5. El Cementerio de barcos

El viaje continuó sin aquellos que dieron su vida en la lucha contra los aparecidos de El Arnoriano Errante, tres valientes dormían ahora en el fondo del mar. Los más que llevados por el terror abandonaron a sus compañeros fueron duramente tratados por Vengaree y azotados cinco hombres por Haldir para dar ejemplo al resto de los cobardes.Justificar a ambos lados
Mientras, hora tras hora, las tormentas que Sunthas había predicho se acercaban a medida que recortaban leguas de la ruta que los llevaba al Cabo de Andrast. La tripulación, repuesta pero temerosa del destino que les aguardaba, trabajaba duramente para gobernar el navío de madera negra. Justo el día antes de alcanzar la jornada definitiva arribaron a un islote, antiguo faro y embarcadero gondoriano, luz de guía en los viajes en tiempos antiguos. “Estos muros deben ser de los tiempos del buen rey Eärnur, el último monarca de Gondor”, dijo pensativo Adrahil. “Era un poderoso guerrero que luchó en los tiempos de la caída del reino del Norte y orgulloso y poderoso como era, aceptó en una mañana fría de invierno el reto del mismísimo Rey Brujo de Angmar, que años antes había huído en los campos llenos de sangre de Annúminas mientras hasta la última de las bestias del Enemigo caía muerta. Partió solo y nunca nadie lo volvió a ver caminar sobre este mundo”

Aquellas dos noches siguientes pertenecieron al reino de la pesadilla cuando los espectros reaparecieron en el barco, llorando y gritando por sus vidas añoradas, sus hijos perdidos, sus padres amados. Nadie pudo descansar pues los lamentos plagaban las cubiertas, en esa última vigilia los usûluni interrogaron duramente al capitán para averiguar con horror que aquellos aparecidos asolaban y perseguían los sueños de todos en cada viaje desde hacía tres años, desde que aceptaron un envío de unos cajones de madera desde Annon Baran a un islote en alta mar. Vengaree arrojó esos cajones sin siquiera pensar en un momento en su carga hasta que cuando la último caja tocó el mar se abrió y pudo verse un rojo sudario, ese fue el comienzo de la maldición y el fin de la paz del Calamidad.

Así lentamente las últimas estrellas se apagaban mientras las negras nubes de tormenta llenaban los cielos y las olas salpicaban la cubierta, los marinos se aprestaron en sus puestos y Urvalt el deforme, agarraba el timón como una esposa infiel, Vengaree gritaba sobre la galerna dando órdenes a los hombres que Haldir repetía con redoblada furia. Nadie sabrá por qué, si fue el propio destino del Calamidad o la fatalidad que les perseguía desde que partieron de Dol Amroth, pero una de las velas se rajó como una mortaja seca y el barco negro bandeando sin control acabó contra las duras rocas de los arrecifes. Adrahil lo escribió en su diario como el choque lo sorprendió en la cubierta y como la mitad de los marinos salieron despedidos de cubierta como empujados por una bestia invisible y cayeron al mar y a las rocas y allí perecieron otros buenos hombres, tragados por las aguas impenitentes del Gran Mar. Pero cuando la tormenta amainó y se contaron las bajas, ocho bravos habían perecido tragados por las aguas oscuras y llenas de espuma, se anotaron sus nombres y unas breves palabras de Vengaree sirvieron como todo funeral.

Pero Gulthar el del ojo agudo se sobrecogío ante el paisaje que observaba desde la cofa del vigía, aquel que había soportado con valor el paso a través de los Senderos de los Muertos, que había ollado con sus pies los caminos plagados de enemigos en la Colina de la Hechicería, pues hasta donde su vista alcanzaba el cabo de Andrast mostraba su cara más amarga o sólo la cara que el Calamidad podía ver, decenas de navíos arrastrados por las tormentas habían dado con sus maderos contra los arrecifes de la costa, tantos que apenas podían contarse.

Un grito de auxilio rasgó la niebla, los tripulantes de un antiguo barco corsario gondoriano yacían exángües, el capitán Vaclaf Runder del Diablo Rojo gritaba a pleno pulmón. Y así, una vez más, la maldición de los fantasmas que poblaban los sueños del Calamidad atrajo a todos los desesperados que moraban en las Sombras y esos naúfragos rescatados atacaron sin piedad revertidos a su forma original mientras los hombres dormían. Dîn y Dolin, los valientes enanos y Forak Sangresucia se batieron con el valor que da la desesperación de saberse el único obstáculo entre la aniquilación y la vida.

El camino del Calamidad medraba sobre una alfombra de algas, sangre y huesos.

De como conocimos la ultima maldicion del Calamidad…

Maldito capitán su nombre ya lo sabéis, yo prefiero ni nombrarlo, con su sonrisa marcada para la eternidad, nunca levanto mis simpatías, ahora a mi pesar mis temores son ciertos, marinero con poca honorabilidad este capitán, os explicare la historia que tras beligerantes horas de discusión pudimos descubrir no sin dificultades.
Tres, fueron las ataudes, tres. Las que este pérfido arrogante tiro por la borda, no le basto con cobrar por transportarlas como paquetes en el viaje, un cobro importante y sin problemas como el mismo reconoció. Una vez cobrado tiro los ataudes al mar aunque dijo que no sabia que eran ataudes hasta que uno de ellos se abrió y vieron que dentro había lo que parecía un cuerpo humano. Desde entonces, estos aparecidos, estos fantasmas persiguen a este barco.
Pasamos la noche en vela como ya es habitual, puesto que no hay quien duerma en estas condiciones, debatiendo sobre como librar de esta maldición a la tripulación y a nosotros mismo, pues nos queda mucho viaje peligroso ya, sin esta peligrosa y sorprendente nueva. Mas dimos con lo que creímos una solución, el capitán tiene en su cuaderno de bitácora ese en el que escriben todo lo de a bordo, el sitio exacto donde fueron arrojados los ataudes, iremos y los sacaremos del agua, ¡Si!, eso hemos decidido, daremos descanso a esas criaturas, para que ellas no los den a nosotros, espero que estemos en lo cierto y demos con la solución.
Se acerca el día, presto a quitarme estos barriles huecos con los que espero flotar si el barco se hunde, que me incomodan enormemente, mi armadura, y demás ropajes para poder dormir. Esta noche pasaremos por un Cabo bastante peligroso, según me han dicho quiero estar bien descansado para soportar lo que pueda sobrevenir, odio los barcos, y el agua, no están echas para los enanos que nacimos para las piedras y la montaña, todo sea por Usûlun y mis compañeros.

De como sufri el miedo irracional a los muertos…


Recordareis que os dije que merecía ser azotado como los hombres de la tripulación del CALAMIDAD he aquí los hecho(siempre os recomiendo leer las notas de Adrahil que es mucho mas ilustrado que yo y posee mas datos exactos y detalles para profundizar en los hechos, si estos os interesan, yo soy algo menos detallado en mis escritos pero no menos veraz en ellos), pasaron una o dos noches extrañas al echo de la niña aparecida, Gulthar las pasa junto a Forak en cubierta, ultimamente casi nadie podía dormir de noche en el barco, ese día había pasado además un echo extraordinariamente raro, la imagen del barco la chilla esa cosa que llevan los barcos como tributo a los dioses para que los protejan según me han contado, ha cambiado, y la verdad no ha sigo un cambio a bien. De una hermosa mujer se ha transformado en una criatura monstruosa que mis compañeros han reconocido como una bruja de mar. La marinería ha estallado en gritos y desesperanza, creía que enloquecían. Hemos hablado con este capitán, que he de reconocer que no me genera ninguna confianza, mas no nos da explicaciones, Sunthas intenta mediante su magia conocer algo de la magia que rodea el barco pero como siempre algo le bloquea, cada día es todo mas extraño.
A media noche, en la 3 guardia como siempre suele ocurrir la que le toca a Gulthar, que parece que tiene algo que atrae a los problemas, se escucha la voz de alarma, cojo mi martillo, y sin ponerme mi armadura salgo presto hacia cubierta, cuando llego a la misma, no hay palabras para describir lo que escuche ni lo que sentí, como explicároslo, lo intentare, era una mujer que se alzaba sobre cubierta como flotando en el aire con ropajes raídos y el pelo extendido por el aire con los brazos estirados hacia Gulthar, en el momento en que la mire, profirió un lamento, si un lamento tal que hasta la ultima parte de mi sintió tal desatino que no pude avanzar, estuve luchando contra un miedo atroz todo el tiempo que duro un combate singular entre Gulthar, Sunthas y esa criatura, a la que las armas atravesaban como si fuera aire y que sin embargo ella a mis compañeros desgarraba como si sus armaduras no las hubiera forjado yo, no sabéis lo que sufrí en esos momentos, nunca me sentí así, de desvalido, ni siquiera en mi lucha con el kraken, en la que me sentí morir varias veces. Lo peor de todo era ver como mis compañeros podían morir delante mía, mientras mi poderoso Martillo azote de criaturas muertas como aquella, se encontraba paralizado por el miedo en mis manos, pero gracias a la bravura de los héroes de Usûlun y su determinación fue repelida la criatura que no fue destruida, mas al desaparecer maldijo al capitán y al barco, lo que nos hizo plantearnos una reunión seria con el mismo… lo contare en otro momento puesto que ahora debo descansar.

De como una niña nos muestra secretos del calamidad…

Seguía la noche siendo oscura, cuando Gulthar junto con Forak aparecieron raudos y despavoridos persiguiendo a una niña según ellos, yo que me encontraba en cubierta, no podía dar crédito a lo que decían, no había niños en el CALAMIDAD pero no parecían estar bromeando.
Terminamos bajo cubierta persiguiendo a la niña arropados por Sunthas, Adrahil y mas personas de la tripulación que se nos unieron en la persecusión. Cuando llegamos a la bodega la niña desapareció, no se veía por ningún lado. Solo encontramos un colgante que tras un estudio determinamos que era un colgante de la gente ribereña, pero que no pudimos concretar de que parte exacta de las mismas. Lo que si determinamos es que la niña era un espíritu.

Tras hablar casi toda la noche de varios sucesos extraños que nos habían ocurrido en este barco llegamos nos quedo la duda que misterio encerraba el mismo. Poco nos faltaba para descubrirlo.

De como y porque comence a escribirlo…

Era de noche, todo era niebla y oscuridad como solía serlo en este maldito barco el CALAMIDAD. Tras la gloriosa lucha contra ese barco fantasma la pasada noche estuve rumiando la idea de escribir nuestras aventuras.

Ya desde el comienzo mis compañeros Sunthas, Adrahil e incluso el loco de Gulthar han escrito y narrado las suyas para que los habitantes de nuestra ciudad Usûlun sigan las mismas.
Como refería, la lucha había terminado, el capitán y su segundo habían decidido dar un castigo a aquellos de la tripulación que pávidos y temerosos habían abandonado al resto a su suerte ante tamaño peligro, he de decir para que todos lo sepan que en esa lid todos mis compañeros se comportaron como lo que son unos grandes adalides de la luz, tratando de hacer ver al capitán que no debía castigar a sus hombres que su huida del campo de batalla no había sido por cobardía sino por el miedo a la magia de los muertos que casi ningún mortal puede hacer frente, mas también os diré que sin embargo yo en esos momentos vi lógico y necesario lo que el capitán hizo, castigo no a todos a algunos solo y sirvió para que sus hombres siguieran viendo que hay que luchar en cualquier momento por los compañeros o tendra consecuencias posteriores. No por esto penséis que no me dolieron los latigazos, los sentí como mios, posteriormente como leeréis yo mismo debería de haberlos sufrido pero eso os lo contare en breve no os preocupeis.

De aquellos que habitan Usûlun IX

Nimruzîr, Aglarinâth, y mis padres Aradî y Ar-Abaleth, ellos fueron mi simiente, el origen de mi historia, lo que narro a continuación no fue el destino, sino la consecuencia de una cadena de actos y decisiones.

Nací en una granja al suroeste de la Ciudad de Minas Tirith, desde una edad muy temprana mis dos hermanos, Nimruzîr , Aglarinâth y yo ayudábamos en los trabajos diarios de la granja, vivíamos con lo básico, la granja a duras penas producía para poder comerciar algo, y si el invierno había sido especialmente duro, como ocurría desde hacía 3 años, el día a día era muy duro, y como todas las penurias, no vienen solas, mi padre , Aradî se partió una pierna a finales del otoño, al intentar arreglar la carreta, ya vieja de los años. De modo que mi madre, Ar-Abaleth, se dedicaba al cuidado de las pocas pertenencias que poseíamos, al cuidado de la casa y de mi padre, que aun con la pierna rota intentaba a diario cuidar los animales y hacer lo posible para aliviarnos un poco la carga.
El invierno pasado, dos terneros se escaparon de la granja, la cerca se había astillado por el hielo y mi hermano pequeño, Aglarinâth, corrió tras ellos, con la mala fortuna que cayó en un riachuelo cercano, desde entonces tiene una grave pulmonía, que aunque no le impide hacer algunos trabajos, no puede hacer la mayoría, a veces creo que solo los hace por pura voluntad, pues lo he visto morderse los labios para no toser al hacer algún esfuerzo físico, yo hago como que no lo veo, pero me doy cuenta, sé que mi hermano Nimruzîr también, pero ambos hemos decidido no decírselo a nuestros padres, demasiada carga llevan ya…esta la llevaremos nosotros.
La fortuna por fin nos ha sonreído la última primavera, y la única vaca que no hemos vendido por necesidad, ha dado tres terneros. Para el próximo día de mercado lo llevare a la ciudad para venderlos, aunque sacaríamos mas si los criásemos, no podemos permitirnos ese lujo, y necesitamos el dinero. Al ser el mayor, mi padre me enseño algunos trucos para el regateo, siempre importante en el mercado, en mi recae la responsabilidad de conseguir el mejor precio.
Fue en el último viaje al mercado que se formaba a las afueras de la ciudad blanca, en la ciudad de madera, donde escuche los rumores de un tipo, un fanático religioso del templo de una diosa que desconozco, que se dedicaba a ayudar a los desprotegidos y pobres de la ciudad de madera,…. Sin duda el dormiría en su magnífico templo, tranquilo, descansando plácidamente mientras por el día su espíritu encontraba la supuesta paz ayudando a los demás, y como todos los demás clérigos, engordaba las arcas de su templo a costa de la esperanza y el buen corazón de las gentes, que soñando con un poco de esperanza se lanzaban a los brazos de cualquier predicador, ¡malditos clérigos!, así se pudran todos en sus templos ¡!! De que vale prometer recompensas espirituales, si es el cuerpo el que sufre, y es el estomago el que ruge de hambre,…como mi familia. Intente desechar esos pensamientos mientras conducía los tres terneros y algo de verduras que habíamos conseguido con otros trueques de las granjas cercanas, mas pobres que nosotros, si ese clérigo convertía mis terneros en vacas, sin duda que lo seguiría, con ese pensamiento alegre y soltando una carcajada que hizo que varios que pasaban por su lado se giraran, siguió encaminándose hacia la explanada donde se solía poner el mercado, aun era muy temprano, pues así podría coger el mejor sitio y ser de los primeros q ofrecieran sus mercancías a los ricos de la ciudad.
Busco un buen sitio, y cepillando lo mejor posible los terneros, así como abrillantando las pezuñas de los terneros, para que tuvieran un mejor aspecto, se quedo contemplando la hermosa ciudad. Ya la había visto varias veces, aunque nunca había entrado, y siempre se sorprendía mirándola, como sobresalía del inmenso farallón de roca, la fortaleza de Minas Tirith, blanca como las nieves de las montañas, con sus magnificas torres y sus murallas interiores… Muchas leyendas escucho de esa magnífica ciudad, ahora regentada por un senescal, pero la gloria de la ciudad decayó hace tiempo, la pobreza se iba cobrando poco a poco víctimas, y lo que antaño era impensable, ahora era una terrible realidad, una ciudad de madera se formaba poco a poco a las afueras de la ciudad blanca, una ciudad que reflejaba todo lo contrario que la ciudad blanca, sin duda, la luz y la noche. Y él vivía en la noche, maldiciendo en voz baja, volvió a concentrarse en sus terneros.
Para su sorpresa, apenas pasadas unas horas del amanecer, aun el mercado estaba casi vacío, lo cual le beneficiaba, pues habría menos competencia y podría vender mejor sus terneros, escucho algo de un riachuelo que se había desbordado, retrasando incluso impidiendo que las granjas de más al norte de la ciudad pudiesen llegar a tiempo paras las mejores horas del mercado. Hoy se auspiciaba un buen día, aunque hacia frio, el sol había salido y con ese poco calor y la esperanza de volver a casa con una buena venta, le animaron. Y así fue, los criados, cocineros y encargados de cocinas de las familias ricas y establecimientos de la ciudad salieron al mercado a buscar las mejores gangas, cosa que no llego a suceder, pues existían pocas mercancías, y las que había se vendían a un precio superior al habitual. Gracias a su habilidad en el regateo y un tic que su padre le había enseñado, que conseguía dar lastima a sus compradores, consiguió vender relativamente pronto toda la mercancía que llevaba y a muy buen precio. Sonriendo, y recordando las últimas palabras de su madre: “Hijo ten cuidado, regresa en cuanto hayas acabado y recuerda, se siempre honrado”, decidió emprender el camino de vuelta.
Sin embargo , al pasar por una taberna pensó en tomar un trago que sin duda se merecía y ayudaría en el camino de vuelta, así que decidió entrar, pidió un vaso de vino aguado y salió fuera, decidió irse detrás de la taberna, se sentó en una barril medio roto, y desenvolviendo un trozo de queso que le había sobrado del desayuno y se decidió a dar buena cuenta de ello, en ese momento era el más feliz, un trozo de queso, un vaso de vino y una buena venta, si , sin duda hoy era su día de buena suerte.
Estaba tan absorto en su almuerzo que no se percato de las figura de tres hombres que se habían acercado por el callejón de la taberna. Se sobresalto al escuchar maullar un gato y salir corriendo, dejando caer el poco vino que le quedaba, soltando una maldición se levanto y se dispuso a coger el vaso cuando vio las tres figuras, el día ya no auguraba nada bueno, y volvió a maldecir.
Los tres matones, que sin duda eran, pues sus ropas grasientas y rajadas, sus barbas y pelos sucios y su olor bien podrían haberse confundido con cualquier otro habitante de la ciudad de madera, a no ser por los tres largos cuchillos que portaban. Volvió a maldecir. El hombretón del centro, parecía que era el jefe, ya que fue el primero en hablar, una pequeña cicatriz le cruzaba la frente y se adentraba en el cuero cabelludo, sin duda de alguna pelea callejera, estaba bastante gordo, como sus dos compinche, pensé que si fuesen cerdos podrían haberse vendido esta mañana por una buena cantidad, sonreí al imaginarme la imagen.
– Vaya, veo que el muchacho tiene agallas, y delante de tres hombres hechos y derechos se ríe, vaya …vaya… no te reirás tanto luego, y a continuación soltó una carcajada, que provoco las risas de los otros dos. Entre los tres no completaban una dentadura, volví a sonreír a imaginarme los tres cerdos enormes sin dientes, he…
Dame todo lo que lleves y podrás volver a tu casa con tus cerdos, y borra esa sonrisa de tu cara, o te la borraremos nosotros. Su amenaza surtió efecto y de inmediato deje de sonreír, no debía tentar más mi suerte. Maldije de nuevo, ¿porque tuve que parar a tomarme ese trago?? ¿Por hacer lo que se suponía que debía hacer? ¿Por cumplir con mi obligación con mi familia? Maldita suerte la mía.
De todas formas la solución para aquella situación era muy complicada, llevaba escondido un pequeño cuchillo que me regalo mi padre hace 2 cumpleaños, el cual mantenía siempre afilado y en buen estado, y por otro lado no podía darles el dinero, como volvería a casa sin nada?? Sería la ruina par mi familia, y tampoco podía enfrentarme a los tres matones, no tendría ninguna oportunidad, si aunque dos de ellos fuesen de verdad cerdos. La única solución era huir, los tres estaban confiados al tener enfrente a un muchacho, al que duplicaban no ya en fuerza, si no al que superaban en número y en experiencia, pero eso podía jugar a mi favor y también el hecho de que yo era más rápido, tenía que hacer un plan en segundos de forma que me diese el tiempo suficiente como para sobrepasar al matón que me cerraba el paso a la calle principal, pero ¿cómo?
Nunca fui demasiado inteligente, ningún muchacho que recibía una educación fuera de la gran ciudad, sabía leer o escribir, pero el campo, las montañas y el trabajo duro nos hacían fuertes. Y yo tenía cierta habilidad para juzgar a las personas y ver sus puntos débiles, y era bueno analizando situaciones, así que trace un plan. Era una locura de plan, pero por lo menos tendría una oportunidad.
Comencé a temblar y a realizar el tic que mi padre tan astutamente me enseño, esto hizo que los tres matones me mirasen por un momento atónito y comenzasen a reírse a carcajadas. Descuidándose aun más.
– Si muchachos, hoy es nuestro día de suerte, encima el chico es anormal, será dinero fácil, espero que no te mees en los pantalones, chico, jajaja…reían los tres.
Con un movimiento rápido que los pillos desprevenidos, gire sobre mí hacia la entrada del callejón, mientras sacaba el cuchillo de la camisa y lanzaba un tajo hacia el que me impedía la huida, no apunte a ningún lado, solo a al cuerpo. Sentí una resistencia en el cuchillo, que cedía y luego se desviaba, mientras corría hacia la salida. Sin duda fue un buen tajo, pues el cuchillo se hundió y toco hueso, no me pare a mirar, pero escuche un gran grito que acallo las risas de los otros 2, y un sonido metálico al caer el largo cuchillo que portaba.
Aprovechando el momento de incertidumbre, avance lo más rápido que pude, viendo como poco a poco mi libertad se acercaba, aquí es cuando maldije de nuevo. No evalúe bien la situación, aunque el plan en cierto modo salió bien, no juzgue bien a mis terribles adversarios y los subestime, apenas avance 5 metros cuando sentí un dolor lacerante en mi pierna derecha y otro en mi costado derecho, como cuando me caí del árbol en el verano pasado, y se me clavaron varias ramas en el estomago. Al momento, perdí fuerzas y caí al suelo de bruces, mi chuchillo salió despedido y acabo debajo de unas cajas, lejos de mi alcance y de toda esperanza de una posible defensa. Llevándome la mano al costado y mirando, puede ver como un mango sobresalía del costado y otro de la pierna derecha, así como la abundante sangre que estaba manchando mi camisa…de nuevo una maldición apretando los dientes, al mirar hacia los tres matones, uno de ellos portaba en la mano otras dos dagas cogidas por la punta, sin duda, dispuesto a lanzármelas si me atrevía a levantarme, mientras el feje gordo se acercaba maldiciendo y blandiendo tu cuchillo y con cara de pocos amigos:
– Muchacho, de esta no te libra nadie, te vamos a rajar de arriba abajo, y te dejaremos aquí para que te coman las ratas, ni tu madre podrá reconocerte.
Esa imagen, la de mi madre llorando sobre mi cadáver irreconocible, me entristeció enormemente, y por un momento olvide el dolor.

Al momento los tres estaban alrededor mía, al que corte se le caía la saliva, seguramente por el hecho de aguantar el dolor, aunque creo que más por aguantar las ganas de arrancarme la cabeza en ese momento, cosa que podría hacer incluso con una mano.
Y empezaron a golpearme, el tiempo se ralentizo de tal forma, que cada vez que me golpeaban era como si me cacease un asno en el estomago, una y otra vez, al intentar hacerme un ovillo para aguantar mejor los golpes, la daga del costado se me hundió mas, de modo que abrió mas mi herida, haciendo una más insoportable, el tiempo seguía parado, y los tres matones no se cansaban, como podían seguir golpeándome tanto tiempo, aunque en verdad pasaron solo segundos.
Lo que ocurrió a continuación aun permanece en mi memoria, y esos acontecimientos que no comprendí, con el tiempo los entendí.
Demasiado absortos estaban los tres matones golpeándome que no notaron la sombra que ocultaba la luz de la calle principal, no supe saber que era, pero era grande. Al momento oí un gorgoteo, extrañado y haciendo acopio de fuerzas vi una imagen que se me quedo en la retina, los últimos segundos que me mantuve consciente. Al que corte en el brazo le sobresalía una gran hoja de acero por el pecho, mientras miraba extrañado la hoja y a continuación miraba a sus 2 compañeros que habían detenido su paliza mortal y comenzaban a girarse, a uno de ellos no le dio tiempo, una masa de acero ,se inclino al tiempo que la hoja desaparecía del pecho del que corte, y levantaba y desplazaba con una fuerza enorme el grueso cuerpo del jefe, lanzándolo a varios metros, el cuerpo golpeo contra la pared de la taberna en un sordo crujir de huesos cayendo al suelo inmóvil. Cuando el que aun permanecía en pie logro encararse con su adversario, el cuchillo le tembló, y balbuceo algo ininteligible golpeado débilmente con su cuchillo seguí el movimiento y vi como un muro de enormes escudos detenía el movimiento fútil del matón, incluso creí percibir como los escudos laterales se cerraban aun mas, así imposible que nada ni nadie penetrase esa terrible defensa, continúe mi vista hacia arriba y dos cosas llamaron mi atención , un enorme yelmo que sobresalía sobre el muro de escudos y el movimiento lateral que la gran espada estaba haciendo, pocos segundos le quedaban de vida a mi tercer y último contrincante, en ese momento fui consciente de todo el dolor que recorría mi cuerpo, al que se le habían sumando, sin duda, varias costillas rotas. Notaba la calidez de la sangre por toda mi pierna y mi costado, y mi respiración entrecortada aumentaba el dolor provocado, sonriendo amargamente por saber el destino de los causantes de mi destino, respire hondo y me dispuse a soltar mi último aliento al tiempo que oí a una persona:
– Merien, rápido, busca un sanador.
Al abrir de nuevo los ojos, me quede un poco decepcionado, el cielo no era como yo esperaba. Ciertamente mi vida había sido honrada, exceptuando aquel malentendido con las hijas del lechero, y esperaba que todos los duros años en la granja me hubiesen agraciado con un pequeño lugar en el paraíso. Pues no era así, mi particular cielo consistía en un colchón de paja, una manta de lana y un techado de madera lleno de agujeros, por el que oía corretear ciertos roedores.
Al intentar incorporarme, la parte derecha de mi cuerpo ni se movió, a cambio sentí como si me cocease la vieja mula de mi padre, Grenjia, en toda mi cabeza, un gran dolor recorrió mi costado hasta mi cabeza. Me mordí la lengua del dolor y cerré los ojos, ¿Dónde estoy?, ¿en qué clase de cielo estoy, que aun tengo las heridas?, o…sin embargo, ¿aun estoy vivo?, intente recordar lo que había ocurrido y enlazar estos recuerdos y pensamientos, poco duro mi esfuerzo, mi intento de levantarme me dejo factura y al poco tiempo caí de nuevo inconsciente.
Abrí de nuevo ojos, poco a poco, ni me moví, intente ser consciente de las heridas, y note un quemazón en el costado, ahí estaban de nuevo, maldita sea, no sé el tiempo que he permanecido en la cama, gire mi cabeza hacia la izquierda y una mano cálida se poso en mi hombro.
-Chico, no seas tozudo, y estate quieto. Han pasado pocos días, y aun tienes las heridas abiertas, el moverte solo las abrirá de nuevo. Dijo aquella joven
-¿Donde estoy? ¿Quien eres? ¿Y mis padres??…que? balbucee, tenía la boca seca y los labios se me pegaban.
-Tranquilo, estas a salvo y tu familia también, estas en casa de mi señor, veras a tu familia cuando te recuperes un poco más. Dijo acercando un tazón con agua fresca, que bebí derramando la mayor parte. Todo ira bien ahora descansa y recupérate. Y a continuación pronuncio unas palabras, solo me pareció escuchar : “…Varda vele tus sueños…” y caí de nuevo dormido.
La tercera vez que me desperté fue por culpa de la claridad que entraba por el postigo de la ventana, desconozco el tiempo que permanecí en aquella cama. Solo recuerdo breves momentos de lucidez, recuerdo a mis hermanos y a mis padres. También recuerdo que volvía una y otra vez al callejón de la taberna , donde huía de nuevo de los tres asesinos, pero no sé por qué motivo, por mucho que corría , siempre me alcanzaban. Más tarde comprendí que las heridas se me habían infectado, y tuve mucha fiebre que me causo delirios, durante días mi vida corrió peligro, aunque tanto mi familia como mis defensores de aquel trágico accidente habían velado por mí. Todo el tiempo que estuve enfermo, ni a mí ni a mi familia nos falto de nada, las doncellas se pasaban a menudo y el caballero también, aunque debía atender asuntos casi a diario por toda la ciudad de madera, incluso en la bella ciudad blanca. Sin lugar a dudas, era un ricachón aburrido ávido de aventuras, ansioso por salvar a damiselas en peligro, y a incautos muchachos. Bueno, fuese quien fuese, le debo la vida.
Cuando desapareció la fiebre, por fin, pude ser consciente de la compañía de mi familia, que me contaron todo lo ocurrido desde el altercado del callejón. Tanto ellos con otra familia habían sido recogidos en la casa del caballero Sunthas, pues así se llamaba ese hombre, y sus doncellas, Merien y Nylia, habían cuidado que no nos faltase de nada, y habían corrido con todos los gastos.
Me dijeron que había gran revuelo en la ciudad de madera, ya que lo ocurrido en aquel callejón, aunque no era a diario, si eran acciones bastante comunes del caballero Sunthas, el cual se decía estaba un poco loco, pues casi siempre que ocurría algo era por algún motivo religioso, algún insulto a su señora o algo parecido. Muchos lo evitaban, pero sin embargo, otros muchos lo seguían y lo veían como un salvador, algo respecto a la formación de una caravana que se dirigiría hacia el interior de Gondor, una caravana formada por cualquiera de la ciudad que quisiera empezar de nuevo, dejando las miserias y penurias atrás, desde cero, no importaba lo que hubieras hecho, era según mis padres, una oportunidad para cualquiera que quisiera empezar de nuevo, de hecho también se rumoreaba que ciertos miembros arrepentidos de una banda de ladrones también irían, cosa que no agrado a mucha gente, pues temían por las intenciones de esos “arrepentidos” y por las pocas pertenencias que aún le quedaban, otros se echaron para atrás, pero otros preguntaron a Sunthas el motivo, su respuesta convenció a muchos, a otros no.
-Todo el mundo merece una segunda oportunidad, el objetivo de esta caravana es ese. No soy juez ni verdugo, no soy yo quien debe decidir si alguien se la merece o no, cada uno se forja su destino.
Mi familia, como muchos otros, vendió las pocas cosas que pudieron, y decidieron que si querían otra oportunidad, además , se sentían agradecidos por todas las atenciones recibidas. De modo que así seria nuestro nuevo comienzo, mi altercado con tres matones daría el comienzo de nuestra nueva vida, si como decía el Sr Sunthas, cada uno se forja su destino, sin duda el mío no estaría exento de peligros.
Una noche, quizás por una mala postura, no pude conciliar el sueño más de un par de horas, así que decidí abrigarme un poco con la manta y bajar al pequeño salón, con suerte habría alguna sobra de la cena en la cocina, y quizás con el estomago lleno podría volver a la cama. Mi sorpresa fue, que ya alguien había pensado como yo y se me había adelantado, y daba buena cuenta de un trozo de pollo.
– Vaya…espero que me dejes algo. Dije. Mi adversario culinario ni se inmuto, maldita sea, o es sordo o se lo hace, y no desea compartir la presa, así que decidí insistir.
– Ejem…! Sabes hablar a parte de engullir, o toda tu atención se la lleva ese pobre pollo indefenso, maldita sea, déjame algo… – Mi estomago, al cual le tengo agradecido su ayuda, rugió, confirmando así mis palabras. Fue ese sonido el que altero a mi enemigo de cocina, que se giro.
Aquel muchacho o muchacha, pues en ese momento no supe exactamente que era, no era como yo, me refiero a que sus facciones no eran como las mías. Su tez era demasiada morena como para ser a causa del trabajo en el campo, pues la camisola que llevaba, algo raída en los extremos y anudada a la cintura, dejaba ver parte de su espalda, y no era pálida, sino todo lo contrario, y un extraño dibujo recorría parte de su espalda, cuando la curiosidad me impulso a ver con más detalle aquel extraño dibujo, él o ella, con un lento movimiento de la mano, se tapo con parte de la camisa el dibujo.
Permanecí durante un momento midiendo a mi adversario, en otras condiciones hubiese actuado de otra forma, pero las heridas aun me dolían, así que era imposible que un movimiento rápido mío pudiese arrebatarle la presa a mi enemigo culinario, y no sé porque, su complexión me decía que debía ser un adversario temible en ese aspecto, si bien no presentaba una musculatura prominente, si estaba bien formado, y creo, que aunque me encontrase en plena forma, no tendría ninguna posibilidad. Así que la resignación pudo conmigo y con mi rugiente estomago, y cediendo el terreno y vencido me dispuse a abandonar la cocina y subir a lamer las heridas, pero algo me detuvo, un ruido, como un chisteo, me gire y vi como mi adversario me tendía la mitad el pollo, moviéndolo y ofreciéndomelo. Extrañado lo acepte, hice un gesto con la cabeza de agradecimiento y m senté en el suelo a unos pies de el, y así en una noche fría, en la cocina de caballero Sunthas, y compartiendo un pollo fue como conocí a Irkja, que en un futuro seriamos compañeros y grandes amigos, proveniente de una de las granjas de más al sur de Gondor, y descendiente de sangre haradrim.

El destino nos hizo compañeros, yo a partir de ese día, le defendería de los insultos de otras personas, porque por su sangre seria en cierto modo repudiado, me refiero en la ciudad de madera, en la caravana y ya una vez en Usulun, la cosa cambio. Con el tiempo comprendí, que mi defensa estaba bastante infundada, pues el bien podía defenderse, y no solo de un adversario, algo respecto a sus enseñanzas o filosofía extraña hacían que evitase toda acción hostil, mas tarde con el pasar de los años, aprecie sus enseñanzas .Yo le mostré la cultura gondoriana, así como el idioma, y el parte de las enseñanzas de su abuelo, de sangre haradrim, y algo de su estilo de lucha, muy peculiar, pero terriblemente efectiva.

A los pocos días, después de varios encuentros con mi enigmático compañero nocturno, pues coincidí con las varias veces en la cocina, incluso se convirtió en un pequeño ritual, a veces, yo cenaba poco, para poder bajar más tarde. Empezamos a trabar cierta amistad, si bien, no nos entendíamos, poco a poco aprendíamos palabras uno del otro, el había aprendido algo de oestron, así que él me entendía mejor q yo a él, pero poco a poco, la comunicación fue avanzando. Lo que aprendimos el uno del otro con el paso del tiempo es otra historia, no menos interesante y si más larga y compleja, que os contare en un futuro.

En uno de mis viajes nocturnos, escuche voces al pasar por el salo, así que, siguiendo ciertas enseñanzas sutiles de Irkja, y no muy caballerosas, me deslice silenciosamente y me dispuse a observar a esas personas, para mi sorpresa eran 3 personas ya conocidas por mí. Sentadas una enfrente de la otra se encontraba Nylia y Merien, doncellas porta escudos del caballero Sunthas, este se encontraba apoyado en la chimenea, de cara a ella, su gran corpulencia apenas dejaba que saliese alguna luz del hogar.

-……ella está equivocada, la Orden se fundó para proteger a estas gentes, a los desvalidos e indefensos, no a los ricos de Minas Tirith, detrás de sus murallas y soldados. La Suma Sacerdotisa ha perdido la razón…- Dijo Sunthas mientras tensaba los músculos, la vieja madera de la chimenea se quejo con un crujir continuo.
– Lo sé mi señor, dijo Merien, pero ¿cree que debe enfrentarse a ella públicamente?, mientras en su rostro se dibujaba la preocupación.
-Mi señor Sunthas, Merien tiene razón, debe tener cuidado, ya casi la totalidad el templo nos repudia, nos aceptan por quien fue su mentor, pero ya hace tiempo que no nos llaman para las asambleas. Ella es aun la Suma Sacerdotisa, y queramos o no, es poderosa, aunque este equivocada y nuestra Señora este de nuestro lado, es aún muy peligrosa, y posee aliados políticos que quizás….Nylia se detuvo, vio como Sunthas se giraba, y aunque esperaba ver en su rostro ira, lo que vio fue muy diferente.

Sunthas se giro, en su rostro se reflejaba la preocupación, el dolor, la angustia….el sufrimiento, los reflejos del hogar se reflejaban en el, acentuando aun mas sus facciones, se diría que era la pena en vida, se relajo y sus hombros se cayeron, quizás todo el peso que soportaba le estaba pasando factura.

Comprendí en ese momento que ese hombre no era un rico más de la ciudad blanca, no era un caballero de reluciente armadura que se dedicaba a defender a muchachos y a rescatar doncellas. Sus ropajes estaban sucios, su armadura estaba opaca, y su rostro y cabello bien podían pasar en ese momento por un mendigo. Era un hombre que estaba sufriendo, que se enfrentaba a todo lo que conocía, a sus superiores, que se daba cuenta que la política no daría de comer a todos los que cada día se reunían en las puertas de la ciudad pidiendo limosna. Era un hombre que debía decidir, y que esa decisión le marcaria la vida a partir de ese momento, lo que escuche a continuación cambio mi idea de ese hombre.

– Lo sé, sabéis que no soy hombre de política, desde que me recogió el templo, fui instruido y enseñado para obedecer los designios de mis superiores, pero algo me dice que no son los mismos que los deseos de nuestra Señora. Le debo agradecimiento tanto a la Suma Sacerdotisa, como al templo como a mi mentor, por haberme acogido, no es fácil criar a un niño ciego.- En ese momento deje de respirar…que es lo que acababa de escuchar, ese hombre era ciego?. Pero ¿como…? No es posible….- Pero es por eso por lo que debo actuar, continuo Sunthas, ella ha dejado de escuchar los designios de Varda, lo sé, y estoy seguro que si mi mentor estuviera vivo me daría la razón. Incluso hubiese actuado antes que yo.
La corrupción y el poder se han apoderado de la Orden, las injurias y los favores políticos ocupan ahora el orden del día, de la que antaño fue una Orden temida por el enemigo. Sabéis como yo que la orden se acaba, somos los últimos, incluso el campeón de Varda abandono la orden hace mucho.
No puedo esperar más, no puedo permitirme el lujo de enfrentarme a ella en las asambleas, cada día hay gente que muere, niños que enferman, las provisiones se van acabando. Debo enfrentarme a ella cara a cara, y que sea Varda quien decida, daré mi vida con gusto por defender a estas gentes, mi mentor no hubiese permitido otra cosa.
Nylia , Merien…- su rostro cambio, el dolor y el sufrimiento dieron paso a una terrible determinación, algo pareció que brillo en sus blancos ojos, y recobrando toda su fuerza y presencia…- os libero del deber de acompañarme , os retiro el titulo de porta escudos, y os nombro templarias, lo mereceis mas que muchos miembros del templo que se hacen llamar asi..

Durante unos segundos solo se oía el crepitar de los leños, y fue Nylia la que hablo primero, sonriendo.

– Usare por un momento el titulo para dirigirme a ti, Sunthas, mi honor, mi vida, todo lo que soy te lo debo a ti, y por derecho no acepto el titulo que me ofrecéis, mi señor, cambio de forma de dirigirse al caballero Sunthas y levantándose, cogió el enorme escudo y miro al hombre que tenía delante.- Mi señor, mi vida y mi fe, por Ella y por vos, y por último se arrodillo.
– Mi señor, desde pequeñas creísteis en nosotras, aguantasteis al burlas de los demás miembros del templo, que templario ciego adoptaría a dos mujeres como porta escudos, visteis en nosotras más que ningún otro, y fuiste no solo nuestro pilar, sino nuestro referente, no concibo una vida sin vos.- y cogiendo también su enrome escudo, se arrodillo al lado de Nylia.- Declino su titulo de templario, ser porta escudo suya es mi honor, permitidnos que mañana , una vez más, nuestras sangres se mezclen y que si así lo desea nuestra Señora, muera por vos. Mi Señor Sunthas, mi vida y mi fe, por ella y por vos.
Algo se reflejo en el rostro de Sunthas, una lagrima cayo por la mejilla de aquel hombre, pero lo que vi en sus ojos… miro hacia abajo y dijo.
– No habrá mayor honor que luchar con vosotras, sois dignas de Ella, y el templo temblara mañana, creedme.
Algo recorrió mi cuerpo, el sentimiento no puedo describirlo, con esa sensación abandoné ese lugar y me dirigí a mi cuarto, perdí el apetito, y algo que aun me acompaña ocupo su lugar.

Este es el comienzo de mi historia, de mis primeros días, y de cómo conocí a Irkjal, él cuando considere oportuno, pues es parco en palabras, contara la suya. Y de cómo la adversidad, la necesidad y la esperanza nos hizo participar en la caravana, y empezar una nueva vida.
Mi nombre es Zarik, hijo de Gondor.

De aquellos que habitan Usûlun VIII

¡MUERTEEE! …¡MUERTEEEE!… ¡MATALO!..una y otra vez gritaba la multitud que se congregaba para ver los combates, una y otra vez repetían las mismas palabras, el bochorno y el aire caliente que provenía del desierto aumentaba la sensación de calor, en el aire la mezcla de olores, el sudor de la muchedumbre y el estiércol del ganado encerrado en las cercas, hacían que el aire fuese pesado y difícil de respirar, aun así rivalizaba cuando la brisa lejana de la costa conseguía llegar , con el olor fuerte del clavo, del estragón o el de la savia de romero, que mitigaban en cierto modo las primeras sensaciones de repugnancia, pero hay un olor que predominaba como un rey sobre sus súbditos ,de entre todos los olores había uno perenne, el de la muerte. La tierra de esa arena había absorbido tanta sangre, que estoy seguro que ni aunque pasasen diez generaciones, ninguna planta conseguiría echar raíces.
El sonido de una hoja metálica al atravesar carne y clavarse en la tierra avivo de nuevo a la muchedumbre, que deseosa de más sangre y contenta por el espectáculo animaban a su vencedor, los que habían apostado por él, gritaban como locos, eufóricos, que prácticamente eran todos los presentes. Los gritos de alegría daban poco a poco paso a un grito unánime por todos: AL – RAZOR!!!!! AL-RAZOR!!!!! AL – RAZOR!!!! …. Todos los espectadores gritaban el mismo nombre, el pobre adversario que yacía en el suelo atravesado por una extraña espada, pasaría a la posteridad como un simple numero.
Al- Razor, dejo la espada clavada en el cuerpo, como solía hacer, y levantando los brazos, los tenso, toda la musculatura de su torso se mostro, era un hombre fuerte, sus brazos eran largos y musculosos, su torso y piernas estaban bien formados, aunque había tenido adversarios más fuertes que él, todos, y cuando digo todos, son todos, habían sucumbido a su espada. Lo que hacía a Al-Razor temible, no era su musculatura, pues si bien era fuerte, no lo era en extremo, ni su habilidad con las armas, que eran un amplio abanico, si no era una peculiaridad que solo algunos miembros de su clan poseían, sus ojos.
Según la leyenda y las antiguas historias, solo el clan Razor, de la tribu Al-Halhalaia, tenía la sangre de una antigua raza, ya hace tiempo extinta, esta sangre, en algunas generaciones y sin distinguir entre hombres y mujeres, se mostraba en unos ojos extraños, si bien son normales a simple vista, cuando acecha la muerte cambian, y se dice, que otorgan al que los posee la habilidad de predecir los movimientos del adversario, incluso anticiparse a todos ellos, es como si, en el umbral de la muerte el portador del don de los Razor, simplemente desequilibrara la balanza hacia el adversario. De todas formas, es toda una leyenda, aunque en toda leyenda hay una verdad.
Ese al que llaman Al-Razor, conocido en otros lugares como El Matador de Harad, Al-Razor el Despiadado, El Corsario, yo le llame durante mucho tiempo padre. Mi nombre es Irkjal, hijo del Matador de Harad. Esta es un trozo de su historia, y por consiguiente, los comienzos de la mía.
Al-Razor fue, y digo fue porque perdí su rastro hace algún tiempo y desconozco si sigue vivo o no, uno de los pocos gladiadores libres de Harad. Uno de los motivos por los que uno se hace gladiador es o porque cae esclavo y lo obligan a luchar, o simplemente por el dinero. Mi padre no fue esclavo de nadie en su vida, solo de sí mismo. Poco se sabe en la civilizada Gondor de los gladiadores, solo rumores o leyendas, demasiado cruel es obligar a hombres a luchar por su propia vida o libertad, pero cuando el hombre lucha por placer, la cosa cambia. Como todo en esta vida, y me costó sangre y sudor aprender, la dualidad, bien y mal, luz y oscuridad, muerte y vida, solo nosotros somos los que decidimos donde inclinarnos, y mi decisión fue hace tiempo tomada.
Tuve conocimiento de la profesión de mi padre a muy temprana edad, iba con él a las arenas a verlo combatir, desconociendo el motivo que lo motivaba, simplemente veía a mi padre hacer lo que mejor hacia, matar. Desde pequeño escuchaba a otros gladiadores, mercaderes, jugadores, incluso al propio público hablar de El Corsario. Os contare la historia que escuche de ellos y de mi madre, la cual, intento nivelar con cierto éxito la abrumadora cantidad de violencia y sangre que mis pequeños ojos absorbieron de pequeño, enseñándome otro estilo de lucha, con otro objetivo.

“En algún momento de la Tercera Edad (hacia el año 2950), apareció en Umbar un misterioso guerrero que se hacía llamar Al-Razôr. Nadie conocía sus motivos ni su pasado, pero comenzó a ser conocido en las arenas de los espectáculos de gladiadores muy pronto. Sus habilidades y su refinada crueldad pronto le lanzaron a la fama, docenas de esclavistas y representantes se peleaban por conseguir poseerlo para ellos. Pero Al-Razôr les recordó que él no era ningún esclavo, y que venía de una raza más noble que todos ellos. A partir de entonces comenzó un constante viajar por diferentes ciudades del lejano Harad, participando en tantas luchas de gladiadores como podía. Se dice que llegó a luchar en los salvajes espectáculos de Rhûn, y aún así dicen de él que aún no ha sido vencido nunca.
Al-Razôr acostumbra a presentarse por sorpresa en los espectáculos, sin anunciarse previamente. Admite un representante sólo cuando le conviene, y la mayoría de los organizadores de luchas están ansiosos por verle matar. Su indumentaria suele ser sencilla y recia, ideal para viajar y luchar con ella: una armadura de cuero simple, unas sandalias y una túnica color arena.
El Matador de Harad no conoce el cansancio, se rumoreaba por la costa, que llego a combatir 3 días seguidos, solo consumiendo una extraña hierba y agua; aun así, nadie consiguió vencerlo, aunque muchas veces ha sido herido, nunca esas heridas, han mermado su capacidad.
Lo único que se conoce con certeza es la escuela en la que aprendió, la escuela Kûninazû, del lejano Rhûn, pues al principio portaba en su peto de cuero el emblema de esta, dos espadas dentadas y cruzadas sobre una luna purpura. Cuando al principio empezó a ganar combates, se dice que otros gladiadores y esclavistas viajaron a Rhûn, a conocer los secretos de la escuela, esta permaneció cerrada desde entonces, solo un hombre, ya anciano, cuidaba de la escuela, al preguntarle este dijo. Al-Razor?… si…fue alumno de esta escuela, pocos hombres desde su partida volvieron a entrenar aquí,…su secreto, es bien fácil –Mientras empuñe un arma, Al-Razor no caerá-.”
Desde lo que se, fue temido dentro y fuera de la arena, cuando empezó a viajar buscando combates, estuvimos siguiéndolo un tiempo mi madre y yo, pero a los pocos años, se encerró en sí mismo, buscando solo combates. Mi madre asqueada de tanta violencia, y muy contraria a ella, opto por alejarme de él, no si antes, hacerse con una buena cantidad de dinero. El no se dio cuenta, o si lo hizo lo ignoro, simplemente me miro y me dijo: “vete con tu madre, el único consejo que puedo darte es que seas fiel a quien eres y como eres, mírame, me dijo enseñándome sus fuertes manos, llenas de arañazos y callos, esto es lo mejor que sé hacer, y lo único que sé hacer, no moriré en una cama, ni por una extraña enfermedad, ni siquiera envenenado, mi sangre mojara la arena que amo”. Se levanto, se irguió, y dijo: “mujer, se que le has estado enseñando tu arte, espero que le sirva de ayuda en esta dura tierra, ahora marchaos”, y sin más, se alejo.
Demasiado compleja fue nuestra vida a partir de entonces, intentamos empezar en varios sitios, pero éramos conocidos a donde íbamos, incluso sin estar con nosotros, estábamos a la sombra de Al-Razor. Así que mi madre tomo la difícil decisión de ir al norte, a las lejanas tierras verdes de Gondor, esperando que allí tuviésemos un nuevo comienzo. Ni las enseñanzas de mi padre, que fueron pocas, hasta las de mi madre, que son complejas y que no revelare por muchos motivos, no me prepararon para lo que mis ojos vieron a en los años venideros.
No ya la tierra, tan diferente de mi tierra natal, o su idioma, o sus gentes…La vida me enseño una lección, que me costó aprender, otro tipo de violencia. Harad puede ser mortal para los débiles de cuerpo, sus tierras, gentes y costumbres son duras, quizás extremadamente duras, pero en la maravillosa Gondor, vi otro tipo de crueldad, la que no te hace morir por la espada o te causa heridas: la ignorancia y el rechazo. En mi tierra éramos respetados, no por quienes éramos, sino por quien era mi padre, en Gondor ni por una cosa ni por otra, tanto mi madre y yo fuimos objeto de calumnias, de rechazo, de insultos, a cada paso que dábamos, éramos culpable de todos los años de violencia ejercida entre las dos naciones, éramos los causantes de todo el dolor de las generaciones pasadas.
Aun así, resistimos, puede que no tengamos las maravillosas ciudades de Gondor, o sus verdes bosques, o sus ríos plateados, pero Harad te hace duro, extremadamente duro, quieras o no. Las enseñanzas de mi madre, su fortaleza y su resolución fueron claves para nuestra supervivencia, si bien, no pasamos en ningún momento hambre, siempre estábamos solos.
Al principio probamos suerte en la frontera sur, casi en el linde con nuestra tierra, pero fue peor, escaramuzas entre ambos ejércitos y pequeñas incursiones nos hacían objetivo en ambos bandos, así que decidimos ir más al norte, a la gran urbe blanca, donde se decía en Harad, que la misma ciudad blanca salía de la montaña mostrando sus torres de plata pura y sus calles de oro.
Si bien es cierto que cuando llegamos a Minas Tirith, nos impresiono su belleza y su grandiosidad, también es cierto que eran dos ciudades en una. Dentro la magnífica ciudad de reyes, descendientes del linaje de Elendil, fuera, la ciudad de madera, perteneciente al linaje de nadie y gobernada por la avaricia de muchos. Nunca pudimos entrar en la ciudad blanca, siempre nos negaron el paso, aunque tengo que decir que los guardias mostraron más respeto que muchos compatriotas suyos y bastante menos afortunados, siempre encontraban alguna escusa. También debo decir que no solo encontramos escollos cuando pisamos tierras gondorianas, muchas gentes mostraron afecto, comprensión y respeto, y a todas ellas les debemos agradecimiento, nuestra vida en algunos casos y en otras el simple calor de un hoguera.
Fue en la ciudad de madera, donde por causas que aun desconozco, mi madre me dijo un día:
“ Irkjal, he soñado con Él, El que camina en sueños, desde pequeño he sabido que tu destino no está en las arenas de Harad, sino en las tierras de Gondor, pero debes forjártelo tu, yo he sido tu guía, te he enseñado lo que se, el Camino de la Mano, eres fuerte y honorable, y sé que también eres justo. Nuestro futuro esta con este hombre, pero él no lo sabe, aun no escucha sus sueños, cuando lo haga, nos buscara y encontrara. Debemos ser pacientes. El que camina en sueños está marcado por la luna de Harad”.

Siempre he sabido que éramos una familia peculiar, mi padre Al-Razor, bueno, ya os he hablado de él. Pero mi madre, en el clan, antes de irnos con mi padre, era una mujer respetada, por su sabiduría y su capacidad para ver ciertas cosas que otros no pueden, y por ser portadora de un conocimiento que pocos conoce, el Camino de la Mano, un estilo de lucha, desconocido en estas tierras, pero que durante generaciones se ha practicado en las mía con un objetivo principal, el control del cuerpo y la potenciación del mismo, haciéndolo uno solo con lo que lo rodea, uniendo cuerpo y alma, en una palabra que denominamos Chi. Mi madre me enseño a no usar estos conocimientos para hacer daño a nadie, y solo en casos extremos donde la vida de alguien pueda correr peligro. El primer principio es simple: toda vida merece respeto, yo formo parte de ella. Pero lo que mi padre no me mostros, hasta después de muchos años de duro entrenamiento y estudio, es que hizo de mi cuerpo un arma perfecta. Cuando descubrí esto, mi madre solo me dijo una frase que me marco. “El hombre es un ser extraordinario, capaz de albergar compasión y una gran violencia. Que camino elegirás?”
Desde pequeño he sabido que soy capaz de grandes logros, he sentido como el desierto me hablaba, que la brisa trayendo el olor a especias envolvían mi cabello, que el sol calentaba mi piel, era consciente de todo lo que me rodeaba y de mi potencial. Ahora se que camino elegir, el Camino de la Mano, demasiado sufrimiento he visto, y si puedo cambiarlo, lo hare.
En otro momento os contare como conocí a Sunthas, El que camina en sueños, pues fue un encuentro que nunca olvidare. Ya sabéis como conocí a mi compañero y prácticamente mi único amigo, Zarik, el aunque sabe de su don, desconoce tu potencial, aprendí de mi madre la capacidad para notar ciertas habilidades ocultas a los demás, el no es hábil en muchos campos, pero posee una enorme capacidad de análisis y, aunque no lo sabe, es un magnifico estratega.