CARTA A LADY GRAJO DE ESPINONEGRO, MIEMBRO INSIGNE DEL CONSEJO GOBERNANTE Y SEÑORA DE USULUN

Estimada Lady Grajo

Me dirijo a usted para rogarle protección a cuatro huérfanos de la casa  NIDAR-BÂIK y de su anciana Aya Indabêth, su padre fue ajusticiado hace ocho años por una falsa acusación de traición, por oponerse directamente a las maquinaciones de la, entonces poderosa, Dama Ethudil y su cohorte de aliados.

Durante estos últimos ocho años los he mantenido ocultos en una de mis haciendas, alejados de la corte y sus intrigas, para mantenerlos con vida. Las posesiones de su familia fueron confiscadas y durante un tiempo fueron buscados por los afines a Ethudil para borrar toda prueba y resto de la familia NIDAR-BÂIK.  Pero ya siendo, como son jóvenes me preocupa que hagan una locura por vengar a su padre y restablecer el honor familiar, desbaratando nuestros planes para conseguir tales acciones de manera política.
Es por esa razón que os solicito, os ruego, acojáis a estos jóvenes como vuestros protegidos, y que los instruyáis, si fuera posible en las artes y dotes de mando y liderazgo propias de un dirigente ecuánime y justo.
La hija mayor Mînâ de 19 años es una bella joven que ha descubierto el camino de la curación, en cuyas artes algo he podido encaminarla, aunque mis conocimientos en este campo no son muy abundantes, sin embargo el poder dentro de ella es muy fuerte, ojalá el sabio Camlan tenga a bien aceptarla bajo su tutela y guía.
La pequeña Anâth de 16 años posee una belleza distinta a la de su hermana, sus ojos grises están ávidos de conocimiento, en estos años ha terminado la pequeña biblioteca que poseo en la hacienda, con lo que hice llevarle más tomos desde mi casa en la ciudad. Si fuera posible y si todavía se encuentra en Usûlun, os rogaría la pusierais en contacto con el sabio Aeghen, para poder encauzar el ansia de conocimiento.
Los gemelos  Nâte y Nâlo son chicos robustos de 17 años de ojos vivaces y escrutadores, de carácter afable y leal, poseen la impulsividad de la juventud; aprovechando la situación los he estado instruyendo en la lucha cuerpo a cuerpo, la espada y el escudo, donde han demostrado compenetrarse en gran manera. Aunque he tenido que refrenarlos por querer volver a la ciudad y vengar a su padre. Os solicito, para calmar sus energías y templar su carácter, que sean incluidos en el adiestramiento de la guardia de Usûlun.

Os ruego encarecidamente que aceptéis a los jóvenes que describo en mi carta, se que os sorprende, pero el cuidado de ellos es una penitencia que me he impuesto por no conseguir proteger al príncipe de las conspiraciones de la Dama Ethudil y por sobrevalorarme en mi cometido, cometí un error y un hombre, que era un verdadero defensor de Dol Amroth, fue llevado al cadalso y ajusticiado por un crimen que no cometió.

Espero con anhelo su respuesta.

AMONDIL Escudero de IMRAHIL II Príncipe de DOL AMROTH

Correspondencia Oficial de Usulun, Tomo I

Creado a Sugerencia del Sabio Aeghen, para tener constancia de las relaciones comerciales de Usulun

“DEL PRINCIPIO DE LA CALAMIDAD DE LA FAMILIA NIDAR-BÂRIK”

“Escribo estas palabras gracias a la compasión de uno de mis carce-leros, según me cuenta su padre murió defendiendo al mío, en uno de las escaramuzas de los malditos piratas de Umbar, por ese sacrificio mi padre habría movido sus influencias para que su primogénito entrara como funcionario de la corte”…

…”Veo en sus ojos que el deber de ayudar al hijo del hombre que le dio un futuro prospero, y la duda de estar ayudando a un traidor. Lo comprendo, yo también creería las acusaciones que me imputan, aunque sé que son falsas.

Ojalá volviera a aquel maldito día. No, no caeré en el arrepentimiento, mi padre dio la vida por esta ciudad, una ciudad que ha existido desde el principio de las Eras, DOL AMROTH”…

…“En estas líneas intentaré relatar los principios de mi calamidad, calamidad que me ha llevado a prisión y a una condena a muerte por traidor. Traidor por defender, esta, mi querida ciudad de las maquinaciones de una mente maquiavélica y retorcida”…

…”Fue sólo el retazo de una conversación lo que me puso en alerta, me paseé por los puestos de guardia que hasta no hace mucho visitaba con mi difunto padre, antiguo capitán del ejercito y miembro de la guardia de la ciudad, pero me extrañó no conocer a los sargentos, uno dos a lo sumo; cosa rara tan sólo han pasado 5 años desde su fallecimiento. Siempre que visitábamos estos puestos encontraba antiguos soldados que habían estado a sus órdenes, ahora mandos o sargentos veteranos de la guardia. Sólo encontré a uno, durante un momento pensé que se acercaría a saludarme, pero me miró y me rehuyó, algo que me dejó un mal sabor de boca, así que para olvidar esa sensación, me dirigí a mi lugar preferido de la ciudad, EL MERCADO ”…

…”Hoy me ha venido a la memoria los largos paseos que hacíamos mi difunta esposa y yo por el mercado, algo poco usual para gente de nuestra categoría, pero en aquel lugar donde los ruidos y los olores se mezclan en una eclosión de sentidos, era allí donde, tras la muerte de mi esposa, me dirigía a recordarla, en ese lugar la sentía a mi lado y me reconfortaba; y fue precisamente allí donde me abordó Arik, aquel sargento que meses antes me había rehuido en mi visita a la guardia, su contacto me sacó del recuerdo de mi esposa.

Me indicó con la mirada que lo siguiera, me condujo por calles silenciosas y desiertas, hasta llegar a un rincón oculto de miradas indiscretas, y allí me habló de cómo buenos hombres estaban siendo despedidos y sustituidos por otros de no muy buena reputación, también me comentó que aquellos que se quejaban eran retirados del servicio y licenciados obligatoriamente.

Estas declaraciones hicieron que mis sospechas tomaran consistencia. En mis ratos de inactividad me dediqué a seguir a distintos miembros de la guardia. Con cara de hastío me dediqué a seguirlos, en su total confianza de que nadie estaba pendientes de sus pasos ninguno miró a su espalda, a casi todos los que perseguí acabaron en una tienda de costura que se estaba poniendo de moda en la corte y, que según indagué más tarde, estaba regentada por la mismísima hija de la dama Ethudil”…

…”Pasaron meses y la idea de una conspiración se hizo cada vez más clara, más de una vez entré en la tienda de costura para mostrar interés por sus ropas e incluso compré varios, en algunas ocasiones, mientras estaba presente, entraban miembros de la guardia para entregar cartas o paquetes, algunos de dudosa procedencia, uno de ellos me llamó la atención, una caja oscura con grabados, aunque sólo puede vislumbrarla unos segundos un escalofrío recorrió mi espina dorsal, y no fui el único, el guardia que la trajo llevaba reflejado el terror en su rostro, aunque esta impresión la descarté rápidamente debido a la tensión de estar en el punto donde creía que se estaba fraguando algo no muy legal, aunque la cara del guardia se me quedó grabada”…

…”Y eso fue lo que expuse ante el consejo, que la dama Ethudil y sus aliados conspiraban, y que todos los cargos de la guardia de la ciudad estaban comprados con sobornos y que los que ocupaban los cargos anteriormente habían sido licenciados sin motivo alguno, veteranos que habían derramado su sangre por la defensa del reino y que habían demostrado su fidelidad al reino, estaban siendo tratados como escoria y a esa escoria se le estaban dando cargos importantes en la defensa de la ciudad.

Y ¿Cómo fue recogida mi acusación?, como si la hubiera presentado un autentico  desequilibrado, y la culpa fue mía por no recopilar informes más consistentes que probaran mis acusaciones. Tan sólo pude hacer partícipe de mis dudas al consejero Amondil, y él me recomendó precisamente eso, que recabara más información, pero mis prisas me jugaron una mala pasada”…

…”Y ese incidente fue el inicio de mi calamidad, porque al salir del consejo tras mi exposición, fui detenido por la guardia y conducido a los calabozos de la ciudad, como un vulgar delincuente, y sin posibilidad de avisar a mis queridos hijos”…

…”Más tarde supe que alguien había avisado a mi familia y fueron trasladados a otro lugar, evitando así que, por el momento sigan el camino de su malogrado padre”…

…”Ya llevo varios días aquí, y no sé nada de mis hijos, hoy me han venido a interrogar el Escudero Amondil y varios nobles afines a la Dama Ethudil, por fortuna los he escuchado y he ocultado este diario, me han estado interrogando sobre mis conocimientos de las acusaciones vertídas en el consejo, incluso varios de ellos me han golpeado, aunque podría haber recibido más golpes si no hubiera intermediado el Sr. Amondil ”…

…”Hoy se han presentado varios nobles, su misión notificarme que se me acusa de traición y se me ha condenado a muerte y me exigen que informe del paradero de mis hijos.

Por la tarde se ha personado en mi celda el mismísimo Escudero, estaba apesadumbrado, él me ha informado de que fue precisamente él  quien mandó por mis hijos y los ocultó con lo que pudieron recoger de la casa”…

…”Espero que Nâte y Nâlo recordaran donde  escondía el dinero para las urgencias, y que no olvidaran el escudo de Armas de nuestra casa, desgraciadamente el sello de mi familia está en mi poder y el colgante de mi amada esposa en mi cuello. Se lo he dado todo al Escudero Amondil y él se los hará llegar a mis hijos, tengo su promesa”…

…”Estas son mis últimas palabras, el Escudero me ha informado hoy que la acusación ha sido presentada ante el Príncipe, respaldada por la Dama Ethudil y esta ha presentado pruebas y testigos que dan consistencia a su acusación. Se ha dictado sentencia y como yo ya sabía, la pena es la muerte, debido a mi sangre noble se me decapitará.

Hijos míos recordad que sois para mí el mayor logro que he conseguido en mi vida y el tesoro más grande que jamás existió. Pero no lloréis por mí porque en breve me reuniré con mi otra mitad, el corazón que me falta desde hace ya cinco largos años, mi bella esposa Nithil, ella me acompañara en mi corto camino al cadalso.

No dudéis que os tendré en mi pensamiento durante estas horas que me quedan de vida y rogaré a nuestros antepasados para que podáis volver a restaurar el honor de la casa NIDAR-BÂRIK.

En los momentos de desesperanza, duda y peligro, recordad que vuestra madre y yo estaremos a vuestro lado ayudándoos, manteneos firmes y unidos, y cuidad los unos de los otros.

Rezo para que tengáis una larga y prospera vida. Vuestro padre que os quiere.

Unath Señor de la Casa NIDAR-BÂRIK”.

Extracto sacado del diario escrito por el Sr. Unath en los calabozos de la ciudad de DOL AMROTH. Facilitado a la biblioteca de Usulun por los Herederos de la casa NIDAR-BÂRIK y el Escudero Amondil.

10. Un regreso inesperado

Los viajeros contaron poco de su regreso inesperado a Usûlun, con el corazón temeroso y los vientos favorables, surcaron las olas en un barco que nunca más sería el Calamidad, contando cada hora, cada anochecer y amanecer, luchando contra las bravas aguas del Cabo de Andrast, con el miedo enfriandolos cada día un poco más hasta volver a ver las primeras casas del pueblo.

El regreso fue alegre y triste al mismo tiempo, ¡qué sentimientos más opuestos y afines!, alegres por volver para abrazar y besar a los seres queridos y tristes por saber que el que era el corazón de su fuerza no estaba lejos de la urdimbre que se tejía alrededor. La pesadumbre y el miedo se reflejaba en el rosotro de cada uno de los había vivido la pesadilla de aquella noche, los tejados quemados, el suelo sucio aún de ceniza y cinco tumbas, cinco aldabonazos contra el escudo de Sunthas, cinco golpes contra el rostro de Gulthar, cinco mazazos contra la espada norteña de Adrahil, cinco cicatrices en la cara de Forâk, cinco dedos menos en la mano hábil de Din.

Todos los esperaban en la casa común y las formalidades desaparecieron entre la maraña de brazos y abrazos, de besos y caricias de la familia, del caldo caliente y vino, el hogar. Camlan, Tirrin, Aeguen y Marendil hablaban entre ellos, La Rosa y Grajo permanecían cerca de Sunthas, Calabdur y Haedrec comían en la misma mesa que su padre, observándolo; Ezkerzen, Olyvia y Rion ayudaban al duro Gulthar a desembarazarse de la pesada carga de su equipo entre palabras dulces de recriminación; la valiente Nylia mesaba las barbas de su esposo Dîn hablándole con palabras justas y sabias para hacerle olvidar la carga; Adrahil el duro montaraz conversaba en voz baja con Mileth bajo la mirada atenta de su aya, como único alivio a su soledad; y el antiguo mercenario Forak contemplaba pensativo el fuego absorto en sus pensamientos.

Aquellos días fueron frenéticos y la llegada del Escudero los hicieron más intensos pues se desentrañó que la Dama Ethudil había sido la causante de aquel mal y no sabían cuantos más, su brazo había sido largo y poderoso, su palabra la justa y su presencia tan intensa que no sólo había engañado a los viajeros, al Escudero y al Señor Spa, sino que el mismo Olorin había creído en sus palabras. Las visiones, los libros, los amigos, a todos y todo se consultó buscando el origen y razón de un odio tan duro y sordo pero no fue hasta que en Dol Amroth, Saerol el consejero del mismo príncipe Imrahil logró desenmarañar la terrible telaraña que la Dama Ethudil había tejido en la ciudad, pues supieron en aquella noche aciaga que Ethudil había sido y era parte de la Casa de Dor-En-Ernil y que en sus venas corría la misma sangre y vigor que por las del Príncipe y que su corazón se hizo oscuro como los abismos de Dol Guldur en una la noche en la que su esposo murió y la sombra cayó sobre ella.

Así supieron que la Dama había despedido al servicio a su cargo y tomando un nuevo barco de su flota partió al sur hacía tierras lejanas, una península que traía presajios de días oscuros, sangre y acero, la península de Vamag en cuyo extremo se encontraba la capital de los Corsarios, Umbar.

Historias del Templo de Varda, por el Viejo Raton.

Este es un trozo del diario que escribía un viejo monje que servia en el antiguo templo de Varda, en Minas Tirith. Entre escritos sobre visitas, trabajos diarios en el templo, incontables alusiones a una cocinera llamaba Lileth y no menos a las dolencias que sufría  su viejo cuerpo, se encontraron varios fragmentos de la historia de Sunthas Espinonegro.

El templo cayó en desgracia y fue destruido, perdiéndose gran parte de su biblioteca. Parte de este diario se salvó, se encontró en una vieja cabaña en la ladera de una montaña cercana a Minas Tirith. Estaba dentro de un cesto negro con anchas espinas, un cilindro de marfil y un trozo de queso podrido.

Estos son los fragmentos del diario escrito por Alarî, el viejo ratón.

….[Día 16 del mes Sûline, año 2.926 de la Tercera Edad.

Apenas hace unos días que ha entrado la primavera, el invierno ha sido especialmente frío este año. Aun los riachuelos están crecidos con las frías aguas del deshielo e incluso los campos amanecen con una fina capa rocío. Las noches son aun frías y se agradece el calor de los hogares cuando anochece, pero cuando el sol se alza en el cielo la temperatura aumenta rápidamente.

Como hago durante los largos años que sirvo en el templo, que no son pocos, ya que nuestra señora me ha bendecido con el don de la paciencia, pues parece que mi hora se retrasa con cada invierno como si estuviese esperando algo… y no estaba equivocado, doy un largo paseo apenas sale el sol, me viene bien para calentar mis viejos huesos, que parecen que se sueldan durante la noche. No sin antes hacer mi parada obligatoria en los dominios de mi querida Lileth, una de las  cocineras del templo que posee unas manos prodigiosas para la elaboración del queso de cabra especiado. Me deja desde hace ya incontables años, un trozo de queso especiado y una pieza de pan recién hecho en un cuenco. A veces pienso que Lileth posee sangre élfica, pues aunque pasan los años ella permanece casi igual y a mi sin embargo me pesan cada vez mas  los años, eso también explicaría su habilidad en la cocina. A veces se lo comento y la única respuesta que recibo es: “¿sangre élfica?, viejo ratón, creo que mis especias han nublado tu juicio” me dice sonriendo.

Me acabo de levantar para descansar mi vista, mis manos ya no están acostumbradas como cuando era joven a tantas horas de escritura, y al repasar lo que he escrito me doy cuenta que me he desviado por completo del asunto que me ha llevado a escribir estos viejos pergaminos, son mas bien los desvaríos de un viejo. Creo que Lileth llevaba parte de razón, tantas especias han mermado mi capacidad de concentración.

Por donde iba, ah! Si, mi paseo diario. Fue en uno de los muchos descansos que hago, en parte para saborear el magnifico queso y en parte para sentar mis doloridos huesos, en unos de los bancos del patio oriental del templo cuando escuche un peculiar ruido. Provenía de una vieja capilla orientada al sureste. Por un momento pensé que eran imaginaciones mías, algún pájaro o incluso el ruido del viento entre los árboles, pero el sonido se fue haciendo más fuerte y claro. Ya no tenia ninguna duda, o me estaba volviendo loco o estaba escuchando claramente el llanto de un bebe.

Empecé a seguir los llantos hasta la misma puerta de la vieja capilla, allí en los últimos peldaños, ya gastados por los años vi una imagen que nunca se me olvidara. Una imagen que cargaría sobre mis hombros como una pesada carga, bendita carga, a partir de ese día viví los mejores años de mi vida. En los peldaños de la vieja capilla, mirando a oriente encontré una cesta negra, en ella se encontraba un bebe llorando.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, no se si fue el dolor al agacharme o la imagen que vi, creo que posiblemente ambas cosas.  Y no se que me impacto mas, ver de que estaba fabricada la cesta o ver en el pequeño brazo del niños una pequeña herida que sangraba. La cesta estaba fabricada en una especie de mimbre espinoso, unas espinas negras largas y anormalmente anchas salían en todas direcciones, aun así unas manos hábiles habían conseguido que todas las espinas saliesen para fuera, dotando al bebe de una defensa casi perfecta, una de ellas se había quebrado y había caído en el interior, arañando al pequeño. El interior de la cesta estaba forrado con telas suaves de un extraño tejido y paños de algodón grueso. El pequeño tenía los ojos cerrados y lloraba sin parar, sus manitas cerradas zarandeaban el cesto sin parar. Saque la espina del cesto, y sus pequeñas manos cogieron la mía, como si supiesen que estaba allí. Las telas estaban impregnadas de extraños olores, muchos de ellos los conocía gracias a Lileth, clavo, salvianegra y un olor que no identifique y que era especialmente intenso.Con el tiempo descubrí porque no conocía ese olor, es un exótico perfume sacado del ámbar del desierto, unos de los comerciantes de Dol Amroth vendía un pequeño frasco a un precio desorbitado. Al poco tiempo el pequeño se fue calmando,  sin dejar de agarrarme firmemente mi mano abrió los ojos, unos inmensos ojos blancos me miraban, el pequeño era ciego.

Nunca olvidare ese día, pues desde que oí los llantos mis descubrimientos acerca de ese bebe me seguirían el resto de mis años y con una sonrisa y no sin  cierta nostalgia y tristeza los recuerdo. Infinidad de preguntas inundaron mi mente, parecía como si volviese a tener 20 años. Cuando cogí en brazos al bebe, vi en el interior de la cesta negra un cilindro de marfil sellado, sin ningún tipo de inscripción. En su interior, atado con raíz de diente de león se encontraba un grueso pergamino.

Mis años en el templo me han dotado de varios conocimientos y aptitudes, el pergamino estaba tratado con un aceite espeso, que le proporcionaba una cierta impermeabilidad, si por causas del destino, la humedad o el agua entraba en el cilindro sellado. Estaba escrito con una letra bastante fluida en adunaico, se caracterizaba por unos trazos largos y finos. Obviamente, tanto la colección del cesto, las telas, el cilindro y el pergamino eran obra de unas manos expertas,  al igual como claramente no de del reino de Gondor.

El contenido del pergamino lo transcribo fielmente:

“ Este es Armanâth hijo de Sakar Bêrun , Señor del Agua, y Ginâth . Descendientes de un linaje ya olvidado. Por sus antepasados corrieron la sangre de los primeros héroes, con el pasar de las lunas esa sangre casi se ha diluido por completo. Se le ha vedado ver el desierto, las dunas y los oasis, pero su espíritu es fuerte e inquebrantable, se que Armanâth los siente, posee el don de caminar en sueños.

He visto a mi hijo morir en el desierto, pero lo he visto bañarse en unas aguas. He soñado con el oasis del norte, allí tiene su sitio y mi esperanza. Su camino será sinuoso, lleno de dolor y sufrimiento. Mi estirpe llega a su ocaso. Armanâth debe elegir su camino.

Ruego que acojáis a mi hijo  en el seno del templo de Varda, y que ella y mis ancestros lo guíen e iluminen.”


Sakar Bêrun Señor del Agua

Releí varias veces la carta, y tarde mucho tiempo en comprender el verdadero significado de esas palabras. Descubrí con el paso del tiempo las virtudes y defectos de Armanâth, descubrí con grata sorpresa la verdadera fortaleza de su espíritu.

Fue en el ocaso de mi vida cuando comprendí que no era Minas Tirith el oasis del norte.

Pensé que no podría  usar su verdadero nombre, pues demasiada carga tendría que llevar el pequeño con su ceguera como para llevar un nombre sureño. Decidí ponerle un nombre acorde a cuando y como le encontré, mirándole a esos pequeños ojos blancos y sonriendo le dije: “Te llamaras Sunthas, el nacido en Sûline, Espinonegro, este cesto te ha protegido durante no se cuanto tiempo y gracias a sus espinas te encontré.”

Arropándolo contra mi pecho mire al cielo y fue en ese momento cuando hice la oración mas sincera de toda mi vida. Cogí el cesto y a Sunthas y me dirigí al interior del templo a comunicar a mis superiores de mi hallazgo.

Lo que ocurrió los años posteriores lo seguiré en otro momento, la vela se ha consumido casi en su totalidad, y este viejo cuerpo necesita del descanso.

Que Varda os guíe.]