Nos mudamos ;)

Hola a todos, gracias por seguirnos en esta etapa. Nos mudamos a una nueva web, alli esperamos seguir entreteniendo y esperamos que te unas a nosotros con tus inquietudes sobre nuestras peripecias.

Los Usûlunis.

http://usulun.es/

Historia recopilada en Tabernas de DOL Amroth y Usulun

Obtenida y complementada en varias Tabernas de Dol Amroth y Usulun.

Recopilada y transcrita por Tirrin en su “Usulunis en el Folclore Popular”.
Dicho manuscrito se haya en La Biblioteca de Usulún, edificio propiedad de la Villa de Usulun.

Asedio a la Colina de la serpiente.

Os contaré la Historia del Yunque de Usulun,
un arma extremadamente pesada forjada
para un brazo con una fuerza sobrehumana,
creado por y para maese Din, protector de Usulun.
Y fue en una gran batalla donde confirmó su valía,
donde realizó su bautizo de sangre negra.

En el interior de la colina de Creb Durga,
la también llamada Colina de la serpiente.
Bastión del milenario Señor de la Guerra Ardagor,
Hogar de hordas de Orcos, trolls y otras oscuras criaturas.
Durante años estuvo oculto dominando con sigilo
el territorio del antiguo reino de Cardolan,
ocultándose de las miradas de los vigilantes,
los montaraces del Norte.

Pero Ardagor contaba con alimañas como espías
y había acabado con muchos montaraces para
ocultar su localización y sus intenciones.
Con esa información decidieron el ataque.
El crudo invierno actuaría como su blanco aliado.
Berethar, lugarteniente de Aragorn, decidió
actuar e intentar acabar con esa guarida
de oscuridad dentro del territorio protegido
por los montaraces del norte, así que, localizaron y
Llamaron a muchos de sus hermanos y a sus aliados.
Y entre ellos estaban los Usulunis.

Una vez reunidos los montaraces y algunos aliados,
observaron los movimientos del enemigo,
se localizaron torres de vigilancia,
una mina de oro fuertemente defendida,
un pueblo que dominaba un cruce de caminos
y muchas entradas a la Colina de la Serpiente.
Se descubrió una colina coronada por un bosque,
un gran Bosque Antiguo, Oscuro y Vengativo.

Una noche sin luna ni estrellas fue la elegida,
Se dividieron en grupos de diez guerreros,
A cada grupo se asignó su punto de entrada.
El factor sorpresa era su perfecto aliado.
Una entrada junto a una torre fue designada a los Usulunis.

Al entrar encontraron el aire viciado,
grandes setas expulsaban un acre polvo rojo
que hacía dificultosa y ardiente la respiración.
Hallaron un pasillo por antorchas y una gran puerta.
Una gran puerta coronada por orificios,
orificios que expulsaban gran cantidad acre polvo.
Con cada oleada de polvo las antorchas crepitaban
E intesificaban su luz y las sombras bailaban.

Pero al acercarse se oyen palabras de poder.
El pasillo se tornó un infierno de llamas y calor.
Los Usulunis logran salvar sus vidas de milagro,
Corren hacia la puerta y maese Din rompe los goznes,
la puerta cae y deja al descubierto un ser pequeño,
un ser no muerto de tamaño de un enano adulto.
Fangril reza a Varda y con una mirada de sorpresa
El ser desaparece como arrastrado por el viento.

Tras él un pasillo y un rastrillo bloquean el camino.
Y en el pasillo arpilleras laterales y dos puertas.
Un gran estruendo llega desde el pasillo a sus espaldas.
Gritos en lengua oscura que exigen sangre y muerte.
Los Usulunis deciden entrar en las arpilleras,
se ocultan y los orcos llegan sedientos de sangre.

Pero en ese instante escuchan en sus mentes una voz,
una voz que les exige rendirse y entregar sus armas.
Exigencia que ignoran y se aprestan al combate,
para vender caras sus vidas, ante los orcos
Deciden arrojar una piedra de fuego al pasillo.
Esto provoca una llamarada que hiere y deslumbra.
Deslumbra durante minutos a sus atacantes.

Esto les permite salir a subir el rastrillo.
Dolin y Din se dirigen all rastrillo mientras
el resto les cubre con sus armas a distancia.
Cuando suben el rastrillo para poder escapar,
un zumbido resuena en la caverna y un virote vuela,
vuela e impacta en Din justo cuando pasaba al otro lado.

Fangril, el devoto, se encarga de atender a Din mientras
Maese Dolin, Forrak, sangresucia. y Gulthar ,el ágil,
abren hueco ante los orcos para poder combatir.
Sunthas y Adrahil mantienen a los del otro lado.
Tras los cuidados de Fangril, Din bloquea el acceso
Y ayuda a luchar a sus compañeros en vanguardia.
El pasillo se vuelve oscuro y resbaladizo,
avanzan lentamente con sufrimiento y sangre,
ante el cansancio, Adrahil decide añadir fuego,
lanza una piedra de fuego al fondo del pasillo
y la caverna explota en llamas arrojando al suelo
tanto a Orcos como a los Usulunis, pero
Los Usulunis se alzan con rapidez y avanzan prestos,
acabando con los enemigos caídos ante ellos.

Los Usulunis siguen el pasillo hacia el interior
de la Colina y hacia una posible salida,
localizan el final del túnel y encuentran que se abre
en una especie de caverna, y desde su posición
ven a dos figuras que parecen esperarles,
Una de ellas muy conocidas por todos, Fercha
El lobo espíritu que acosa a Gulthar el ágil,
la otra figura es alta y con los brazos muy largos,
Adrahil y Fangril la reconocen como Rabambor,
Comandante de los ejércitos oscuros de Angmar,
Y portador de Slarner el Hacha Roja asesina
de muchos nobles y guerreros de Cardolan y Rhudaur.

Pero no estaban solos, Adrahil detecta más trolls
apostados cerca de la entrada de la caverna.
A una señal de Rabambor los Trolls atacan, son diez.
Se oyen las voces de Fangril y Adrahil, y siete Trolls
disminuyen su velocidad y estorban al resto.
Sunthas Escudo quebrado saca su negro arco
y derriba a dos, con sendos disparos mortales;
Adrahil, el certero, derriba a otros dos objetivos.
Mientras Maese Dolin, Din, la muralla de Usulun,
Y Gulthar, el ágil, se colocan en vanguardia.
La batalla se hace intensa y los golpes llueven.
A su Espalda Adrahil escucha gritos y al girarse
puede ver a dos grandes figuras que se acercan.
Las reconoce como Darg y Ashtor lugartenientes de
Rabambor en las batallas de Cardolan y Rhudaur.
Y entonces, Rabambor entra en batalla, encara a Din,
alza a Slarner y se dispone a teñir su hoja.
Pero al descargar su golpe en busca de roja sangre…

El yunque de Usulun, un pesado martillo de guerra,
obra maestra forjada en Mithril por Maese Din,
se interpone en su camino se escucha un gran estruendo,
un viento sacude el pasillo y una intensa luz rodea
a los combatientes sin diferenciar bandos.
Cuando la luz se atenúa los Usulunis pueden ver…
A Rabambor sosteniendo el astil de Slarner
con mirada sorprendida y tras varios segundos…
corre en dirección a la caverna mientras los Trolls huyen.

Huyen en desbandada aunque son derribados por
los Usulunis, al igual que Darg y Ashtor, aunque
Rabambor huye y los Usulunis lo persiguen.
Y al llegar a la caverna se encuentran con otros,
otros grupos de combatientes y entre ellos reconocen…
A Golfindel, el de dorados cabellos, combatiendo
junto a Ascarnil, el sigiloso, otros montaraces
y otros de las bellas gentes luchando hombro con hombro.

Y este fue el fin de la Colina de la Serpiente,
Aunque no se halló a Ardagor, que escapó en la confusión,
su poder quedó mermado y sus huestes masacradas.
No se volvió a saber de él ni de sus conspiraciones.
Este lugar fue el final del Slarner el Hacha Roja
Y con su final… Muchas almas encontraron su venganza.

Illuin o la Fría Luz del Norte.

De los diarios de Fëaglin Gilmaeg.
Frío: En realidad, la palabra frío, no se ajusta a lo que estamos experimentando. Todo se detiene, la vida deja de tener sentido y lo único que deseas es que tu propia sangre no siga el impulso que le pide a gritos parar en el momento entre latidos de corazón, que tu aliento no se convierta en un bloque de escarcha y te arrebate la vida.
Esperanza: He de dar gracias a Elbereth por darme la fuerza para dar un paso más, para elevar las manos de un saliente a otro, con los dedos congelados dentro de unos guantes congelados y duros como el hielo al que se aferran en esta montaña… Pero debo darle las gracias por tantas y tantas cosas, además de su Luz que me guía… Sobre todo, por mis inestimables compañeros de aventuras sin cuya ayuda no habría llegado tan lejos en esta senda en la que está en juego el Bien y el Mal en Ëa…
Fuerza: Como la de Sunthas Espino Negro, Gulthar el magnífico, Adrahil el Sagaz, Forak el forajido, Din y Dolin los nobles y poderosos amigos del sabio pueblo enano. Tanto ellos como nuestro gentil y avezado guía de los primeros nacidos, como yo mismo, vuestro humilde servidor, parece que estamos a punto de desfallecer en nuestra ruta hacia la cima, donde parece residir el frío de la mismísima muerte.
Espanto: Al llegar a la cima, con nuestro espíritu casi agotado, la visión de lo sobrenatural nos paraliza cuando ante nuestros ojos casi congelados se muestra la belleza paralela y cuadriculada del orden perfecto, de algo sólo concebible por y para las mentes de los dioses, de los Vala. Una construcción ciclópea de geométricas formas de la cual parece emanar el frío más puro que hay en el espacio entre las estrellas. Alrededor suyo, salvo por algunos rastros ennegrecidos del paso de Scorba, cuya estela de destrucción le acompaña allí por donde pasa, todo es la paz del olvido, hasta el mismo tiempo parece congelarse invitando a los mortales a abandonarse ante la luz hipnótica que del frío emana…

Luz: Cuentan las leyendas que mucho antes que los navíos del sol y la luna cruzaran el cielo, mucho antes de la aparición de los primeros nacidos, cuando la creación era aún joven y si ponías atención todavía se escuchaban los ecos de las dulces notas de la Canción de Eru Illuvatar, los grandes poderes decidieron alumbrar el mundo con dos grandes lámparas en los extremos norte y sur de Arda… De las descripciones que una vez leí en viejos libros polvorientos creo recordar que Illuin se llamaba la lámpara que cayó en el norte, por las malas artes de Morgoth, el enemigo original. Es imposible que lo que estamos contemplando, anonadados, sea algo que no formara parte de esa luz del norte, tan terrorífica como hermosa, como astro derrumbado en mitad de la nada.
Oscuridad: Tomamos el camino de descenso entristecidos por no haber encontrado al gusano abatido, extenuados y enfermos por el frío y la sensación de haber dejado un poco de nuestra esencia, de nuestra propia alma congelada en presencia de la abrumadora prueba de poder de los Valar, capaces de crear un artefacto como el que hemos contemplado, que a punto ha estado de llevarse nuestras vidas por su mera presencia. Así es la Voluntad de Varda. Y si a ella le place encontraremos la cura, pues ella es la luz fría y la llama caliente y en su benevolencia reside nuestra fuerza.

Rivendel, un nuevo comienzo.

Desde que salimos de Usulun, nuestro hogar, hemos sufrido las penurias del camino, el dolor del combate y la aflicion del que sufre. Pocos momentos de paz y tranquilidad hemos tenido, estos se resumen a unas pocas horas al dia delante de la hoguera, donde ni su calidez podia arrancarnos el frio de la noche. Algunas veces Din nos deleitaba con su voz, contandonos historias de su pueblo, de antiguos heroes, de victorias sobre enemigos terribles…otras Forak nos contaba historias de los suburbios de Dol Amroth, y nos arrancaba unas sonrisas debiles. Aun escasos momentos, nos sabian como el agua fresca o el pan recien hecho, pues nos recordaba el porque estabamos donde estabamos y que habiamos dejado atras. Hicimos un juramento y le daremos cumplimiento.
Gracias al destino o a fuerzas que desconocemos, encontramos aliados donde solo habia enemigos e hicimos amistades .
Despues de Creb Durga, donde una vez mas la resolucion de unos pocos pudieron con la ambicion de muchos, nos encaminamos a un destino donde pocos hombres han estado y donde aun menos son invitados. Un lugar alejado de las miradas de los espias del señor oscuro, donde nuestros enemigos temen seguirnos y donde gracias a los montaraces y en especial a Adrahil, encontramos el descanso y la paz que tanto añorabamos.
Nuestros aliados nos guiaron por senderos que solo se les mostraban a ellos, encontraban signos donde solo ellos podian ver y hablaban con guardianes que solo a ellos les permitian el paso.
Asi fue como una vez mas los usulunis, acompañados por Glorfindel de la casa de la flor dorada, pisaron la bendecida casa del señor Elrond, Boveda de Estrellas. No encontraria palabras para decribir lo que sentimos al pisar aquella tierra, ni que vieron nuestros cansados ojos al ver la casa de Elrond…. o como nos sentimos cuando nuestra alma vago sin miedo, por primera vez en mucho tiempo, por los verdes caminos de Rivendel.
Fuimos acogidos como amigos, pues nuestras acciones una vez mas viajaban raudas con el viento, y fue Mithrandir quien hablo con palabras amables y bondadosas de las intenciones de los hombres de Usulun.
Aquel que fue elegido para ser el portador de Vilya acogio a los usulunis con afecto y amistad, les ofrecio su casa, restauro sus heridas y les dio descanso y paz.
Una vez recuperados de penas y heridas, tuvieron una pequeña reunion pero de grandes participantes, pues no solo se encontraban Erestor, consejero de Elrond o Ascarnil, el mas habilidoso de entre ellos como explorador, sino tambien el mismisimo Elrond, Glorfindel y Tharkún. Todos ellos hablaron sobre nuestra mision, y creo que por fin Dolin de la casa Thulin puedo ver luz al final de tan largo camino. Se tomaron decisiones, se discutio sobre otras y se concretaron obejtivos, pues todos estaban de acuerdo que aunque formidables guerreros los usulunis, no eran rival para aquel que se hacia llamar señor de Zarak Dum.
Asi que Elrond nos ofrecio ayuda y fuimos bendecidos con su generosidad una vez mas, dandonos esperanza donde solo veiamos fracaso. Asi pues durante tres largos años los usulunis entrenaron, estudiaron y practicaron en Rivendel.
Glorfindel, de la casa de la flor dorada fue su maestro de armas, pocos hombres han tenido ese honor y los que lo tuvieron, son nombrados aun ahora por sus hazañas y su valentia.
Ascarnil, aquel que ve el rastro incluso sobre el agua, instruyo al que fue llamado Sangresucia, un honor que ninguno de su raza ha obtenido antes.
Aroen, la que fue discipula del mismisimo Tulkas, les enseño los secretos del cuerpo, llevando a limites insospechados la fortaleza de los usulunis.
El mismisimo Elrond fue maestro de algunos, pues pocas criaturas hay en la tierra que compartan tal don. Su paciencia y cariño tuvo recompensa, pues hoy los usulunis no son los mismos que salieron de Usulun. Aunque con el mismo objetivo, la amistad y las enseñanzas de los primeros nacidos han hecho de ellos hombres nuevos, con una mayor determinacion y una fe aun mas ferrea.
Despues de esos largos e intensos años, los usulunis se enfrentan a su juramento con fuerzas renovadas y desean ver con un fervor como pocos han visto , a Dolin señor de Zarak Dun volver y reclamar lo que por derecho pertenece a su raza.
Aun quedan sorpresas antes de partir de Rivendel, pues mucho han ofrecido los primeros nacidos y solo recibieron al principio peticiones, quejas y lamentos. Pobre es la naturaleza del hombre, que se ve a si mismo como un triste y vago reflejo de lo que fueron sus primeros padres. Triste es su destino y doloroso su don, de vida fragil y efimera, deben aprovechar sus dias si desean dejar huella en la tierra que pisan, si desean ser recordados delante de los fuegos de sus descendientes o cantados en las cortes de los reyes. No solo el tiempo y el destino de aquellos que salieron de Usulun decidira tal cosa, pues se podra decir que fueron ingenuos, que tomaron caminos erroneos y que pocas veces acertaron, pero ninguno dira cuando pronuncie sus nombres que no fueron valientes. Si avanzan, avanzan todos, si caen…. mueren todos.
La naturaleza del hombre es caprichosa , como la de un niño, que solo pide y pide mas cuando se le da. Es de hombre de honor el agradecer a su maestro las enseñanzas, el respetarlo y honrarlo, pues al ser discipulo suyo, sus acciones son tambien las de su maestro y sus virtudes sus aciertos.
Y yo, Sunthas que entre en Rivendel como Escudo Quebrado salgo ahora como Sunthas Aratar de Varda, agradecere hasta el fin de mis dias cada palabra que escuche en Rivendel.

13. Creb Durga

Héroes son aquellos que, en cada momento, hacen lo que debe hacerse. Serán las crónicas futuras las que juzguen si los Usuluni deberían ser llamados así pero si es cierto que enfrentaron cada dificultad del camino con valor y arrojo.

Tras el triunfo aciago en Badraught reaparecieron las viejas alianzas y promesas, los montaraces del Norte, los restos del antiguo reino de Arnor, ocultos a vistas de todos habían decidido acabar con la amenaza del tirano del sur de Eriador, Ardagor el antiguo Señor de la Guerra que, refugiado en las colinas de Creb Durga, extendía sus tentáculos por el sur del antiguo reino de Cardolan hasta, incluso, el lejano pueblo de Bor Leath. Al fin las injerencias del antiguo servidor del Rey Brujo de Angmar llegarían a su fin o perecerían en el intento.

Beretar, capitán de los Montaraces en ausencia de Aragorn, convocó a la mayoría de los hombres y mujeres de los que podía disponer sin poner en peligro su principal misión y partieron al sur, raudos e invisibles a enfrentarse a un destino incierto. Llamó también a sus aliados, hombres y elfos, del antiguo Norte a unirse en aquel enfrentamiento pero, bien era sabido, que muchos de los Primeros Nacidos, hastiados por el dolor y la pena de muchas pérdidas han perdido las ganas de vivir y luchar y sólo permanecen en los puertos élficos hasta que pierden la voluntad de vivir y marchan al Oeste.

Así, sin ser numerosos pero fuertes en voluntad, marcharon al sur, auspiciados por las estrellas y la luna, y recorrieron el antiguo sendero del Sur reuniéndose aquí y allá con viejos amigos, determinados a poner fin al man de Longeband. Y así, aparecieron los usuluni en escena pues Adrahil Belzagar pertenece a los guardianes del Norte y su palabra es escuchada entre ellos como igual en fuerza y en sabiduría.

El antiguo tirano del reino de Cardolan había reconstruído los antiguos fuertes y pueblos, abierto minas y dominado con puño de hierro de orco la región cercana y extendido su influencia mucho más lejos. Pero los montaraces habían elegido el duro invierno de Eregion para atacar para impedir al Señor de la Guerra recibir refuerzos de las tierras más lejanas de su dominio. Así en mitad de una dura tempestar comenzó la campaña de Creb Durga donde los hombres y mujeres del Norte junto con sus aliados de entre los Primeros Nacidos y los hombres de Gondor pusieron todo su arrojo en expulsar para siempre el mal de estas tierras. Tras unos primeros combates acertaron a ver que era demasiado escaso su número y el enemigo estaba demasiado pertrechado, así que confiando en el factor sorpresa se deslizaron en la fría noche superando los puestos de guardia y avanzadillas para internarse en las mismas colinas de Creb Durga.

Pero Ardagor conocía mejor el terreno que sus oponentes y enfrentó al más feroz de sus lugartenientes, Ravambor del Bosque Viejo, al grupo más duro que se internaba en las entrañas de su reino. Los usuluni avanzaron a sangre y acero por las entrañas de la roca luchando contra los orcos, trampas y hechicería que había dispuesto, pero al final en un terrible combate donde el troll negro portaba a Slarne, el hacha roja de la sangre de los Señores de Cardolan, se dispusieron a vender cara su piel ante un enemigo imponente. El viejo troll blandió el arma que tantos sueños había roto, tan afilada que cortaba el mismo humo y se dirigió a Dîn, el Yunque de Usulun. Pero Dîn era un hueso duro de roer, tanto como la misma roca que lo había visto nacer y con la fortuna nacida de la desesperación ante la cercanía de la muerte golpeó con la fuerza de un gigante el Hacha Roja.

Aquel fue su fin pues el Yunque de Usulun demostró ser más fuerte que el Hacha Roja, ésta rota cayó al suelo y Ravambor, aturdido e incrédulo huyó como si no hubiera un mañana.

Así se puso fin a la tiranía de Creb Durga, sus tenientes huídos o muertos, el tirano desaparecido pero perseguido y cazado en las Tierras Salvajes y, por fin, la Colina de la Serpiente cerrada hasta el final de los tiempos.

Capitan de la Casa de Elrond y el Escudo Quebrado

Glorfindel,  Capitán de la casa de Elrond, sabio entre los suyos. Glorfindel el allegado a Varda…hermoso entre los elfos, el de los cabellos dorados. Afortunada raza la vuestra, que visteis la tierra lejana y habéis andado, horadado y modelado esta tierra a voluntad. Por ello también enemigos del Señor Oscuro desde el comienzo de las eras.  La sabiduría adquirida durante milenios, la habilidad en la forja…. Os ha hecho merecedores de leyendas y a la vez de un triste sino… habéis perdido casi toda consciencia del mundo exterior, como arboles de raíces profundas ante una tormenta, inmutables… sois una raza poderosa pero es en vuestra inmortalidad donde sois débiles… solo unos pocos, cercanos a la raza de los hombres  nos prestan ayuda directa en esta era, muchos han partido ya. Lamento estas palabras tan duras, pero en este lugar de paz mi corazón debe hablar. Mi señor Glorfindel, el de los cabellos dorados, necesitamos vuestra ayuda.

Los hombres somos una raza débil, donde la semilla del mal encuentra con demasiada facilidad tierra fértil, nuestra vida es efímera así que muchos buscan acabar sus días con comodidad y poder. Pero hay otros mi señor, de espíritu valeroso y brazo fuerte. Os sorprendería a que temprana edad luchan día a día por esta tierra. En Usulun los veo a diario, elaborando el pan a diario, sacando el ganado a los pastos, encendiendo sus pequeños hogares.  No sé si entendéis mis palabras, pero es por todos ellos por lo que estamos aquí, tan alejado de nuestros hogares, dejando la defensa de sus casas en sus manos, aquellas que nunca portaron acero.

Nuestra sabiduría en vuestras artes es ínfima, nuestra habilidad apenas hace sombra a vuestras maravillas. Pero ponemos nuestro corazón a diario en lo que hacemos, nos entregamos…. Vuestros herrero son legendarios, así lo demuestran vuestra armas y vuestra habilidad para forjarlas. Permitidme que os hable de un amigo, es herrero en Dol Amroth, un gran artesano entre los hombres, muy alejado de la habilidad de los vuestros, pero él me hizo mi primera espada, la cual no pude pagársela hasta mucho después, con ella el enemigo empezó a conocer a los usulunis, fue el también el que forjo el Yunque de Usulun, el martillo del maestro Din, que combatiendo contra Ravambor y  partió en pedazos la maldita hacha roja, acero contra acero. No es la espada, hacha o lanza lo que hace un enemigo temible, sino el brazo de la blande… y os digo mi señor que nuestro brazo es fuerte, recio e inquebrantable.

Muy posiblemente moriremos en nuestra próxima contienda, pero os digo que haremos cumplir nuestro juramento y que el enemigo oirá por última vez nuestros nombres y nos maldecirá, porque fuimos el azote de la oscuridad el tiempo que se nos dio en esta era. Dicen que la era de los primeros nacidos acaba….y pocas esperanzas en la de los hombres depositan… yo os digo que confiéis en nosotros, que nos enseñéis y os prometo que el enemigo nos maldecirá aun mas y seremos un orgullo para vosotros, amigos de los hombres.

Mi señor Glorfindel, enseñarnos…. Permitid a los usulunis en su última carga, una esperanza de victoria.

El Heraldo y la Espina

SUNTHAS ESPINO NEGRO, ESCUDO QUEBRADO:

“Mi señor Elrond, Hijo de Eärendil y Elwyng, heraldo de Ereinion Gil-Galad . Vuestro hermano Elros fue el primero de Numenor y señor de Las Tres Casas de los Hombres. Encarasteis varias veces al mismísimo señor oscuro, poderoso guerrero y gran sabio. Quizás de entre todos los primeros nacidos solo vos podáis entenderme, por vuestra condición de semielfo y de protector de los vuestros. No pocos lazos nos unen, el más fuerte y visible es nuestra señora, aquella que ilumina todos los cielos, la más bella de los Valar.

Desde hace un tiempo las dudas e incertidumbre me asolan antes del combate, no por miedo o temor, pues hace ya mucho que se de ellos y aprendí a temprana edad a convivir con ambos, pero…. (Miro mis manos, grandes y fuertes – puño martillo-), lo que yo creía q era no lo soy, me consideraba maestro de escudos, quizás x mi vanidad uno de los mejores, pero un enorme martillo me partió como briza de otoño….Aquello a lo q dedique mi vida, con esfuerzo, sudor y sangre no me sirvió para nada. Pero no me entendáis mal, podría estar con una simple túnica y plantar cara al enemigo, mi fe es el arma más poderosa q poseo y mi armadura las resistente. Mis días de gloria pasaron, mi único objetivo en esta vida es proteger a los míos, dadles aunque sea una mínima esperanza cuando solo hay oscuridad, un pequeño aliento cuando flaqueen las fuerzas, y una determinación férrea cuando existan dudas.

Muchas veces el enemigo ha sentido en sus carnes una ínfima porción del poder de la Dama de las Estrellas, y nunca me ha abandonado aun en mis momentos de flaqueza, a ella le debo todo lo q soy.

Se q me entendéis, no quiero ser la hoja q baila entre el enemigo o la flecha q nunca falla, quiero ser el escudo del amigo, el cobijo del q teme, la fe q calienta el corazón. Quiero ser el último adversario y dar esperanza, quiero ser el último baluarte. Y con mucho placer entregaría mi vida en ello.

Elrond de Rivendel, me enseñareis a serlo? O mi destino detrás de este lugar de paz, una vez q el enemigo me habrá la carne y parta mis huesos es ver como mis amigos y hermanos, como mi pueblo es masacrado???

Mi vida es efímera y poco tiempo tengo en esta tierra para proteger a mi pueblo….me ayudareis?….

Ayudareis a Sunthas Escudo Quebrado , ultimo templario de Varda , a ser Sunthas el Escudo del Alba? ”

 

ELROND, SEÑOR DE RIVENDEL Y PORTADOR DE VILYA :  ”

Veo que conocéis bien mi historia pero apenas conozco la vuestra más que a través de los cuentos que algunos montaraces cuentan de noche ante una hoguera. El buen Gandalf me contó como fuisteis capaces de entrar en la misma Colina de la Hechicería para lanzar al abismo insondable un arma del enemigo y de como plantasteis cara a sus huestes hasta en las mismas Montañas de la Ceniza. Veo que lleváis la Cruz de Mordor, un honor que muy pocos hombres han portado a lo largo de la historia del reino.

 

Conozco vuestro sufrimiento pues es el mio también, la necesidad de proteger a los vuestros más allá del deber, de saberos en su último valedor y defensor ante los males y las nubes impías que escupe la tierra de Mordor. Pero sabed que habitan en esta tierra males que ni aún los más sabios saben describir y que, en algún momento, la vida del hombre llega a su fin a manos de la espada y el hacha o por que llega la Muerte, ¡no corráis a encontraros con ella pues duele más que mil aguijones! Muchos son las dificultades que tendréis que enfrentar pues veo una sombra en vuestro camino que os acompañará hasta el día de vuestra muerte pero haced valer el espíritu del Hombre, capaz de las viles acciones y de las más encomiables hazañas.

 

Decidid el camino rápido o el sendero escarpado, el camino rápido lleva al fin de los días postrado por la enfermedad y envilecida el alma pero el sendero escarpado, sólo ollado por los más puros, es el que deja al final de la vida del Hombre preparado para lo que sea que Ilúvatar tiene destinado a sus hijos mortales. Es un sendero extenuante lleno de lágrimas y sangre de las que sólo los Hombres pueden derramar, se acercan días aciagos donde el Espíritu del Hombre vencerá o se verá arrastrado al fango de la Tierra Oscura. Los Días de los Primeros Nacidos se han extinguido ya y ya sólo nos queda menguar y desaparecer como hojas en el viento, como rumores y cuentos, aunque tal vez nos quede algún papel que cumplir en esta Tierra Oscura, no puedo verlo.

 

Os ayudaré hasta donde llegue mi poder, no más allá del Bruinen, y hasta donde llegue mi saber pero tal vez os enfrentéis a un peligro que exceda en mucha el poder de los hombres de hoy. Tomad de mi casa lo que necesitéis, descansad, aprended y leed, sois libre para ir y venir a vuestro antojo, tan sólo sabed que cada miembro que se hospeda en mi casa es libre de decidir de prestaros ayuda o no y que la mayoría de ellos se cansaron del mundo de la guerra y los hombres hace ya muchas vidas mortales.

 

Si alguien puede ayudaros a fortalecer vuestro brazo es Glorfindel, el jefe de mi casa, el mejor y el último de los grandes guerreros de antaño que vieron la luz de los Árboles. Tal vez él pueda daros esperanza de vencer ante un enemigo tan feroz…”