brazo cede, aun siento como mi cuello se quiebra. Una y otra vez, una y otra vez,….veo descender el terrible martillo…a veces por instinto intento levantar mi brazo, como si aun portara el escudo, pero mi brazo se ha vuelto debil y mi escudo esta quebrado. Rememoro ese momento una y otra vez…..una y otra vez…. a cada momento… No pense que una criatura pudiese acestar un golpe tan poderoso…si en este punto de nuestro camino nos enfrentamos a este anemigo…que nos deparara futuras batallas? que hare para proteger a mis compañeros si les he fallado en esta? como tendre el valor de levantar de nuevo mi escudo para protegerles?….siento como el dolor desgarra mi alma…pero este dolor no lo sanara el descanso.

Como debo sentirme si para lo que me he estado preparando durante toda mi vida, para lo que naci,  he fallado ? como debo sentirme si pensando que fui otorgado  con el don de Varda con un proposito, he fallado en tal cometido? que fui bendecido con un don que es inexistente…siempre pense que el destino de un hombre es forjado por sus acciones… y si  el destino que crei para  mi no es tal, quefue  una fantasia de Sunthas Templario de Varda? que no fui dotado de ningun don, acaso soy merecedor del titulo de maestro de escudos? ….BAH! …ese es un titulo que no volvere a usar y en ningun momento ni fui merecido de tal. El nombre que el maestro Dîn le dio a su martillo de mithril, Yunque, deberia ponermelo a mi, pues asi me senti, como un trozo de metal golpeado por el habil herrero, moldeado  a su voluntad.

No aceptamos la mision de Dolin con la esperanza de la recompensa, sino por ver de nuevo el fuego de una forja en su hogar, por devolverle lo que fue arrebatado, si he fallado tan lejos de nuestro destino…Miro mis manos, antes se alzaban orgullosas y fuertes, ahora las veo debiles y viejas…impotentes…

Lo soporto, soporto el dolor de mi brazo, los pinchazos en mi cuello…se que el combate acabo, los misteriosos refuerzos resultaron ser amigos de Adrahil, primeros nacidos aliados de los montaraces. Palabras sueltas entendi en el bello idioma cuando hablaron con Adrahil, mientras Fangril se arrodillaba junto a mi, nuestro joven clerigo. Fue gracias a ellos dos que les debo mi vida. No fue Sunthas Templario de Varda quien les defendio, fue Sunthas el Escudo Quebrado quien fue derrotado de un solo golpe, otras veces he caido pero nunca de formas tan aplastante….es este dolor de impotencia por no poder defender a mis amigos es lo que no soporto, el golpe del semigigante no solo rompio mi cuello, quebro mi escudo…quebro mi alma.

Este traqueteo me impide conciliar el sueño que tanto anhelo, me mantiene en el fino velo de la inconsciencia, donde el tiempo desaparece por compelto y durante unos breves isntantes me hacen recordar lo que fui y lo que deje se ser, y lo que soy… Nunca desee gloria, ni honor, ni riquezas…desde que naci, quizas por causa de mi ceguera, mi unico objetivo en esta vida es la de proteger a los desvalidos, a los debiles, a los dolientes, que mi escudo fuese su refugio, su proteccion, su esperanza… he fallado y mi escudo esta quebrado. Como podre protegerlos? a mi pueblo…a mi familia..’.. que soy ahora sino un simple hombre el cual ha sido despojado de un golpe de toda esperanza…nunca me pense invencible, de hecho use toda mi habilidad con el escudo para intentar detener a la criatura…pero no basto…toda mi vida pensando en un objetivo y ese objetivo se esfumo en un instante.

No fui bendecido por el don que yo creia, si mi destino no es el de proteger…cual es mi camino? …. he caido en un oscuro pozo, mi alma llora…golpe tras golpe…solo la tenue luz de Varda me ilumina… quizas le he fallado? quizas no fui el elegido que pensaba?….

Este combate me arrebato algo mas que el escudo de mi brazo, me arrebato mi fin, mi destino, mis esperanzas …. No sere mas Sunthas Templario de Varda, sino Sunthas el Escudo Quebrado.

Mientras oigo las palabras de mis compañeros a traves del ritmico traqueteo de la improvisada pariuela, cierro los ojos…un pequeño brillo asoma…pero desaparece casi al instante. Mi cuerpo se relaja…ya no esta tenso, sin el peso de la armadura, sin el peso del escudo…quien soy?…solo soy eso…un escudo quebrado.

….oigo las palabras de mis amigos, de Grajo…pero son distantes… apenas audibles….me miro por ultima vez mis manos preguntandome …. cual es mi camino?…..

Historias del Templo de Varda, por el Viejo Raton.

Este es un trozo del diario que escribía un viejo monje que servia en el antiguo templo de Varda, en Minas Tirith. Entre escritos sobre visitas, trabajos diarios en el templo, incontables alusiones a una cocinera llamaba Lileth y no menos a las dolencias que sufría  su viejo cuerpo, se encontraron varios fragmentos de la historia de Sunthas Espinonegro.

El templo cayó en desgracia y fue destruido, perdiéndose gran parte de su biblioteca. Parte de este diario se salvó, se encontró en una vieja cabaña en la ladera de una montaña cercana a Minas Tirith. Estaba dentro de un cesto negro con anchas espinas, un cilindro de marfil y un trozo de queso podrido.

Estos son los fragmentos del diario escrito por Alarî, el viejo ratón.

….[Día 16 del mes Sûline, año 2.926 de la Tercera Edad.

Apenas hace unos días que ha entrado la primavera, el invierno ha sido especialmente frío este año. Aun los riachuelos están crecidos con las frías aguas del deshielo e incluso los campos amanecen con una fina capa rocío. Las noches son aun frías y se agradece el calor de los hogares cuando anochece, pero cuando el sol se alza en el cielo la temperatura aumenta rápidamente.

Como hago durante los largos años que sirvo en el templo, que no son pocos, ya que nuestra señora me ha bendecido con el don de la paciencia, pues parece que mi hora se retrasa con cada invierno como si estuviese esperando algo… y no estaba equivocado, doy un largo paseo apenas sale el sol, me viene bien para calentar mis viejos huesos, que parecen que se sueldan durante la noche. No sin antes hacer mi parada obligatoria en los dominios de mi querida Lileth, una de las  cocineras del templo que posee unas manos prodigiosas para la elaboración del queso de cabra especiado. Me deja desde hace ya incontables años, un trozo de queso especiado y una pieza de pan recién hecho en un cuenco. A veces pienso que Lileth posee sangre élfica, pues aunque pasan los años ella permanece casi igual y a mi sin embargo me pesan cada vez mas  los años, eso también explicaría su habilidad en la cocina. A veces se lo comento y la única respuesta que recibo es: “¿sangre élfica?, viejo ratón, creo que mis especias han nublado tu juicio” me dice sonriendo.

Me acabo de levantar para descansar mi vista, mis manos ya no están acostumbradas como cuando era joven a tantas horas de escritura, y al repasar lo que he escrito me doy cuenta que me he desviado por completo del asunto que me ha llevado a escribir estos viejos pergaminos, son mas bien los desvaríos de un viejo. Creo que Lileth llevaba parte de razón, tantas especias han mermado mi capacidad de concentración.

Por donde iba, ah! Si, mi paseo diario. Fue en uno de los muchos descansos que hago, en parte para saborear el magnifico queso y en parte para sentar mis doloridos huesos, en unos de los bancos del patio oriental del templo cuando escuche un peculiar ruido. Provenía de una vieja capilla orientada al sureste. Por un momento pensé que eran imaginaciones mías, algún pájaro o incluso el ruido del viento entre los árboles, pero el sonido se fue haciendo más fuerte y claro. Ya no tenia ninguna duda, o me estaba volviendo loco o estaba escuchando claramente el llanto de un bebe.

Empecé a seguir los llantos hasta la misma puerta de la vieja capilla, allí en los últimos peldaños, ya gastados por los años vi una imagen que nunca se me olvidara. Una imagen que cargaría sobre mis hombros como una pesada carga, bendita carga, a partir de ese día viví los mejores años de mi vida. En los peldaños de la vieja capilla, mirando a oriente encontré una cesta negra, en ella se encontraba un bebe llorando.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no se si fue el dolor al agacharme o la imagen que vi, creo que posiblemente ambas cosas.  Y no se que me impacto mas, ver de que estaba fabricada la cesta o ver en el pequeño brazo del niños una pequeña herida que sangraba. La cesta estaba fabricada en una especie de mimbre espinoso, unas espinas negras largas y anormalmente anchas salían en todas direcciones, aun así unas manos hábiles habían conseguido que todas las espinas saliesen para fuera, dotando al bebe de una defensa casi perfecta, una de ellas se había quebrado y había caído en el interior, arañando al pequeño. El interior de la cesta estaba forrado con telas suaves de un extraño tejido y paños de algodón grueso. El pequeño tenía los ojos cerrados y lloraba sin parar, sus manitas cerradas zarandeaban el cesto sin parar. Saque la espina del cesto, y sus pequeñas manos cogieron la mía, como si supiesen que estaba allí. Las telas estaban impregnadas de extraños olores, muchos de ellos los conocía gracias a Lileth, clavo, salvianegra y un olor que no identifique y que era especialmente intenso.Con el tiempo descubrí porque no conocía ese olor, es un exótico perfume sacado del ámbar del desierto, unos de los comerciantes de Dol Amroth vendía un pequeño frasco a un precio desorbitado. Al poco tiempo el pequeño se fue calmando,  sin dejar de agarrarme firmemente mi mano abrió los ojos, unos inmensos ojos blancos me miraban, el pequeño era ciego.

Nunca olvidare ese día, pues desde que oí los llantos mis descubrimientos acerca de ese bebe me seguirían el resto de mis años y con una sonrisa y no sin  cierta nostalgia y tristeza los recuerdo. Infinidad de preguntas inundaron mi mente, parecía como si volviese a tener 20 años. Cuando cogí en brazos al bebe, vi en el interior de la cesta negra un cilindro de marfil sellado, sin ningún tipo de inscripción. En su interior, atado con raíz de diente de león se encontraba un grueso pergamino.

Mis años en el templo me han dotado de varios conocimientos y aptitudes, el pergamino estaba tratado con un aceite espeso, que le proporcionaba una cierta impermeabilidad, si por causas del destino, la humedad o el agua entraba en el cilindro sellado. Estaba escrito con una letra bastante fluida en adunaico, se caracterizaba por unos trazos largos y finos. Obviamente, tanto la colección del cesto, las telas, el cilindro y el pergamino eran obra de unas manos expertas,  al igual como claramente no de del reino de Gondor.

El contenido del pergamino lo transcribo fielmente:

“ Este es Armanâth hijo de Sakar Bêrun , Señor del Agua, y Ginâth . Descendientes de un linaje ya olvidado. Por sus antepasados corrieron la sangre de los primeros héroes, con el pasar de las lunas esa sangre casi se ha diluido por completo. Se le ha vedado ver el desierto, las dunas y los oasis, pero su espíritu es fuerte e inquebrantable, se que Armanâth los siente, posee el don de caminar en sueños.

He visto a mi hijo morir en el desierto, pero lo he visto bañarse en unas aguas. He soñado con el oasis del norte, allí tiene su sitio y mi esperanza. Su camino será sinuoso, lleno de dolor y sufrimiento. Mi estirpe llega a su ocaso. Armanâth debe elegir su camino.

Ruego que acojáis a mi hijo  en el seno del templo de Varda, y que ella y mis ancestros lo guíen e iluminen.”


Sakar Bêrun Señor del Agua

Releí varias veces la carta, y tarde mucho tiempo en comprender el verdadero significado de esas palabras. Descubrí con el paso del tiempo las virtudes y defectos de Armanâth, descubrí con grata sorpresa la verdadera fortaleza de su espíritu.

Fue en el ocaso de mi vida cuando comprendí que no era Minas Tirith el oasis del norte.

Pensé que no podría  usar su verdadero nombre, pues demasiada carga tendría que llevar el pequeño con su ceguera como para llevar un nombre sureño. Decidí ponerle un nombre acorde a cuando y como le encontré, mirándole a esos pequeños ojos blancos y sonriendo le dije: “Te llamaras Sunthas, el nacido en Sûline, Espinonegro, este cesto te ha protegido durante no se cuanto tiempo y gracias a sus espinas te encontré.”

Arropándolo contra mi pecho mire al cielo y fue en ese momento cuando hice la oración mas sincera de toda mi vida. Cogí el cesto y a Sunthas y me dirigí al interior del templo a comunicar a mis superiores de mi hallazgo.

Lo que ocurrió los años posteriores lo seguiré en otro momento, la vela se ha consumido casi en su totalidad, y este viejo cuerpo necesita del descanso.

Que Varda os guíe.]

Pesares y angustias ….

Sunthas al Galope

Noches frias y oscuras, donde aun con el calor de una hoguera es dificil entrar en calor. Las ropas , caladas de todo el dia , apenas se secan, la armadura y la cota de mallas pesan aun mas, el frio las hace mas pesadas… Todos esperamos el momento del descanso, en el que cada uno casi mecanicamente se dedica ha realizar sus cometidos.

Es dificil encontrar las estrellas en estas noches, las nubes cargadas de agua helada nos cierran la unica vision que quizas me tranquilice en estos dias.

Ni el poco calor, ni la comida caliente ni las historias verdes que nos cuenta Forak cuando el brandy le suelta un poco la lengua nos hacen mas amena estas noches. Desde que murio Idris, parece que un pequeño abismo se ha abierto entre alguno de nosotros. Cada uno debe cargar con sus acciones, os aseguro que la muerte de Idris es bien liviana para mi.

Reanudamos nuestro camino hacia el norte, a Zarak Dum. En el camino, algunos granjeros nos buscaban, los motivos porque lo hacian, quien los mando y sus intenciones quedaran para otro dia, si es que llega, pues algo ocurrio que provoco un giro drastico en nuestra mision. Y la angustia gano la batalla a Sunthas.

El medallon de Dîn, el cual hace un liviano pero fuerte vinculo entre mi esposa Grajo , mi hijo Calabdur y yo. Es es las noches mas oscuras, en los momentos mas duros y de mas sufrimiento donde busco el tenue calor del medallon, dandome fuerzas donde no las tengo y sabiendo que mi familia, aunque lejos, se encuentra bien.

Pero el pecho ardio, incluso lo senti a traves de la pesada tunica, me hizo determe de inmediato, mis compañeros avanzaron unos pasos y se detuvieron. Me desabroche la camisola y toque el medallon, ardia como ascuas incandescentes… y un dolor mas alla del que me producia el calor del medallon penetro en mi ser. Mis mas profundos temores se hicieron realidad en segundos, la pena el dolor…. solo pude articular dos palabras se sentaron como un mazazo en mis compañeros: “Atacan Usûlun”…

Sin ver la reaccion de mis compañeros, aunque sabiendola de ante mano, di la vuelta a mi montura y galope….espolee tanto al caballo que dudo que aguantaria un dia mas al mismo ritmo. Detras sentia a mis compañeros, cabalgando veloces, pues Dîn tambien sintio mis temores, el tambien poseia un medallon parecido al mio.

Gracias a que despues de la mansion de los Graben, pude encontrar monturas de refresco, y ello nos facilito mucho nuestro rapido avance, pues apenas descansabamos.

Fue en esos momentos cuando pude averiguar mas acerca del ataque, gracias a mi segunda vision pude caer en un doloroso trance, y ver lo ocurrido en Usûlun. Visiones de fuego y dolor, sangre y destruccion se cernian sobre mi pueblo, una criatura negra, con enormes garras y vuelo negro quemaba y atacaba a las gentes de Usûlun. La Guardia intentaba hacerle frente, pero esta la superaba con creces, no siendo rival para la maldita criatura. La vision de Grajo en las puertas de mi casa, con Calabdur agarrado con un brazo, y una espada en la otra me estremecio y me provoco mas dolor que cualquier herida que me hayan provocado. No fue hasta la segunda noche cuando mi vision nos tranquilizo…. El Campeon de Varda, el cual se retiro hace tiempo de los problemas del mundo, accedio como favor a velar por nuestro pueblo en nuestra ausencia, y fue el quien portando un poder que pocos recuerdan en esta tierra vencio a la oscura criatura. Jamas podre agradecercelo tanto.

Las peripecias que tuvimos q hacer para llegar a Usûlun las obviare, pues no queriamos volver a pisar el Calamidad. Despues de un tiempo que se nos hizo eterno, aun sabiendo que mi pueblo esta ya a salvo, llegamos a Usûlun.

Lo que descubrimos a partir de ese dia y las decisiones que tomo el consejo os lo narrare otro dia, pues mis ojos estan ya cansados y apenas acierto a escribir bajo la tenu luz de la vela. El frio y el cansancio ganan por momentos, espero que el amaecer nos traiga esperanza. Tras una breve oracion guardo mis utensilios de escritura y dedico una mirada a las sombras, donde aunque no lo vea, se que Adrahil permace en guardia. Y arrebujandome contra la manta helada cierro los ojos.